Moda anti-laica | Denise Dresser

“El matrimonio homosexual es una moda”, declara sin empacho el dirigente del Partido Encuentro Social. Así, abiertamente, el PES revela su agenda y encomienda. El ataque frontal a libertades recién conquistadas y protegidas por la Constitución, desde la cabeza de playa que habrán conquistado en alianza con Morena. Probablemente más de dos millones de votos, 70 diputados, cinco senadores, un gobernador, cien alcaldías y su conversión en el cuarto partido político más grande del país. Uno de los daños colaterales más preocupantes de esta elección: el empoderamiento de un partido religioso en un país laico, el conservadurismo contando con tantas curules, una involución en puerta, avalada por quienes piensan que el fin -la victoria de AMLO- justifica cualquier medio, aunque atente contra nuestros derechos y libertades.
Hay que recordar puntualmente qué es el PES. Un “partido” que ha presentado varias iniciativas legales contra el aborto y las uniones homosexuales. Una simulación de organización política que esconde un sustento confesional evidente. Una pieza del engranaje evangélico que recorre América Latina buscando adeptos para causas ultra-conservadoras, incluyendo acabar con el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos, y el derecho de las minorías sexuales a contar con derechos. Un movimiento que pone en peligro lo que México ha logrado en los últimos tiempos: la institucionalización incipiente -vía la SCJN- del respeto, la tolerancia, la diversidad, el progreso. El poder que el PES adquirirá no es una señal de pluralidad sino de regresión.

Es claro para cualquiera que esté prestando atención. Los “partidos” confesionales en el mundo son un “single-issue party”. Les interesa sólo una cosa: introducir legislación para revertir derechos, promover consultas que los pongan en juego, impulsar el nombramiento de jueces conservadores a la Suprema Corte. Lo han logrado en países como Brasil, donde el PT tuvo que recular en la ampliación de derechos y políticas contra la discriminación por orientación sexual. Dada la coalición legislativa que armaron, los progresistas se volvieron rehenes de los evangélicos. Para allá vamos, por más que los voceros de Morena -ingenuos o miopes- digan que la alianza con el PES es “solo electoral”; el PES va a ser pivote y veto en las Cámaras, donde su apoyo puede darle a Morena la mayoría que requiere para aprobar reformas. Pero no va a regalar su amor. Lo venderá caro y a expensas de nuestros derechos, que serán moneda de cambio. Y cuando la base de Morena cuestione esto -tardíamente- AMLO hará una consulta que la comunidad LGBTT y las mujeres de México perderemos.

Lo dice el presidente del PES: “Hay un líder con una gran sabiduría, que es AMLO, que propone que llevemos estos temas a consulta y yo estoy de acuerdo”. Mientras descalifica los temas progresistas al referirse a ellos entre comillas. Mientras afirma que “si alguien en su vida quiere ejercer su sexualidad de la manera que quiera está muy bien, es un derecho, pero trasladarlo a la esfera pública atenta contra la vida” (El País). Mientras en sus marchas, el PES y el Frente Nacional por la Familia atizan los peores sentimientos, las peores pulsiones sociales. La homofobia, el machismo, la intolerancia, todo lo que corre en contra de la democracia que queremos construir.

Ha sido inquietante ver la reacción de los otrora progresistas, liberales, o defensores de derechos que hoy endosan acríticamente a Morena/PES. Guardan silencio o defienden las consultas sobre derechos fundamentales o dicen que los derechos de las mujeres y la comunidad LGBTT son de élite y hay que pelear primero contra el PRIAN y la corrupción y la pobreza. O tachan a quienes tratan de alertar sobre la amenaza que viene como “heteronormativos”, “heterosoberbios” o “gaypanistas” que solo buscan “girar instrucciones sobre por quién o no votar”. Algunos merecen esos calificativos, pero también hay otros en busca de aliados para una lucha que ha sido y ojalá siga siendo compartida: la de todos los derechos para todos. Quienes quieran apoyar a AMLO háganlo, pero no voten por el PES, ni justifiquen su inclusión en una alianza que socava la congruencia, el laicismo y la integridad personal. Como advertía Simone Weil: “Nunca reacciones ante el mal de una manera que lo aumente. Rehúsa ser un cómplice. No cierres los ojos”.

FUENTE: GRUPO REFORMA

VÍA: @DeniseDresserG

ENLACE: https://bit.ly/2IWKLmW



Categorías:DENISE DRESSER, OPINIÓN, POLÍTICA

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