La astrología ‘es falsa’, pero tiene estándares

En la actualidad, se le considera un campo para revistas de público femenino y memes de Instagram; en el mejor de los casos, una ficción inofensiva y, en el peor, una seudociencia perniciosa. No obstante, una cantidad creciente de estudiantes y especialistas lo toma con una enorme seriedad pese al reconocimiento de que no tiene rigor científico.

(Callie Beusman | The New York Times).- La mañana en que se celebró el examen de Certificación de Competencia Astrológica (CAP) de la Sociedad Internacional de Investigación Astrológica (ISAR), el cual se llevó a cabo en mayo en un hotel Marriot en Chicago, el clima cósmico era un buen augurio.

La Luna estaba en Sagitario, el más erudito de los signos, y el planeta de la comunicación, Mercurio, acababa de entrar al ingenioso Géminis. La noche anterior había habido una Luna llena dramática, pero el puñado de astrólogos que se inscribieron para presentar el examen no parecían sentir sus efectos. Después de todo, eran profesionales… o al menos, esperaban serlo: tras años de preparación intensa para este examen de aptitudes “metafísico” de seis horas de duración. Aunque es a libro abierto, el CAP del ISAR tiene la reputación de ser uno de los exámenes más extenuantes en el campo de la astrología.

En efecto. En 2018, hay múltiples exámenes rigurosos que evalúan la capacidad para leer las estrellas.

Sí, podría parecer extraño que se apliquen estándares extremadamente técnicos a esta práctica espiritual abstracta, pero hacerlo no es inédito. De alguna u otra forma, la astrología ha existido por lo menos desde la antigua Babilonia y durante mucho tiempo se le consideró una manera totalmente lógica de explicar el mundo. No fue sino hasta que el racionalismo se convirtió en la mayor moda en el siglo XIX que la astrología quedó relegada al terreno de lo místico y lo absurdo.

En la actualidad, se le considera un campo para revistas de público femenino y memes de Instagram; en el mejor de los casos, una ficción inofensiva y, en el peor, una seudociencia perniciosa. No obstante, una cantidad creciente de estudiantes y especialistas lo toma con una enorme seriedad pese al reconocimiento de que no tiene rigor científico.

El repunte en la popularidad de la astrología se ha atribuido a un aumento de la espiritualidad poco convencional, a un estilo juguetón de nihilismo posrecesión (la “astrología es falsa”, dice un meme, “pero…”) y, por supuesto, al internet. O también podría ser porque todos los nacidos entre noviembre de 1983 y noviembre de 1995 aparentemente son una generación de Plutón en Escorpio, por lo que se inclinan a las prácticas ocultas y el pensamiento mágico.

Otro factor es que ahora hay más mecanismos que nunca para volverse muy versado en astrología. Gracias a internet se pueden generar con gran rapidez cartas astrales, las cuales se pueden revisar mediante aplicaciones, correos electrónicos y otros recursos parecidos, y los astrólogos pueden conversar con miles de personas a través de las redes sociales. Son formas que superan el viejo método: generar una carta astral requería una serie de conversiones y cálculos bizantinos y al menos dos libros esotéricos de referencia.

En otras palabras, para hacerlo a mano, se necesita un experto.

Por ejemplo, para calcular la carta natal o astral de una persona, la cual se utiliza para evaluar la personalidad, los patrones psicológicos y el rumbo de la vida, lo primero que se debe hacer es identificar la alineación precisa de los planetas en el cielo en el momento del nacimiento de esa persona, lo cual está relacionado con la ubicación exacta donde ocurrió el parto.

Después se hace una referencia cruzada de esta información con las doce casas astrológicas —divisiones fijas y conceptuales de la esfera celeste, cada una de las cuales gobierna un área específica de la vida (por ejemplo, el subconsciente, el matrimonio y las relaciones)— y los doce signos del Zodiaco, los cuales están en constante movimiento a través de las casas y corresponden al cielo como se ve desde la Tierra, nuestro hogar físico.

En la lectura total de una carta astral se explican todas estas variables, así como los ángulos exactos que cada cuerpo celeste crea con otros en el cielo para producir resultados personalizados. Esta parte es tan “real” en términos objetivos como cualquier otro concepto relacionado con el tiempo en la Tierra: implica la aplicación de fórmulas matemáticas invariables a datos históricos finitos.

