Tensiones y peleas en el Senado de Argentina por la Ley de la legalización del aborto

Con el correr de las horas la sesión en el Senado fue tomando temperatura y quedó a la vista la brecha que la discusión sobre la interrupción voluntaria del embarazo abrió en las filas del oficialismo. Hubo cruces y hasta insultos entre la vicepresidenta Grabiela Michetti y senadores del radicalismo.

BUENOS AIRES, ARGENTINA.- (Felipe Yapur | Página12).- La sesión por el tratamiento de la legalización del aborto comenzó a tomar temperatura con el correr de las horas. La tensión y los primeros choques, se produjeron durante la tarde, cuando la vicepresidenta Gabriela Michetti intentó cortarle la palabra a Pamela Verasay, una de las pocas oficialistas a favor de la iniciativa. Cuando la radical le pidió unos minutos más para cerrar su intervención, como había ocurrido con otros legisladores, Michetti quiso terminar el discurso. El cordobés Carlos Caserio y el radical Luis Naidenoff intercedieron para que terminara su exposición. Después otras dos senadoras apoyaron a la vicepresidenta. “Es un pelotudo, (que) no rompa las pelotas”, se le escuchó a Michetti fuera de micrófono. Hacía referencia a Naidenoff, quien le había reprochado minutos antes no haber estado presente en la reunión de Labor Parlamentaria, en la que se definieron los plazos para cada orador. No fue el único momento complicado.

Cuando Michetti le dio la palabra a Verasay la mendocina radical desarrolló su discurso a favor de la ley con un tono de voz bajo y de forma pausada. Tal vez demasiado pausado para el interés de la vicepresidenta. La senadora abrió su discurso refiriéndose al caso del aborto como un tema de salud pública y aseguró que “se está buscando una solución que está entre nosotros” e indicó que “aunque esta sesión no se estuviese realizando el problema está”. Es más, les dedicó a los que se oponen a la ley como “si hablaran que este es un problema para el futuro, que pueden tapar el sol con la mano… no hay abortos porque hay una ley sino que buscamos una ley porque hay abortos clandestinos”. Los conceptos, citas de estudios y de diarios se sucedieron y la senadora fue consumiendo los diez minutos pero cuando superó los 16 sobrevino la interrupción de Michetti que le recriminó el exceso con un tono un tanto excesivo para como venía desarrollándose el debate donde todos los senadores se habían excedido en el tiempo previsto. Fue entonces que el formoseño Luis Naidenoff (UCR) pidió la palabra para recordarle a la vice presidenta que se había “definido en la reunión de Labor Parlamentaria” respetar los límites de tiempo pero sin ser demasiado restrictivos y le recordó que ella no había participado.  “Me parece que no es justo”, dijo Naidenoff y Michetti le retrucó: “Usted no tiene que conducir la sesión, la conduzco yo”. Paciente, Naidenoff buscó terminar con el entredicho al sostener que “usted conduzca pero deje cerrar, presidenta”. La respuesta de Michetti fue cerrarle el micrófono al formoseño y le dio la palabra a la salteña Cristina Fiore que, mientras defendía la actitud de la vice presidenta, se escuchó a Michetti decirle a sus colaboradores: “Es un pelotudo, no rompa las pelotas”.

El cruce entre Michetti y senadores de su gobierno no fue el primero de la jornada. Antes, durante la reunión del interbloque Cambiemos fue complicada y hasta peleada. Tanto fue que se vio a Gladys González, que luego protagonizaría uno de los discursos más emotivos a favor de la ley, salir llorando de la reunión.

Otro momento álgido fue el referido a las polémicas declaraciones del senador Rodolfo Urtubey, quien tuvo que aclarar sus dichos luego de que la mendocina Anabel Fernández Sagasti le advirtió sobre las consecuencias que pueden tener las palabras.

Ocurrió que el salteño del bloque Justicialista expresó su oposición al proyecto pero mientras se expresaba a favor de la despenalización por causales dijo que “realmente habría que ver aquellos casos, porque hay algunos en que la violación no tiene esa configuración clásica de la violencia sobre la mujer, sino que a veces la violación es un acto no voluntario con una persona que tiene una inferioridad absoluta de poder frente al abusador, por ejemplo en el abuso intrafamiliar, donde no se puede hablar de violencia, pero tampoco de consentimiento, sino de una subordinación”. La frase generó murmullos entre algunas senadoras y en las redes sociales estalló la polémica. En ese contexto cuando llegó el tuno de la mendocina Anabel Fernández Sagasti dijo que “si es una violación, es violenta. A las víctimas se las denomina sobrevivientes. Creo que no estamos pensando en las consecuencias que pueden tener nuestras palabras” pero Urtubey no la escuchó porque estaba fuera del recinto. El que salió en su defensa fue Federico Pinedo al asegurar que “el senador Urtubey dijo exactamente lo contrario de lo que le están queriendo hacer decir”. Un rato después por fin apareció el protagonista de la polémica y pidió una interrupción para aclarar lo que había dicho: “Refiriéndome a la violación como causal de aborto no punible, afirmé que toda forma de violación debe ser considerada un caso de aborto no punible”, dijo en primer lugar. Luego afirmó que lo que había realizado era una individualización pero que incluía “aquellas formas en las que no hubiera forzamiento igual son violaciones que deben ser consideradas en el concepto de violación. De ningún modo quise acotar el concepto de violación ni negar que lleva violencia. Quiero aclarar esto. La idea es ser aún más duro en condenar la violación en todas sus formas”, indicó.

Una de los discursos más vehementes fue el de la tucumana Beatriz Mirkin quien a un tono menos que un grito le preguntó a sus colegas del Senado: “¿Qué somos? ¿Vientres somos las mujeres?” para luego afirmar que “se aborta, se aborta clandestinamente y en sanatorios”. La senadora no dejó de confrontar a los legisladores al preguntarles, una vez más casi a los gritos: “Si salimos sin ley, les pregunto a todos y me pregunto a mí: ¿qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer mañana? Es evidente que la legislación actual no lo resuelve. ¿Qué vamos a hacer mañana? ¿Vamos s seguir penalizando a las mujeres cuando llegan a los hospitales con abortos provocados en situación de riesgo? ¿Vamos a seguir haciendo eso?”.

El rol de la iglesia Católica en cuanto al lobby para frenar esta ley no escapó al debate. Lo trajo al recinto el entrerriano Pedro Guastavino al relatar que en los últimos días “me lo pasé atajando y esquivando crucifijos de un sector de la Iglesia que, quizá, sea el mismo sector que cuando nos desaparecían o nos torturaban daba vuelta la cara. O el mismo sector que cuando torturaban a nuestras compañeras embarazadas en detenciones clandestinas miraban para otro lado, o que cuando mi madre se entrevistaba con algún obispo para preguntarle por su hijo desaparecido, miraba para otro lado y decían ‘algo habrá hecho’”.

ENLACE: https://bit.ly/2AWvh2K

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