Anaya y AMLO: el cuerpo habla | Mateo Peraza Villamil

El cuerpo habla. El cuerpo cifra un mensaje más profundo que el emitido por el lenguaje. Andrés Manuel mira a Ricardo Anaya, quien abandona con ímpetu su silla y tras plantar una sonrisa de hiena hambrienta se acerca con un afiche entre las manos. Le dice sin dejar de sonreír, siempre sin dejar de sonreír como un comercial congelado:

“Mientes, Andrés, en tu gobierno se cayó la inversión extranjera”. 

Anaya contra los datos oficiales. Anaya sin ningún logro a cuestas. Anaya que plagia los recursos violentos de Donald Trump y las propuestas de Morena. Anaya un organismo de las profundidades marinas que acaba de conocer el sol. Anaya negando el estudio de International City Mayors que corona a Andrés Manuel como el segundo mejor alcalde del mundo. Anaya una fuente de Fake News que recorta portadas de revistas a conveniencia, un robot programado gracias a los 400 mil pesos (más los millones no registrados) que gana al mes. Anaya contra el 85% de aceptación que tuvo durante su gobierno López Obrador.

¿Qué aceptación tiene Anaya? ¿Qué logros tiene Anaya? ¿Qué congruencia histórica lo respalda? Anaya con un lenguaje corporal tiránico, que bate furioso esas manos que redactan libros fantasmales. El Anaya que como diputado nunca tomó posiciones en pro de México, el Anaya que se arrodilló frente al trágico gobierno calderonista  y le aplaudió a Peña Nieto las reformas y las represiones que acarrearon, ése que en los debates, cínicamente renovado, es plenamente consciente de las crisis y de las muertes e incluso las emplea para construir una retórica proselitista. El Anaya preocupado por México pero cuya familia reside en Estados Unidos. El Anaya que apagó los micrófonos cuando los diputados repudiaron la reforma educativa. Anaya: la imagen fascistoide y más cínica de la política.

Al reparar en su presencia Andrés Manuel saca un objeto del bolsillo: “Voy a guardar mi cartera para que no me la robes”, le dice en cadena nacional, con los números de audiencia arriba de los dos millones. México tiembla por una carcajada masiva.

Por el contrario, Andrés Manuel no se mueve, no camina, no provoca afrentas con las manos. Permanece de pie en una postura casi marcial  y sus oraciones surgen tan lento que mi mente, al igual que la de otros miembros de una generación fundamentada en la rapidez, divaga. En una oración de Andrés, pienso, evolucionan las especies. En una oración de Andrés el dólar sube y baja. En una oración de Andrés se va y vuelve la luna. Un Andrés de retórica lenta pero humana, sin tiempo de profundizar por el formato pero cuyos planteamientos concretos reconocemos los que nos  hemos interesado en su proyecto. El único que ha tomado acciones concretas contra Trump. El Andrés de 64 años que viajó a Washington, a la ONU, para exigir posiciones internacionales ante el discurso de odio del energúmeno que nos definió como animales (Trump: el arquetipo que sigue Anaya para bailar en el debate).

Un Andrés Manuel que propone quitarle la amapola a las comunidades de Guerrero para que siembren maíz, al que una caricatura moteada El Bronco le refuta: “En Guerrero no se siembra maíz”. Ese Andrés Manuel que sonríe y no se detiene a explicarle a la caricatura que el maíz se cultiva en los 81 municipios del territorio de Guerrero, especialmente en Costa Chica y Tierra Caliente.

Un Andrés con candidatos dudosos a diputaturas y gubernaturas, pero que propone a Nestora Salgado como senadora. La valiente  líder de las autodefensas en Guerrero que le plantó cara al crimen organizado y fue arrestada ilegalmente por dos años; que fue liberada cuando se corroboraron las irregularidades de un gobierno que utiliza a las instituciones como piezas de ajedrez.

Andrés es la única opción para iniciar una brecha de cambio en un país hundido. Andrés es el futuro presidente al que no hay que perder de vista, principalmente por esas malas decisiones que se están tomando dentro de su partido. Meade es el rostro del cinismo y del debacle definitivo del sistema. Anaya es el último bastión a vencer.

FUENTE: HOMOZAPPING

ENLACE: https://bit.ly/2GDMbQY



Categorías:elecciones México 2018, MATEO PERAZA VILLAMIL, OPINIÓN, POLÍTICA

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