Espantajo muy visto | Jorge Lara Rivera

La famosa “estrategia” promovida en el libro “El arte de la negociación” del empresario Donald Trump devenido en Presidente de los Estados Unidos carece de eficacia en el ámbito internacional. Generalizar su aplicación, agrediendo al de enfrente para luego obligarlo a negociar, puede resultar estéril en la escena mundial ante casos complejos por los elementos (étnicos, religiosos, económicos y geoestratégicos) que conllevan; y peor: demasiado peligrosa. Así lo revela la incapacidad del gobierno norteamericano para conseguir el apoyo de sus otrora socios y aliados europeos –ni siquiera el de Gran Bretaña– a fin de que secundaran su iniciativa unilateral de reponer sanciones económicas a Irán con relación a su mora en el programa de desarrollo nuclear, poniendo en evidencia la erosión de su liderazgo entre los países de Occidente. Más notorio es el paradójico caso chino, donde el fracaso estrepitoso signa en estos tiempos que corren de guerra comercial y arancelaria, la agresiva política exterior estadounidense. Su ¿diplomacia? ha resultado torpe e ineficaz al intentar en vano sumar a esa abrumadora potencia asiática al boicot a las compras de petróleo persa. La negativa ha sido tajante e inflexible. De muy poco, salvo el intento por cubrir apariencias, han resultado las declaraciones de sus altos funcionarios (Secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional) al advertir a China que “no debe subestimar la determinación del Presidente Trump”. Es un hecho: el Irán de los ayatolas ha resultado un hueso duro de roer para un novato de la escena mundial como Trump.

En sus manos principiantes Oriente Próximo es, permitan el símil, como un cubo de Rubik que tal vez tenga solución pero donde se tiene que ser paciente y preciso. Las bravuconadas de tejanos como los Bush rinden enormes dividendos económicos a empresas de reconstrucción, pero no resuelven el fondo social de las dificultades, ni siquiera en el corto plazo. Iraq donde colgaron al tirano y Afganistán donde derrocaron al fanático Mulá Omar (¿por dónde andará?) no conocen el sosiego y menos la paz. Paquistán sigue padeciendo la pesadilla terrorista luego de muerto Osama Bin Laden, y los kurdos se encargan de complicar los delirios sultánicos del presidente islamista turco Recep Tayyip Erdogan y del dictador sirio Bashar Al Assad. La región parece un avispero y poco contribuye a aligerar el ambiente la aprobación de leyes en Israel que vulneran a los palestinos, los árabes y los cristianos. Justo en ese vecindario Arabia Saudita que lidiar con los rebeldes houtíes en Yemen, acaba de propinar una dura lección de firmeza a la veleidosa diplomacia canadiense llamando a su embajador en Ottawa y expulsando al representante de Canadá ante ese reino, por su injerencia en asuntos internos. Todo fuera derribar al oponente, míster Trump. Mas allí se cree que “caer es permitido pero obligado levantarse”. Y también que “el odio es bendito y la venganza sagrada”.



Categorías:OPINIÓN

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