Entre trompicones y trompetillas | Jorge Lara Rivera

La reciente, pero –lamentable– no última, brutal (literal, en sus diversas acepciones) agresión a mexicanos que viven en Estados Unidos, protagonizada por la afroamericana Laquisha Jones y otros 5 canallas en calles de Willowbrook, vecindario de Los Angeles, California, contra el nonagenario (92 años) michoacano Rodolfo Rodríguez a quien derribó y golpeó con 1 ladrillo mientras le gritaba “regresa a tu país” al tiempo que sus cómplices lo tundían de puntapiés, sólo por haberse tropezado con la hija de esta ‘jija’, revelan que por estos días en Norteamérica la ignorancia tiene permiso. El prejuicio y el odio racial son sus consecuencias. Si Laquisha Jones fuese producto evolutivo y supiera algo de Historia, entendería lo fuera de lugar que resultan sus imprecaciones, pues miles de años antes de que sus ancestros fueran traídos a América, los antepasados de Rodolfo Rodríguez ya habitaban allí, entonces tierra mexicana y hoy parte de los territorios ocupados por Estados Unidos.

De ningún modo fortuito el deplorable acto guarda correlación consecuente de la errática conducción del país atribuible a la administración Trump. Pese a las dudas de la injerencia rusa –ahora obvia y entendible por su letalidad– en el proceso electoral de Estados Unidos el cual lo aupó, fue entronizado sin tener consenso público mayoritario. Sólo año y medio luego de una investidura bien que mal respetable en el mundo, ha puesto tal como ‘lazo de cochino’ con sus salidas de tono y sólo ha conseguido poner en ridículo a su país en foros mundiales, erosionar su liderazgo en Occidente y poner en tela de duda su capacidad y confiabilidad para contribuir al orden internacional. Aparte las dudas psiquiátricas sobre su cordura personal.

Y es que ajeno a –o desdeñoso– de la realidad que subestima con infantilismo emocional y su mayúscula egolatría, el mandatario parece un bufón palaciego quien causa pena ajena, avergüenza a sus adictos, merece conmiseración de aliados y el desprecio de sus enemigos. Tal vez se sienta interesante afectando la economía mundial con contradictorios ‘twitts’ y sus puntadas fantasiosas en declaraciones oficiales sobre política y comercio exteriores, o se imagine un superdotado de gracejo al exhibir esa orfandad de educación elemental que padece y una tan prepotente como inconcebible carencia de modales que en reuniones internacionales lo vuelve impresentable.

La ya muy vista supuesta “estrategia” de negociación empresarial del presidente norteamericano ha perdido efecto. Lo más grave es que sus alevosas veleidades en el escenario mundial empiezan a pasarle factura. Más allá de tropiezos protocolarios (empujones, gritos, desaires a su esposa, despidos de rabieta en el gabinete, peluquín al viento, desencuentro con monarcas y mandatarios extranjeros) que quedan para el anecdotario de lo grotesco y secuelas del libro “Fuego y Furia: En las entrañas de la Casa Blanca de Trump” de Michael Wolff; su obsesión contra el llamado “Obama Care”, la apuesta por el proteccionismo, la ofensiva anti-migrantes contra los musulmanes, Centroamérica y México al que le espeta un muro, la guerra comercial con China, los aranceles al acero de Canadá y México a los que presiona con el TLC, el enfrentamiento con Japón y la comunidad europea, sus diferencias con ésta para la sobrevivencia de la OTAN, ese empecinamiento con Irán, la intransigencia contra Venezuela, el revisionismo de su política hacia Cuba, sus represalias a Siria y el traslado de su embajada en Israel a Jerusalén, así como el distanciamiento con Turquía, no son para tomar con ligereza y superan con creces cualquier avance con respecto a Norcorea y la propia Rusia de Vladimir Putin.

Y así sueña con reelegirse. El estilo fanfarrón parece, sin embargo, haber topado con pared. Precisamente su zalamería con el dictador ruso lo ha vuelto aborrecible para el mítico complejo militar/industrial estadounidense, cuyos intereses debe atender y en parte representa, pero que se sintió humillado ante el viejo adversario por su locuacidad sobre la CIA en Moscú, y esto aunque ahora corra a querer desdecirse podría sellar su suerte…

 

*Artículo publicado con la autorización del autor, colaborador del periódico Por Esto!; léase también en este medio

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista del Diario Arte y Cultura en Rebeldía; en este espacio, ejercemos la Libre Expresión

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