Marguerite Duras y la incansable manera de narrar el amor | Armando Pacheco


“Ella desaparece detrás de la masa negra del malecón,
se pierde en la arena, en el viento ilimitado”

[Duras, Marguerite; El amor]


La mar, el malecón; el día, la noche; él, él y ella; una playa y una ciudad. La mar, ella, el viajero y el que camina de un lado a otro sin mirar. De esta manera Marguerite Duras (1914-1996) va construyendo El amor, novela breve escrita en su época de madurez literaria (1971) y cuya edificación nos sumerge a una historia compleja, acaso surrealista, pero conformada por un intenso lenguaje poético y una carga emotiva en cada situación que se narra a través de oraciones breves con una cuidadosa economía del léxico y extraordinario manejo del diálogo.

En las primeras líneas, se nos describe a los tres personajes principales que no tienen nombres, ni edad, ni rostros. Forman un triángulo que se rompe con las acciones que se van relatando. Luego, el grito: inicia un nuevo momento narrativo.

Conforme avanza la historia, el hombre que va y viene es denominado como el de los pasos de prisionero; el que mira, se detiene y grita, El viajero; y la mujer simplemente como la que está encinta. También surge S. Thala, una ciudad (tal vez imaginaria) que será recurrente en la narración.

Y las descripciones siguen; la poesía emerge en cada momento y los diálogos entre El viajero y La mujer en cinta interactúan, hasta que por fin la autora cita una fecha y un conflicto: “S. Thala, 14 de septiembre […] No vengas, ya no vale la pena”. ¿A quién dirige la carta el hombre-viajero? ¿Por qué ya no tiene caso que el o la destinatario vaya a donde él está?

Después de ese momento, la historia sigue su curso. En otra momento, El viajero dialoga con la mujer embarazada. La mar, la luz y la ciudad siguen siendo los escenarios preferidos de Marguerite Duras quien agrega a éstos un hotel.

El lector se topará, más adelante, conque El viajero pasa por una calle, ve una casa, entra en ella y se dirige a una terraza, en ésta dialogará con una mujer que prenderá un cigarrillo. ¿Acaso El viajero está en S. Thala?, ¿ha dejado la mar, la playa, el malecón o el hotel?

Durante los diálogos con la mujer que fuma aparece el tema del suicidio; las ganas de morir. “Yo soy la muerta de S. Thala […] la única entre nosotros”, dice la mujer de la ciudad. Él, El viajero, se va. Entonces surge un momento álgido: desde la playa o el malecón se ve humo negro proveniente de S. Thala. Aparece una mujer con sus dos hijos vestidos de luto.

El final se acerca. El viajero ha abandonado a su familia y la mujer embarazada está recostada en la arena. S. Thala se ha incendiado y la pareja es la encargada de cerrar el telón.

De esta forma, El amor, de Duras, es una de las obras más intensas que existe de la literatura de finales del siglo XX, cuya lectura es obligatoria para todos aquellos que, como se dice en el lenguaje contemporáneo, somos fans de esta gran escritora, guionista y cineasta.



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