Las cuentas pendientes de la Unión Africana en el Lago Chad

Las altas tasas de analfabetismo (hasta nueve de cada 10 mujeres, por ejemplo, en la parte que corresponde a Níger), los problemas de nutrición, la falta de instalaciones sanitarias o los escandalosos índices de mortalidad infantil forman una larga lista de problemas.

ADDÍS ABABA, ETIOPÍA (Richard Ruiz Julién | Prensa Latina).- La cuenca del lago Chad, en el cinturón del Sahel, agrupa a cerca de 45 millones de personas que comparten carencias y pobreza, una de las grandes cuentas pendientes para la Unión Africana (UA), opinan hoy expertos.

Según estadísticas de Naciones Unidas, siete de cada 10 habitantes de los cuatro Estados en los que se reparte esa enorme masa de agua -Chad, Nigeria, Níger y Camerún- se pueden considerar pobres.

Las altas tasas de analfabetismo (hasta nueve de cada 10 mujeres, por ejemplo, en la parte que corresponde a Níger), los problemas de nutrición, la falta de instalaciones sanitarias o los escandalosos índices de mortalidad infantil forman una larga lista de problemas.

Aunque durante la 78 sesión del Consejo de Seguridad y Paz de la UA se debatieron esos desafíos, a consideración de algunos especialistas la tarea para sacar adelante esa área geográfica es considerable, al tomar en cuenta que hasta el momento no se reportan acciones radicales al respecto.

Para el investigador del Centro de Estudios Estratégicos, Bilal Derso, ‘hasta el estallido de la crisis humanitaria provocada por el grupo terrorista Boko Haram, esta ha sido una región olvidada en muchos ámbitos’.

Desde que la barbarie llamó la atención de la comunidad internacional ‒es decir, de los países donantes‒ con sus secuestros masivos de niñas y la utilización de menores para realizar atentados, la ayuda de emergencia ha desembarcado en los alrededores del Lago Chad, pero no existe una estrategia efectiva para erradicar la proliferación de células extremistas.

‘Las necesidades allí aún son enormes, y ello contribuye en buena medida a la radicalización de muchos jóvenes’, añadió Derso.

‘Agua. Comida. Seguridad. Forraje. Atención de salud. Vacunas para los animales…sobre todo, hace falta formar a los agricultores, crear oportunidades para las nuevas generaciones. Y, bueno…esas son las prioridades’, comentó a Prensa Latina el comentarista Robel Yohannes, acentuando la palabra ‘prioridades’.

Lo peor es que esas necesidades no llegaron con los enfrentamientos; son problemas arrastrados por décadas de descuido, manifestó.

El contexto generado por la violencia sí desplazó a cientos de miles de personas, haciendo que en lugares donde todo escaseaba las penurias se multiplicaran por el número de recién llegados.

Recientemente la urgencia ha movilizado más fondos para atender los problemas de la región. ‘Pero el soporte no es suficiente, ni sostenible’, argumentó Mohamadu Kassa, profesor de Relaciones Internaciones en la Universidad de Addis Abeba.

El apunte de Kassa forma parte de un debate cada vez más extendido: el de la distinción entre la acción (y la financiación) humanitaria y la de promoción del desarrollo.

Las grandes cifras de desplazados y hambrientos, sobre todo si van unidas a imágenes o historias impactantes, suelen dar lugar a una generosa reacción destinada a atender la crisis humanitaria.

El problema viene cuando la emergencia se alivia, los focos se apagan y los fondos se reducen. El riesgo del olvido reaparece. Y también el de sus consecuencias, detalló el analista.

‘Con esta violencia y este horror hemos pagado tres décadas de no atender debidamente esta zona. ¿Dónde queda el rol de las instituciones continentales, de la UA, por ejemplo?. Es preciso hacer más, ellos necesitan más’, agregó. Para explotar las posibilidades que ofrece el lago, coinciden los observadores, hay que dedicar mucha más atención (y dinero) al desarrollo.

En primer lugar, asegurar la atención sanitaria y la educación primaria. ‘En la zona hemos encontrado adolescentes que nunca habían ido a una clase’, según Philippe Barragne, representante del Fondo de naciones Unidas para la Infancia en N’ Djamena.

Y, como pedía el chadiano presidente de la Comisión de la UA, Moussa Faki Mahamat, formación: formar a los jóvenes en cómo explotar las opciones de su entorno.

‘Si no lo hacemos, si no creamos empleos, los niños de hoy se convertirán en la siguiente generación de Boko Haram’, auguraba Kashim Shettima, gobernador del Borno, en la parte nigeriana del lago.

‘O veremos a decenas de millones de personas acudir a las puertas de Europa’, sentenció.

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