Orhan Pamuk: la política como presencia en la literatura

Gobierno, inmigración y literatura son para Pamuk tres conceptos que resultan complejos de abordar. Desde la democracia y valores liberales, los inmigrantes plantean una paradoja en cualquier país; por un lado está el temor al desconocido, a sentir cierta invasión, y del otro la necesidad primordial y humana de respetar al otro. || GUADALAJARA, JALISCO (FIL Guadalajara) ||

Orhan Pamuk está de vuelta en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Y llega al encuentro librero con un nuevo libro bajo el brazo: La mujer del pelo rojo, novela sobre la que sostuvo un breve diálogo acompañado por Claudio López Lamadrid en el ámbito de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que este año tiene a Portugal como país Invitado de Honor.

El narrador nacido en Estambul comenzó el diálogo comparando la figura del padre con el Estado. Esta idea le permitió ahondar más en su obra; la imagen impositiva y la imagen a la vez tierna y amigable. Para Pamuk, este dilema constante en la figura paterna, no sólo en su cultura sino en todo el mundo, es una dualidad que le ha permitido hacerse muchas preguntas, las cuales aún no logra responder. “Me cuestioné nuestra relación con nuestros padres”, comentó, y luego compartió cómo pasa de un plano emocional y creativo a algo meramente político, sobre lo que agregó: “Lo que me llevó a escribir esta novela es la política, pero no soy político”. Para Pamuk, esta figura se extiende y representa a la vez el Estado, que acciona de diferentes maneras a lo largo del mundo, pero que no ha dejado de plantear una fuerza masculina. En Turquía, comentó, definitivamente padre y Estado son similares.

Gobierno, inmigración y literatura son para Pamuk tres conceptos que resultan complejos de abordar. Desde la democracia y valores liberales, los inmigrantes plantean una paradoja en cualquier país; por un lado está el temor al desconocido, a sentir cierta invasión, y del otro la necesidad primordial y humana de respetar al otro. Para él, cualquier inmigrante es un hermano, una hermana, y deben ser tratados con sensibilidad y tolerancia. Sin embargo, admitió, hasta la fecha las personas no han logrado reconciliarse con el tema y con la realidad que implica la migración. En este punto, agregó, la figura del padre, del Estado, y de temas sociales que atañen a todo el mundo, pueden ser vistos desde una lente que los hermana: ¿Cuándo nos permitimos mirar, y de qué manera observar nos ayuda a ver desde otras perspectivas lo que leemos?

En torno al tema de la literatura que se construye con elementos extraliterarios, el escritor ahondó en el contenido de la escritura desde la palabra y desde lo visual. Como alguien que alguna vez aspiró a ser pintor y comunicarse a partir de la imagen, el tiempo le demostró que existen ocasiones en que las palabras son la forma ideal para expresarse, pero que a partir de lo visual también es posible transmitir cierta emoción que es difícil describir desde el lenguaje escrito.

“A veces pensamos con imágenes, y a veces pensamos con palabras”, añadió. Desde este punto, la literatura nos permite conectar con otras personas; cuando creemos que la escritura es el único medio con el cual nos comunicamos en planos literarios, descubrimos que a su vez se despliegan otros ámbitos; que las palabras se convierten en sonido, que el sonido puede mutar en imagen y textura, y que esta, a su vez, es capaz de convertirse, de nuevo, en idea y palabra. El escritor, comentó Pamuk, se hace de distintas formas, y deja de ser sólo un escribiente, y canal de simples textos.

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