Historias fumadas | Fernando Muñoz Castillo

A Carlos Medina lo conocí por medio de los halagos hacia su trabajo, que me hizo Nancy Roche. No olvidaré que me dijo algo muy importante: “Es un excelente comediógrafo. Después de Wilberth Herrera, sigue este jovencito. NO hay nadie más”.

Y es cierto, muchos se esfuerzan por hacer reír, pero no tienen ese don de comediógrafo, que nuestro amigo posee de forma natural.

Yendo a visitar al dramaturgo Herrera que ensayaba su obra El arte de helarte, fue cuando lo conocí en persona, pues el personaje de la obra lo estaba creando él.

Desapareció un tiempo, porque se fue a la Ciudad de México a estrenar una obra de teatro. Después de su aventura defeña, Carlos regresó al terruño, extrañaba el mondongo a la andaluza.

Sus montajes siempre tienen algo de performance y de acciones artísticas no convencionales, así recuerdo una obra que presentó durante mucho tiempo en todos los teatros grandes y pequeño de la Ciudad de Mérida.

Cuando llega el público, él y Fernando de Regil, se encontraban comiendo potaje de lentejas con pan francés.

Estuve a punto de decirles que me invitaran, tal vez era lo que pretendía el dramaturgo, o tal solo quería mostrar la acción de comer un rico potaje de lentejas.

Actualmente regresa con Historias fumadas, una serie de obras de Pex Frito y de él.

Es un espectáculo muy hilarante esta suerte de nonsense, como ciertas canciones escritas por Lewis Carroll para ese nonsense mayor, considerado surrealista: Alicia en el país de las maravillas. No olvidemos la historia de las almejas.

El hilvane de estas Historias fumadas es muy bueno, y resulta mejor, porque cuenta con un grupo muy compacto de actores: Gilma Tuyub, Fernando de Regil, Miguel Flota, Jessica Ortiz, Juan Carlos Hernández, y Juan José Chacón González.

La obra tiene música en vivo. Y aquello resulta, por qué no decirlo, un espectáculo dadá a la yucateca.

Carlos es además un poeta burlesco, esa tradición tan yucateca y que podemos admirar en las revistas que imprimieron desde el siglo XIX, pasando por La Orquesta, La Caricatura y El Otro Huevo de Colón.

Así también, en algunos momentos, nos recuerda a los “esqueches” televisivos de Héctor Lechuga y Manuel “Loco Valdés”, cuando existía ingenio y buenos cómicos en nuestro país.

Carlos comprueba una vez más que se tiene que ser un excelente dramaturgo para contar historias que causen risa y hagan pensar sin proponérselo el espectador.

Subámonos, pues, al tiovivo que Carlos Medina ha creado para divertimento y solaz de un público que está perdiendo poco a poco la esencia del verdadero sentido del humor.


Texto publicado en el número II del periódico Arte y Cultura en Rebeldía del día martes 12 de marzo del 2019

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