Adiós a 300 mil años fingiendo orgasmos

Gracias a un reloj que mide las pulsaciones durante las relaciones sexuales, es posible saber cuándo simulamos.

(Frédéric Beigbeder | El País).- Amigos míos, el momento es grave. La Humanidad se enfrenta a peligros inconmensurables. El mundo está empezando a inclinarse: el Apple Watch va a revolucionar nuestra vida sexual. Este reloj digital es capaz de contar los latidos de nuestro corazón. Y William Masters y Virginia Johnson demostraron que un orgasmo duplica nuestras pulsaciones. Por consiguiente, a partir de ahora es posible saber si una mujer simula. ¡Imaginad las consecuencias de este descubrimiento! Una actriz porno ucraniana, Kristina Vashchuk, acaba de crear una web llamada Yonitale con el objetivo de filmar orgasmos femeninos verificados con el reloj conectado. Incluso ha llegado a patentar una Escala del Placer (Pleasure Scale) que clasifica los diferentes tipos de orgasmos en función de la velocidad de los BPM. Y además pretende organizar en breve un “Campeonato del Mundo del Orgasmo Certificado”, con una finalista por cada país.

A mí, el hombre de las cavernas, se me ve venir a 100 kilómetros de distancia. La muerte de la simulación femenina es también la del egoísmo masculino. Durante milenios, el hombre ha sido incapaz de saber si la mujer gozaba o se aburría en la cama. Este largo periodo de misterio ha llegado a su fin. Desde este momento, si tu pareja tiene un smartwatch está en su derecho de exigir un High Score cotidiano (alrededor de los 130 BPM), en vez de hacer como que se sube por las cortinas para no ofender tu pequeño ego de playboy. Esta revolución es la auténtica victoria del feminismo. ¡Se acabó el teatro! Y sin embargo me atenaza un punto de nostalgia machista… Al fin y al cabo, era bonito verlas gemir, agarrarse a las sábanas, encoger los pies, pegar gritos extraños, todos esos esfuerzos conmovedores que algunas hacían para agradarnos… Qué fascinante era no saber, no estar nunca seguros al cien por cien de la eficacia de nuestros esfuerzos. Cierto, había indicios (por ejemplo, la eyaculación femenina) pero ninguna “prueba de placer real” era tan fiable como la fatídica cifra del ciberreloj. Algunas temblaban de mentira, otras se abandonaban en silencio. Imposible saber si mentían. Hemos vivido en la niebla durante 300.000 años y ahora eso se ha terminado.

Señores, hay que ponerse en lo peor: la relación sexual va a convertirse en una prueba de la Selectividad. Siempre podremos negarnos a que nuestra pareja lleve un smartwatch en la muñeca, pero eso nos haría pasar por perezosos asustados por el veredicto. Dicho todo esto, aún nos queda una esperanza. La otra noche, cuando le pedí a mi mujer que probara el famoso reloj, se negó: “Ah, no. ¡Eso me desconcentraría, es la mejor manera de no llegar!”. Victoria: el miedo al fiasco acaba de cambiar de campo.



Categorías:sexualidad

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