Primer concierto de la OSY en su XXV aniversario, sin vaporosos tules y suaves gasas | Víctor Salas

De acuerdo con los conceptos de excelsitud, excelencia, extraordinario y otros semejantes, creí que al llegar al teatro Peón Contreras, al concierto dominical de esta nueva temporada, en la que la OSY cumple sus XV primaveras, iba a encontrar la sala teatral de ropón y lazo, con tules y tarlatana.

Imaginé, en ese contexto, que la presidente del Patronato Osy iba a ponerse y lucir vaporosa falda de doble crinolina y corselete, como la escamada piel de un brillante pez en la laguna de Chankanab. ¡Nada de eso! ¡Qué frustración!

Por el contrario, en recatada falda tipo sastre o Chanel, doña Margarita salió a proscenio y habló -como señalo líneas arriba-, de la “fantástica”, “fabulosa”, “extraordinaria” y “excelente” orquesta. Y aprovechó la ocasión para presentar a una “distinguida visitante”, a Érika Millet Corona, Secretaria de la Cultura y las Artes, a quien le pidió que ojalá asistiera muchas veces a escuchar la orquesta.

Desde ese momento la señora presidenta del Patronato se sintió insegura al hablar porque si no hubiera sido porque ella misma juntó sus palmas para aplaudir a la mencionada funcionaria, no lo hubieran hecho ni los pocos que lo hicieron convocados por la iniciativa de doña Margarita.

Y aprovechó también la ocasión para pedir mayores apoyos económicos —siempre insuficientes- del público y la sociedad para la orquesta. (O sea, te lo digo olla para que lo escuches Érika Millet). Esa petición casi angustiosa se lo hace cuando a la orquesta el Gobierno del Estado le otorga hoy por hoy 42 millones de pesos. O sea, sus recursos se han aumentado en 12 millones de pesos, recursos que a ninguna otra agrupación yucateca se le otorgaría ni en sueños.

Pero esas palabras me hicieron pensar si la OSY es un proyecto económico o un proyecto cultural, porque se habla mucho de lo primero y escasamente de lo segundo. Por ejemplo, de los conciertos al interior del estado, que sería una aportación cultural, ni de chiste se le menciona.

Como “nuestra orquesta” (así dicen sus directivos) anda de cumple primaveras, pues hubiera sido un tono perfecto iniciar con el vals straussiano, Voces de Primavera, que por su perfecto sentido danzable ha sido utilizado por distintos coreógrafos para hacer una pieza de lucimiento de famosas y jóvenes bailarines de ballet. Esa pieza mereció mayores aplausos que la obertura “El Murciélago”, con la que inició el programa.

Ravel es otra sonoridad expresiva. La orquesta hizo una interpretación muy loable de los Valses Nobles y Sentimentales. Incluir esa pieza en el programa es importante porque acerca al público a otras maneras de sacar lucimientos a los instrumentos, la composición y la orquestación. Y, además, porque hasta la Típica Yukalpetén pone de lado sus jaranas y los argumentos por los que fue creada y toca todo lo que a la fina y entusiasta inspiración de su director manda. Es decir, hasta esa agrupación cambia ejemplarmente, ¿Por qué la OSY, no debe hacerlo?

Cierto, el final de los Valses Nobles y Sentimentales no es para arrancar sonoros aplausos y eso desconcierta a cualquiera, pero, bueno, una cosa por otra. Frente a esa obra, Juan Carlos Lomónaco, una vez más, me pareció ligero, despreocupado, ágil corporalmente y con una fe en el entusiasmo que no siempre le brota y fluye.

En el orden del programa siguieran Offenbach (Orfeo en el Inframundo) y de Franz von Suppé, Caballería de Rusticana.

El Danubio Azul. ¿Quién no conoce esa pieza? ¿Qué quinceañera no ha pedido esa obra para bailarla el día de su fiesta? ¿Cuál mortal, al escucharla no mueve los pies y lo baila involuntariamente en la imaginación? Con esos antecedentes de fuerza y profundidad popular, lo menos que se puede esperar es la alteración sentimental de la audiencia. Los gritos de bravo y el público puesto de pie.



Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de los integrantes del Colectivo Letras en Rebeldía, editores de Diario Arte y Cultura en Rebeldía, y de Resistencia en el Sur


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