La lección de Tlahuelilpan | Guillermo Fabela Quiñones

La inconsciencia colectiva que mostró el siniestro en el estado de Hidalgo desnuda al régimen neoliberal en su máxima expresión canallesca. La masa movida por instintos infrahumanos es lo que dejó al país un periodo histórico sin Estado de Derecho, consecuencia de la total falta de ética de una tecnocracia que creyó en la perpetuidad de su poderío. Es muy doloroso que haya tenido que ocurrir esta tragedia para que la ciudadanía comprenda el imperativo de que la sociedad en su conjunto debe cambiar para evitar situaciones aún más terribles.

El colmo de la deshumanización de la derecha hipócrita es que ahora quiera aprovechar la tragedia para atacar al presidente Andrés Manuel López Obrador, como lo demuestran declaraciones de algunos de sus dirigentes. Sin embargo, es de tal magnitud el colapso producido por la corrupción desbocada, que todo lo que digan y hagan se les revierte como lo están demostrando las redes sociales. El descrédito de la tecnocracia llegó a su clímax por el desprecio que demostró a las instituciones.

En tan sólo un mes y días del gobierno de López Obrador quedó en evidencia un régimen no sólo facilitador de pingües negocios ilícitos, sino de una economía ilegal que desencadenó problemas estructurales que rebasaron al Ejecutivo, como lo demostró la conformación de un estado delincuencial paralelo y más poderoso aún que el representado por los sucesivos mandatarios a partir de 1983. De ahí que los principales organismos internacionales y los acreedores de México aceptaran la obligatoriedad de un cambio de régimen, para frenar una descomposición que estaba afectando sus intereses.

El Estado fallido del que empezó a hablarse al ver el fracaso de la transición en el año 2000, se convirtió en un hecho que alarmó a los poderes fácticos, nacionales y extranjeros, por eso no rechazaron ni mucho menos se opusieron al cambio representado por López Obrador, quien dio muestras en los últimos tres años de ser un político serio y con un proyecto de nación enfocado básicamente al rescate del Estado de Derecho.

Sabían que podían confiar en el político tabasqueño para salvar a México de una catástrofe inminente, de continuar la irresponsabilidad y desvergüenza de una élite tecnocrática sumamente corrupta y alejada de las clases mayoritarias, que se esmeró en edificar un Estado canalla comparable a los feudos medievales, el cual necesariamente tenía que llevar al caos a México, no sólo por la agudización de la desigualdad social sino por el desbalance entre las élites y las clases medias.

La mayoría de éstas fueron a final de cuentas las que abandonaron al binomio PRI-PAN y llevaron al triunfo en las urnas a López Obrador. A las cúpulas neofascistas no les quedó de otra que aprovechar a los desclasados y a masas empobrecidas como fuerza de choque, así lo están dejando ver organizaciones como Antorcha Campesina. No es descabellado que detrás del trágico siniestro en Tlahuelilpan, Hidalgo, estén facciones neofascistas con capacidad y preparación para provocar enfrentamientos con tropas de las fuerzas armadas y desatar una escalada de violencia.

Es oportuno destacar el comportamiento sensato de los elementos de tropa que actuaron con serenidad ante las provocaciones de quienes quisieron aprovechar su presencia para orillarlos a reprimir a los pobladores que, por su desesperación, pobreza e ignorancia han sido usados por demagogos sin escrúpulos.

FUENTE: DIARIO POR ESTO!

ENLACE: https://bit.ly/2FQKCCC

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