Vila y compañía sí habrían llegado al Gobierno a través de la compra de votos

Empieza a sentirse ya un descontento de la gente que votó por Mauricio Vila Dosal y comienzan a sincerarse, eso sí, en anonimato, del motivo por el cual emitieron su sufragio a favor del actual gobernador.

La desfachatez es tal, dicen algunos, cuando ves que el exalcalde de Mérida se anda tomando fotos en eventos con personajes de escuelas privadas, anda inaugurando torneos de la Universidad Modelo y anda viajando a la ciudad de México para salir en pose con algún futuro funcionario del equipo de Andrés Manuel López Obrador; ah, eso sí, presumiendo en la prensa comprada, que ya hubo los primeros acercamientos con ellos.

(Y es que entre pasillos se anda diciendo que al empresario de 38 años de edad le habrían comentado, allá en la capital del país, que de hacer bien su trabajo podría ser en el “Anaya” para el 2024; o sea, el candidato del Partido Acción Nacional (PAN) para competir en las presidenciales. Aunque lejos de esas fechas, Vila Dosal, se la está creyendo y quiere, desde ya, ser “populista”, aunque nadie le crea lo de su supuesta “austeridad”.)

Pero retornando al titular de este texto de opinión -que no es nota ni nada por el estilo-, resulta ser que existen testimonios de personas que han manifestado que en el día de las elecciones, ese histórico 1 de julio, el equipo de panistas y socios de Mauricio Vila, convencieron a los indecisos con billetitos con la imagen de Frida Kahlo; los montos habrían sido entre 1, 500, 3000 e incluso 5000 pesos, dependiendo la zona y la situación de las familias corrompidas. Eso sí, como en este tipo de casos, difícil de comprobar el delito electoral por aquello de lo efímero del asunto.

El caso es que bastó que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) no hubiera puesto a Jorge Carlos Ramírez Marín como candidato a la gubernatura y a Celia Rivas Rodríguez a la alcaldía para que las traiciones se conjuntaran con el acierto -pero retardado- de MORENA de ofrecer su mano al burlado expanista Joaquín Díaz Mena, para que el restaurantero, hoy gobernador de Yucatán, ganara las elecciones. Así de simple.

Hoy, sus legisladores, en el ya no tan honorable Congreso del Estado, están desesperados porque se hagan las reformas al Código de la Administración Pública (CAPY) y así poder crear sus nuevas secretarías y meter a su gente, al mismo tiempo que desaparecen a otras instancias para desechar todo aquello que les huela al PRI.

En fin, así las cosas.

Esperemos, que por el bien de los yucatecos, las cosas no sean como el triste sexenio de Patricio Patrón Laviada y que no se ande presumiendo, a través de su flamante titular de turismo, a la cultura maya con disfraces de osos pandas achilangados.

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