Responsabilidad histórica del nuevo Congreso mexicano | Jorge Canto Alcocer

Voté por vez primera el 4 de julio de 1988, por supuesto por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, marcando en aquella ocasión las siglas del Partido Mexicano Socialista, el sucesor del Partido Comunista Mexicano y antecedente del Partido de la Revolución Democrática como partidos emblema de la izquierda mexicana. Recuerdo con gran emoción los vehementes discursos, primero en campaña y luego como Senador de la República, de Porfirio Muñoz Ledo, quien en aquellos tiempos hizo mancuerna con Cárdenas en la Corriente Democrática del PRI y luego ya en el PRD. Con gran simbolismo, y también con gran coherencia –perla que le ha faltado a Cuauhtémoc–, Muñoz Ledo, hoy en MORENA, presidirá la Cámara de Diputados que formalmente inicia labores este sábado primero de septiembre con la recepción del último informe de Peña Nieto.

El Senado de la República será presidido por Martí Batres, quien también votó para presidente por vez primera en 1988, aunque previamente, desde la adolescencia, había participado en actividades del Partido Comunista, del PSUM y del Mexicano Socialista, así como en el movimiento estudiantil de 1986-1987, que frenó la reforma neoliberal de Jorge Carpizo en la UNAM. Fundador, como Muñoz Ledo, del PRD, Batres hizo trabajo político y legislativo en la formación de izquierda, para ligarse, desde 2003, a Andrés Manuel López Obrador, primero en el gobierno de la Ciudad de México y luego en el movimiento nacional y popular de resistencia contra el neoliberalismo, que triunfó de manera arrolladora el pasado primero de julio.

Dos izquierdistas de cepa, pues, dos hombres plenamente comprometidos con el movimiento popular y con el verdadero progreso de México, dos hombres honestos estarán al frente de un Congreso histórico, el primero en el país con mayoría de izquierda, una luz, como dijo Ifigenia Martínez al tomar posesión, que irradiará a todo el mundo, sobre todo en momentos en los que las fuerzas de las tinieblas y de la opresión mantienen el poder en gran parte del orbe.

Las tareas a cargo de este Congreso serán titánicas. La izquierda tiene una mayoría amplia, pero tendrá que negociar con otras fuerzas para los cambios constitucionales, imprescindibles para desmantelar las perniciosas reformas neoliberales. La Cuarta Transformación es un proyecto integral, que obviamente no busca imposibles unanimidades, pero sí el mayor consenso, dentro de la ética, el compromiso social y la congruencia política.

Los nuevos presidentes de las Cámaras pertenecen a generaciones diferentes, y su praxis da testimonio de ello.

Muñoz Ledo, intelectual ahora reposado, aunque siempre incisivo, concedió varias entrevistas profundas sobre el significado para él y para el país de su importante encomienda. En ellas trasluce el nostálgico orgullo por los años de lucha, así como el compromiso que queda para con los muchos ausentes. Batres, por su parte, previo a su toma de posesión, sostuvo una intensa reunión de trabajo con líderes de la comunidad de la diversidad sexual. El mensaje nos parece claro: la izquierda que llega al poder responde a sus compromisos históricos, así como a la lucha en general por una humanidad más libre.

Como decenas de millones de mexicanos, he sufrido los embates del neoliberalismo en mi calidad de vida, he visto a algunos de mis seres más cercanos debatirse en los infiernos del nihilismo y la desesperanza ante la demolición social, recibí en muchas ocasiones amenazas e intimidaciones por mantener mis ideas de izquierda en todas las trincheras laborales, personales, familiares en las que me ha tocado desenvolverme. Como decenas de millones de mexicanos, participé con denuedo en las luchas contra los fraudes electorales que en 1988, 2006 y 2012 nos arrebataron la victoria y mantuvieron el perverso desorden neoliberal. El momento, pues, en que compañeros de lucha tomen posesión de uno de los tres poderes es especialmente emotivo, aunque sus efectos sean graves, pues marca también el inicio formal de los trabajos de la transformación. Paradójicamente, el único diputado que no podrá estar en la histórica sesión inaugural de la LXIV Legislatura es nuestro querido coterráneo Roger Aguilar Salazar, otro de los pilares de la izquierda mexicana, a quien conocí en los tiempos del Partido Comunista Mexicano.

Nuestro emocionado saludo y deseo de que culmine pronto su extraordinaria recuperación.

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