La pareja delincuencial | Jorge Lara Rivera

La Constitución dice que todos –todos es todos– somos iguales ante la Ley. Pero se sabe que el aserto admite algún matiz (“A los amigos, justicia y gracia. A los enemigos, la Ley a secas”) hasta el punto de que mediadora, la sabiduría popular previene cómo “todos somos del mismo barro, pero no es lo mismo bacín que jarro”. Provenientes de un vuelo internacional de una compañía extranjera (United Airlines) que partió de Estados Unidos, el patanesco usurpador de la presidencia financiado desde el extranjero, Vicente Fox Quesada, y Martha Sahagún Jiménez, la adúltera con quien luego se casó, han vuelto a ser noticia. Pero como de costumbre, por el escándalo.

Resulta que el día 11 del mes en curso, junto con un escolta del Estado Mayor Presidencial el par, con largo historial delictivo, fue pillado saliendo muy campante por el área de maniobras y acceso del personal de Aeroméxico, del aeropuerto de la ciudad de Guanajuato en lugar del área de aduanas tal correspondía, para que su equipaje no fuera revisado. La prepotencia del acto constituye una “burla a los protocolos de seguridad del Aeropuerto Internacional” de esa ciudad –a decir de empleados de ése, de acuerdo al ‘Reforma’ –, mientras que personal de Aeroméxico reconoce que “No está permitida esta acción, pero existe una especie de privilegio por ser ex presidente. Como cualquier pasajero debe ser sometido a revisión, pero no ocurre”. El contraste con el trato que se dispensa al público, sometido a rigurosas revisiones por la zona de aduanas al llegar de la Unión Americana a la capital guanajuatense, es más que notorio.

Cabe preguntar si ¿tal ‘régimen de excepción’ cubre a su esposa, al edecán militar y a cuántos acompañantes más?

Con independencia de sus negros antecedentes (los hurtos, corrupción, depredación de PEMEX, tráfico de influencias, abusos y vivezas de este dúo de hampones son –de sobra– públicamente conocidos), tamaña discrecionalidad resulta inadmisible por el riesgo para la bioseguridad, salud, economía y seguridad nacionales que su incuria supone al ocurrir en el perturbador contexto en que Khiron Life Sciences, compañía farmacéutica canadiense, productora y comercializadora de mariguana medicinal, nombró a Fox (en cuyo mandato gozó de total impunidad el ‘Chapo’ Guzmán tras su fuga a inicio de ése) quien de pronto se volvió promotor de la legalización del consumo de cannabis, su asesor estratégico y embajador de la marca en Latinoamérica.

Es bien sabido lo difícil de la compra de semillas de ciertas variantes, que precisa realizarse en el extranjero. Fox ha dicho que acabar con el clandestinaje reducirá la violencia en México y nos llevará “hacia un nueva industria legal que crea empleos e ingresos para las familias, impuestos a los gobiernos y creación de riqueza”, y a “acciones innovadoras y creativas para fortalecer la salud de los ciudadanos y las familias” (sic). Aparte queda que el incumplimiento de aquel requisito legal conlleva la posible comisión del delito de defraudación fiscal por contrabando a causa de la evasión a la aduana del aeropuerto de la capital guanajuatense. Peor aún cuando, presunto damnificado por el ajuste a las ‘pensiones’ de ex presidentes, Fox necesita fondos para mantener sus delirios de grandeza que actualmente costea el erario.

Foxilandia (el Centro Fox) donde se tejió su alianza con la empresa canadiense, es un elefante blanco sostenido con el erario (por el acuerdo de 1987 cuyo original no existe y que no fue publicado en el Diario Oficial de la Federación que otorga a los ex Presidentes de México, además de pensión vitalicia –205 mil pesos al mes equivalente al sueldo de un Secretario de Estado–, una plantilla de 25 personas para que formen, si desean, una oficina, que con seguros de vida, aguinaldos y otras prestaciones y bonos, cuesta casi 1 millón al mes. Está ordenada de modo jerárquico empresarial: un Director General, dos Directores de Área, cuatro Subdirectores, cuatro Jefes de Departamento, una secretaria para el Director General, una Secretaria de Subdirector, tres técnicos especializados, tres choferes y cuatro auxiliares administrativos. Además está la escolta proveída por el Estado Mayor Presidencial para él, su familia y algunos colaboradores por él designados.

Con su usual cinismo Fox ha querido minimizar la infracción legal aeroportuaria pretextando que le urgía “ir al baño”. Y todavía hay quien se pregunta si deben retirarle la pensión con que sangra el erario, cuando debe estar tras las rejas.

 

*Artículo publicado con la autorización del autor, colaborador del periódico Por Esto!; léase también en este medio

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista del Diario Arte y Cultura en Rebeldía; en este espacio, ejercemos la Libre Expresión

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