Alemania y su derecho a asilo | Peter Hille

“Los perseguidos políticos tienen derecho a asilo”. Alemania tuvo que pasar por muchos horrores para que esa afirmación fuera incluida en su Constitución. En 2018, la misma es puesta en entredicho. Crónica de una nación. ||

El 26 de mayo de 1993, decenas de miles de manifestantes formaron cadenas humanas en el barrio gubernamental de Bonn, entonces sede del Ejecutivo federal de Alemania, y bloquearon la entrada del Bundestag para protestar contra la reforma constitucional ad portas. Mientras la multitud lanzaba piedras, botellas y fuegos artificiales contra el edificio, agentes policiales procuraban dispersarla a bastonazos. Cientos de parlamentarios tuvieron que llegar a sus curules por aire, transportados por helicópteros, o por el Rin, auxiliados por barcos fluviales.

Aquel día turbulento terminó con un derecho fundamental severamente restringido: tras casi trece horas de debate, la mayoría de los legisladores decidió que quienes no llegaran directamente a su territorio buscando refugio, no recibirían asilo. A todo aquel que entrara al territorio germano desde un “tercer país seguro”, incluyendo los vecinos de Alemania, se le negaría ese beneficio. “Esa fue una discusión muy emocional”, recuerda Dieter Wiefelspütz, entonces diputado del partido socialdemócrata SPD, en entrevista con DW.

Wiefelspütz cuenta por qué votó a favor de limitar el acceso al asilo: “Personalmente, yo estaba muy descontento con la situación del momento. Alguien llegaba a la frontera alemana y bastaba que gritara ‘¡asilo!’ para que se le acogiera. Y en aquella época estaba aumentando considerablemente el número de solicitantes de asilo; cien mil peticiones anuales era mucho en aquel momento. La enmienda de la Constitución le dio un carácter completamente nuevo al Derecho de asilo”, sostiene. Esa reforma no fue un suceso cualquiera.

Una moción trascendental

Por primera vez en la historia de la República Federal de Alemania, el Parlamento alteró la redacción de un derecho fundamental. En 1949, el Consejo Parlamentario le dio una Carta Magna al nuevo Estado alemán; con el derrocamiento de la dictadura nazi tan cercano, sus miembros no podían sino poner en primer plano los derechos de cada individuo. Éstos quedaron blindados en los primeros diecinueve artículos; entre ellos: la libertad de la persona, la igualdad ante la ley, la libertad de culto y, en el artículo 16, el derecho al asilo.

“Varios miembros de aquel Consejo Parlamentario conocieron el exilio en carne propia antes de 1945”, comenta Jochen Oltmer, investigador de la Universidad de Osnabürck especializado en migración. “Ellos fueron perseguidos por los nacionalsocialistas y recibieron protección en otros países. Es comprensible que ese factor biográfico haya influido sobre sus decisiones”, acota. Según Oltmer, el deseo de la naciente República Federal de ser reconocida internacionalmente bajo una luz positiva también quedó reflejado en su Constitución.

“A la hora de redactar el artículo 16, el Consejo Parlamentario se apegó explícitamente a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas”, rememora Oltmer. El artículo 14 del documento suscrito en 1948 reza: “En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas”.

Un “debate ficticio”

Pero Alemania no es el único país que reconoce el derecho individual al asilo ni el único que le permite a toda persona luchar por ese derecho durante años en los tribunales hasta llegar a la más alta instancia. En eso se equivocó Friedrich Merz, el candidato a la presidencia del partido Unión Demócrata Cristiana (CDU) que puso en tela de juicio el actual derecho al asilo. La agencia de la ONU que vela por los intereses de los refugiados señala que esa facultad está contemplada en las Cartas Magnas de catorce países.

El exdiputado Wiefelspütz esgrime, eso sí, que el derecho fundamental al asilo dejó de existir prácticamente tras la enmienda de 1993 y la vigencia supranacional de ciertas normativas comunitarias. “Hoy tenemos el derecho de asilo europeo con todos sus problemas complejos; en ese sentido, la Constitución alemana ya no tiene peso alguno”, alega. Oltmer coincide con Wiefelspütz cuando dice que sólo el dos por ciento de quienes viven como refugiados en Alemania recibieron asilo gracias al artículo 16 de la Carta Magna germana.

“El 98 por ciento lo ha obtenido por otras vías, sobre todo a través de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, firmada en Ginebra”, añade el experto de Osnabrück. Es por eso que tanto Wiefelspütz como Oltmer describen la discusión sobre la anulación del derecho a asilo contenido en la Constitución alemana como un “debate ficticio”. A sus ojos, lo relevante y trascendental sería concebir un derecho de asilo basado en un consenso internacional amplio o, por lo menos, conseguir que la Unión Europea reparta justamente la responsabilidad por los refugiados en su territorio. Esa demanda no es nueva, por cierto. Esa exigencia se hizo en la agitada sesión del 26 de mayo de 1993.

FUENTE: Deutsche Welle

ENLACE: https://bit.ly/2DKCQcn

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