Cuando la extrema derecha alemana recurre a la Primera Guerra Mundial

Intentan modificar la opinión sobre el Imperio alemán (1871-1918), que la consciencia colectiva alemana considera desde hace décadas como la primera de las potencias destructivas del siglo XXI.

La extrema derecha alemana intenta mejorar la imagen del Imperio alemán y de su papel en la Primera Guerra Mundial, retomando un debate iniciado hace décadas, en vísperas del centenario del armisticio.

La revista Compact, cercana al partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) ha publicado un número especial dedicado al tratado de Versalles de 1919, que atribuyó la responsabilidad del conflicto al Reich y obligó a Alemania a pagar unas reparaciones colosales.

El título del número recuerda la retórica revanchista utilizada en los años 1920 por los nostálgicos del Imperio y los nazis: “La vergüenza de Versalles: cómo las potencias victoriosas avasallaron a Alemania”.

La idea de la revista es modificar la opinión sobre el Imperio alemán (1871-1918), que la consciencia colectiva alemana considera desde hace décadas como la primera de las potencias destructivas del siglo XXI.

Controversia Fischer

Esas opiniones distintas sobre el Reich no son nuevas y surgieron a raíz de un debate que agitó la esfera pública a partir de los años 1960 con el nombre de “controversia Fischer”.

En su libro “Los objetivos de guerra de la Alemania imperial 1914-18”, Fritz Fischer, profesor de la Universidad de Hamburgo, quiso demostrar que la Alemania de Guillermo II fue la primera en buscar el conflicto a partir de julio de 1914 para saciar sus ansias de poder a escala mundial.

Según el autor, los orígenes del ascenso al poder de los nazis se encuentran en esa ambición jamás satisfecha.

“Esa interpretación de Fischer, que aún es compartida sobre todo por la izquierda, se apoya en una crítica virulenta contra el Imperio alemán, el militarismo y el imperialismo, y considera que solamente una democracia fuerte puede compensar” el daño hecho antes de 1945, explica Jörn Leonhard, profesor en la Universidad de Friburgo de Brisgovia.

AfD cree que esa interpretación es la de los vencedores de la guerra y defiende que el Imperio es un modelo positivo.

El partido ultraderechista quiere “revalorizar el Imperio (…) porque [representa un Estado] a la vez moderno, por su fuerte desarrollo industrial, y muy conservador”, señala el historiador Klaus-Peter Sick.

“Los valores del Reich alemán corresponden” a los de AfD: “Disciplina y orden”, añade.

Los representantes de la extrema derecha salpican por tanto sus discursos de referencias al canciller imperial Otto von Bismarck (1815-1898) y a “la época de los castillos prusianos”, verdaderos “orgullos germánicos”.

El jefe de AfD, Alexander Gauland, calificó el régimen nazi de “caca de pájaro” en “1.000 años de una gloriosa historia alemana”.

El objetivo de la ultraderecha es “que los alemanes estén orgullosos de la historia y de la nación alemana y que no vean en todas partes el fantasma del nazismo”, explica Sick.

Y pueden aprovechar el hecho de que desaparecen las generaciones que vivieron los dos conflictos mundiales.

Viejas heridas

Los alemanes volvieron a interesarse por la Primera Guerra Mundial con la publicación en 2013 del superventas del historiador australiano Christopher Clark “Sonámbulos: cómo Europa fue a la guerra en 1914”.

El autor explica que Alemania y el Imperio Austrohúngaro tuvieron una gran responsabilidad en el inicio del conflicto, pero Rusia, Francia y Reino Unido también fueron culpables, ya que alimentaron la escalada militar.

El éxito de ese libro “muestra una necesidad arraigada de librarse de los reproches y de la culpabilidad”, consideró entonces el diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Para los poderes públicos, sin embargo, los horrores de la primera mitad del siglo XX siguen siendo un tema muy espinoso.

ncluso en este año de centenario, las conmemoraciones han sido mínimas. En Berlín, se celebró a mediados de octubre una conferencia llamada “Ganar la paz”, a la que no pudo asistir el público en general.

Tampoco ha habido grandes ceremonias, en un país que tiene pocos monumentos a los muertos de la Primera Guerra Mundial.

“Los políticos alemanes consideran muy importante no abrir viejas heridas”, dice Leonhard. “Y es también la visión de [la canciller] Angela Merkel (…) Eso forma parte de su personalidad, muy reservada”.

Merkel sólo tiene previsto participar en una ceremonia, junto con el presidente francés, Emmanuel Macron, el 10 de noviembre en Rethondes, el lugar donde se firmó el armisticio el 11 de noviembre de 1918.

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