El grito de África: fin a la explotación infantil

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), las principales manifestaciones de este fenómeno son el matrimonio, la utilización de algunos como soldados, los esclavos sexuales y trabajos en condiciones duras y peligrosas (sector rural, industria, servicio doméstico, y trabajo en la calle).

ADDÍS ABABA, ETIOPÍA (Richard Ruiz Julién | Prensa Latina).- El asesinato del pakistaní Iqbal Masih, de solo 12 años, en 1995, colocó en la palestra pública un drama que aún hoy viven millones de niños en el mundo, 70 millones de ellos en África: la explotación infantil.

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), las principales manifestaciones de este fenómeno son el matrimonio, la utilización de algunos como soldados, los esclavos sexuales y trabajos en condiciones duras y peligrosas (sector rural, industria, servicio doméstico, y trabajo en la calle).

Todas esas actividades realizadas por aquellos cuyas edades van desde los cinco hasta los 18 años.

Pese a algunos avances, 152 millones de menores se ven obligados a realizar tareas de alguna índole, según un informe presentado en esta capital por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ante diversos responsables de políticas de la Unión Africana y especialistas en el tema de países del área.

La mayoría de ellos se concentra en el África subsahariana, que pese ser una zona que implementó numerosas políticas dirigidas a combatir estas prácticas, concentra casi la mitad de los que sufren esta situación.

El estudio también concluye que más de 40 millones de personas están subyugadas a labores y uniones maritales, una estimación que, además, consideran ‘conservadora’.

‘La región africana ha sido de las más afectadas por conflictos y desastres naturales, los cuales aumentan el riesgo’, cita el texto.

En los países con guerras, la incidencia es un 77 por ciento más alta que la media global.

A su vez, la probabilidad de que la labor a desarrollar sea en condiciones de peligrosidad es 50 por ciento más alta en territorios inseguros e inestables.

En el área subsahariana, un 43 por ciento de los niños que trabajan lo hacen en condiciones que ponen directamente en riesgo su salud, seguridad y desarrollo moral.

Según la OIT, una gran proporción de quienes están por debajo de los 17 años sirve en canteras de piedra, minas, construcción así como actividades relacionadas con la agricultura.

El investigador del Centro de Estudios Estratégicos, Yohannes Jemaneh, quien además colabora con la oficina en Addis Abeba de la Unicef, señaló que ‘la mayoría de los que trabajan en condiciones penosas, lo hacen en el sector agrícola (59 por ciento).

Las tareas oscilan entre sembrar, cosechar, manejar pesticidas y cuidar del ganado. El 11 por ciento lo hace en el campo de la industria (talleres, minas, canteras y en la construcción), agregó.

Además, destacó que ‘estos datos son de sectores legales. La explotación sexual, en sus distintos tipos como la pornografía infantil o el turismo sexual, que mueve millones de euros, está escondida’.

El que todavía en pleno siglo XXI exista este tipo de tendencias se debe, en opinión del sociólogo Bilal Derso, a que ‘los niños constituyen una mano de obra barata y, para algunas actividades, su pequeño tamaño o ligereza los hacen muy valiosos (minería, manufactura).

‘El caso de la esclavitud sexual es muy especial’, prosiguió, ‘pues aunque suele estar prohibido expresamente en casi todas las naciones, la ley de la oferta y la demanda hace que esté aumentando el número de víctimas de esta variante’.

Además, añadió, que hay muchas formas de acceder a ellos, como son las nuevas tecnologías o los viajes de placer.

Una lacra, la esclavitud infantil en cualquiera de sus formas, sobre la que los países industrializados o desarrollados parecen no darse cuenta de su existencia o sobre la cual, sencillamente, se hacen la vista gorda, manifestó Derso.

Para conseguir la erradicación en cualquiera de sus formas es fundamental, a consideración de Jemaneh, articular el trabajo en los ámbitos en los que se desarrolla: con las familias para amentar los ingresos económicos de estas; cambio de patrones sociales y culturales de tolerancia.

También es preciso ‘el fortalecimiento de los gobiernos para identificar, prevenir y atender los casos, o promover y facilitar el acceso a la educación’.

Los testimonios de Jawanata, Aminata o Augusta cierran la investigación de la OIT; ellas son algunas de las adolescentes que se prostituyen por un euro en Sierra Leona.

Cuando baja el sol se juntan para maquillarse. Un poco de pintura en el rostro las transforma en adultas. Luego, se van al burdel.

‘Necesito 12 euros al mes para pagar estudios, gastos de la casa y alimentos’, comentó Jawanata. La joven es su propio sustento.

‘Mi abuela me llevó a un club que se llamaba Liberia Bar. Dos hombres se me acercaron, me preguntaron cuál era mi precio. Ese día gané cinco euros, pero empujé mi vida hacia el dolor perpetuo’.



Categorías:SOCIEDAD

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