Pasos en el alambre | Jorge Lara Rivera

Mientras al Norte de Siria, en el fluctuante mapa de la guerra civil entre facciones de la oposición al régimen de Damasco, la provincia de Alepo vio caer este 6 de enero la ciudad de Atarib en poder de yihadistas de Al Nusra, y amenazada la ruta que comunica con la frontera turca porque la carretera internacional Alepo/Latakia fue bloqueada para evitar que el Frente de Liberación Nacional, rival de Al Nusra, también opuesto al gobierno de Bashar Al Assad, recibiera refuerzos, forzando su repliegue; asimismo, tras enviar un ultimátum a los miembros de Ahrar al Sham y Sukur al Sham acantonados en Arija, ubicada a la vera de ese camino, para que abandonaran la ciudad en un plazo de 48 horas, rodearon la ciudad de Maarat Numan en la provincia de Idlib, controlada por la oposición. Si aquéllos capturan Arija tendrán el control de ese camino estratégico.

Medios sirios especulan con base en la falta de cobertura de la prensa turca a los acontecimientos y por el silencio de Ankara que Turquía ha dado su anuencia a esta ofensiva, dejándoles operar en la zona, algo que se interpreta como un mensaje dirigido a presionar a Rusia con quien negocia el intercambio de la ciudad de Mambij por libertad total para aplastar en Siria a los kurdos integrantes de las Unidades de Protección Popular que considera “terroristas secesionistas”, otrora aliados de Washington en el combate a los milicianos del Califato o Edo. Arabe, tras tomar distancia del eje Rusia/Siria/Irán y quienes sintiéndose traicionados por Estados Unidos han pedido respaldo a Damasco ante la inminencia de un ataque aniquilador turco, y que en aras de la reconstrucción del país el gobierno sirio ve posible.

Pero también intenta mostrar a la Casa Blanca que Turquía es un factor de estabilidad que no debe obviar, exhibiendo al mandatario estadounidense quien afirmó sólo hace unos días la supuesta derrota del ‘Califato’ para justificar la retirada de sus tropas, y su propia capacidad para destruir por sí mismo a ese grupo extremista.
Y es que las contradicciones y matices dados por Mike Pompeo, Secretario de Defensa, y el Asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, a lo declarado vía twitter por el presidente Donald Trump está impacientando al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Bien es verdad que ante la erosión de su confiabilidad y liderazgo Estados Unidos busca tranquilizar a los aliados europeos (Francia y Reino Unido) integrantes de la coalición de países occidentales que en la coyuntura de la guerra siria combaten a los yihadistas del Edo. Islámico, pero también a Israel inquieto por la presencia iraní en Siria y el cambio en el equilibrio de fuerzas de la zona, forzado con el equipamiento del sistema misilístico antiaéreo S-300 dotado al ejército de Damasco, bastimentos militares de última tecnología que afectan el control de los cielos en represalia por las veleidades israelíes que ocasionaron el derribo de un avión ruso por los sirios; y a la Arabia Saudita, rival de Turquía y enemiga de Irán (con la cual libra un doble duelo en la península arábiga –en Siria misma y en el Yemen, donde Riad combate a los hutíes que Teherán apoya y donde la ONU a la vez que exige mayor voluntad de las partes para restablecer la paz, ardua tarea tomando en cuenta la fiereza de los combates, intenta paliar la hambruna que amenaza a 24 millones de personas–, su estrecho pero quisquilloso aliado con quien las relaciones de la Casa Blanca atraviesan por un mal momento tras las revelaciones de la ejecución en suelo turco del periodista saudita Jaamal Kashoggi refugiado en Estados Unidos, por la exigencia interna de imponerle sanciones y la intransigencia de la monarquía wahabí que en represalia influyó en la OPEP para no bajar los precios internacionales del crudo e incluso ha amenazado con cancelar milmillonarios contratos de compra de armas norteamericanas.

Rusia entendió desde el principio que tal retirada hacia Irak no significaba la renuncia norteamericana a jugar un papel en la zona, pero Turquía, su otrora socio, se siente agraviada por la reticencia estadounidense de que “garantice la seguridad de las milicias kurdas respaldadas por Washington” y exige incluso que requise las armas entregadas a las milicias kurdas, lo que dejaría inerme a esa atribulada etnia, totalmente a su merced.



Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de los integrantes del Colectivo Letras en Rebeldía, editores de Diario Arte y Cultura en Rebeldía, y de Resistencia en el Sur



NOTA: Texto publicado con autorización de su autor y originalmente publicado en Diario Por Esto!


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