La siguiente parte —la interpretación de esos resultados— es donde los astrólogos se sumergen en el terreno de lo que ellos llaman inferencia o intuición (aquello que los no creyentes califican como vínculos aleatorios que fueron memorizados).

La interpretación es una de las muchas habilidades que pone a prueba el CAP del ISAR. Incluye un ensayo y alrededor de seiscientas preguntas de opción múltiple, de verdadero o falso y de respuesta corta, las cuales cubren cálculos de cartas, historia de la astrología, astronomía básica aplicada a la astrología y habilidades predictivas.

Entre las preguntas están: ¿Cuál es la mayor distancia entre el Sol y el ecuador celeste? ¿Cuál es el armónico de un aspecto quintil, y cuántos grados tiene? Y ¿con qué frecuencia Mercurio y Venus están en conjunción de un trígono? (¡Es una pregunta capciosa! Un trígono es un ángulo de 120 grados entre dos planetas, lo cual aparentemente nunca sucede entre Mercurio y Venus).

“Debido a que la gente suele considerar la astrología como mística y mágica, tal vez un poco inventada, pensé que tener un certificado demostraría compromiso y diligencia”, dijo Debbie Stapleton, estilista. Stapleton, una capricornio típica: muy trabajadora, había viajado a Chicago desde Canadá para hacer el examen.

Stapleton dijo sobre obtener la certificación: “Me dará la confianza profesional para seguir en este camino una vez que fui evaluada por los más experimentados de esta comunidad, mis pares, y al saber que hay estos estándares”.

El examen de mayo se realizó durante el Congreso de Astrología Unida (UAC), un gran evento astrológico para entablar contactos que se ha celebrado una vez cada cuatro o seis años desde 1986 —todavía no queda claro quiénes deciden exactamente cuándo será cuatrienal o sexenal, ni cómo lo deciden—. El congreso de este año tuvo la mayor concurrencia de la historia: atrajo a 1500 astrólogos, quienes pasaron la semana en páneles como “Cómo trabajar con la Luna”, “Eclipses: Portales del destino” y “La astrología de una nueva visión sobre el capitalismo”.

Los astrólogos asistieron para compartir sus investigaciones y conocer a los iconos del campo. Sí, es posible que también hayan ido para comprar cristales y caftanes psicodélicos, pero muchos aseguraron que estaban muy comprometidos con hacer que se reconozca a la astrología como una profesión legítima. La certificación astrológica es una parte crucial de este objetivo; a lo largo del fin de semana, un puñado de personas la comparó con aprobar el examen para ingresar a un colegio de abogados o para obtener la acreditación de terapeuta.

“Es bueno que tengamos este nivel de aprendizaje. Es muy  pero muy bueno”, opinó Shelley Ackerman, la vocera oficial de la UAC y libra (diplomática).

“No garantiza la perfección absoluta en el campo, pero es cierto que elimina y aborda muchos contratiempos que pueden presentarse si no tienes la formación”, añadió. “Podemos decir cosas que inspiren a las personas pero, si no somos cuidadosos, podemos decir cosas que las aterroricen, las dañen y las aíslen”. (El ISAR prohíbe exprofeso que los miembros hagan predicciones aterradoras o extremas, como profecías sobre muertes u otras calamidades, aun si pueden verlas con claridad en la carta de alguien).

El examen de certificación astrológica del ISAR no es el único; hay otras organizaciones metafísicas con programas propios de certificación. Sin embargo, el CAP del ISAR destaca en la comunidad astrológica por el énfasis marcado que pone en la forma apropiada de dar orientación a los clientes. Además de la prueba escrita, con una dificultad desconcertante (tiene 446 preguntas más que el examen “no metafísico” de ingreso a licenciatura en Estados Unidos), los estudiantes también deben tomar un curso de ética y capacitación de habilidades de orientación que dura dos días y medio, lo cual culmina en un segundo examen (por fortuna, uno mucho más breve).

“En resumidas cuentas, la astrología no es para gente impaciente o que teme a los retos”, expresó Ackerman. “Te deben encantar los rompecabezas, las matemáticas, los mitos y la complejidad de la vida. No puedes tener prisa y ser un buen astrólogo”.

“No es para tontos”, remató.

ENLACE: https://nyti.ms/2JbAmVg

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