Ambulantaje en el Centro Histórico de Mérida, un problema a erradicar | Armando Pacheco

Como cada que hay elecciones a puestos populares, los diversos candidatos prometen pero a la hora de llegar al poder sencillamente olvidan sus compromisos con la población, dígase de ricos o pobres.

En este caso es menester hablar sobre los vendedores que han invadido las aceras del Centro Histórico de Mérida, desde periodiqueros, pasando por dulceros, chicharroneros, eloteros, tamaleros, ofertadores de frutas de temporada, kiberos, aguadores y un gran etcétera.

Y es que bajo el escudo de que todos tenemos derecho al trabajo, estos comerciantes, muchos manejados por intereses superiores (o mafias mercantiles) han ido inundado el primer cuadro de la capital yucateca con huacales, puestos improvisados y hasta de metal que perjudican el libre tránsito e incluso llegando a causar tragedias que culminan en la muerte de algún transeúnte o del mismo empleador informal.

Pero esto no sería posible si no se contara con el contubernio de las autoridades municipales en cuyo caso están obligadas a erradicar y/u ofrecer alternativas a estos trabajadores que lo hacen por la libre. ¿Cómo? He ahí la interrogativa que ellos, los funcionarios, tendrían que formularse y contestarse a la vez.

Y es que en las dos últimas administraciones municipales, encabezadas por el partido de la ultraderecha, este fenómeno del comercio informal se ha intensificado al grado de que en la zona de paraderos de autobuses existen varios puestecitos, que suponemos (los propietarios) pagan una cuota a algún departamento del Ayuntamiento de Mérida. Los recursos recaudados, no sabemos dónde quedan o dónde se utilizan. Por supuesto, este desembolso por parte del ofertador no los vuelve formales pero les da libertad de vender en la vía pública sin que nadie los moleste, al calor y favor de las autoridades.

Pero el problema, como los grandes males, se van extendiendo y llegan a las colonias en los famosos tianguis, cuyo negocio para el gobierno municipal es mayor y hasta se permite la venta de piratería; ejemplo, tenemos el que se realiza en Francisco I. Madero, donde, según nos han contado los habitantes, es una gran molestia para los vecinos que tienen que vivir con ello dos veces a la semana.

¿Por qué en vez de regular estos males del municipio, se han incrementado? ¿A qué se debe que durante casi seis años los alcaldes no han mitigado el descontento de la población ante estas molestias urbanas? Allá dejamos los cuestionamientos para que los electores reflexionen las propuestas de los que hoy buscan hacerse del Palacio Municipal de Mérida.

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