Alza al transporte público y las condiciones drásticas de las unidades | Armando Pacheco

 

El reclamo por parte de los empresarios del transporte público de Mérida y Kanasín ha causado el descontento en las redes sociales por parte de los usuarios. Van desde opiniones en contra de los choferes, dueños e inspectores de la Dirección de Transporte del Estado de Yucatán hasta palabras bravas por esa solicitud de incrementar de 8 a 13 pesos el servicio (tan deseada desde antes del período electoral). Esta inconformidad no es para menos.

Y es que pareciera que en Mérida -la metrópoli del sureste mexicano, a esa que le llaman la dos veces Capital Americana de la Cultura- todos estamos contentos con los servicios públicos; la realidad es contraria y nada tiene que ver con colores partidarios que cambian de acuerdo al humor de los ciudadanos que en vez de escuchar propuestas, se van por candidatos que utilizan el maquillaje para verse “bonitos” a la hora de pedir el voto.

Por mucho tiempo, la población ha exigido que las unidades de la gran mayoría de las rutas sean mejoradas y los transportistas han hecho oídos sordos a esas peticiones, a pesar de que reciben millonarios subsidios por parte del Gobierno del Estado, lo que les ha permitido continuar con la tarifa actual de 8 y 3 pesos.

Los concesionarios se siguen quejando de las alzas de insumos como es el caso de las gasolinas pero no son capaces de decirle al Gobierno que ellos le exigen a sus trabajadores lavar las unidades, por lo que se ahorran el mantenimiento de las mismas; tampoco dicen que en vez de cambiar las piezas automotrices en malas condiciones, sólo le aplican remedios que repercuten en fallas posteriores. Se quejan pues, de que han comprado, a crédito, por supuesto, camiones, pero no aclaran en qué utilizan todo el dinero que les proporciona (o proporcionó) el Gobierno del Estado -que son del erario público- y cuánto ingresa a sus arcas diariamente de los usuarios.

Y tampoco explican por qué tienen tan mal servicio, sobre todo en las últimas horas de la jornada, donde mucha gente se queda sin el transporte y tienen que quedarse en los parques o abordar taxis, lo que merma su economía semanal.

La exigencia de los empresarios podría ser justa, para algunos de los usuarios de las redes sociales, de tener mejores argumentos para hacer eficaces éstas; empero, aún podemos ver unidades casi destartaladas, sin ventanas; ómnibuses sin aire acondicionado, entre otras linduras que tenemos que padecer los que utilizamos este servicio como es el caso de la prisa del chofer.



Categorías:ARMANDO PACHECO, IDEAS DEL DIRECTOR, MÉRIDA, OPINIÓN, YUCATÁN

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