Paz en serio | Denise Dresser

La guerra, la maldita guerra. Una década consumida en pelear, asesinar, desaparecer, disolver en ácido a inocentes y encarcelar a presuntos culpables. Diez años de Fuerzas Armadas en las calles y la violencia no cesa; aumenta. Arrebatando a nuestros jóvenes, corrompiendo a nuestros policías, pervirtiendo a nuestras instituciones, convirtiendo al país en un panteón. Felipe Calderón inauguró el cementerio y Enrique Peña Nieto ha contribuido a llenarlo de víctimas. Más de 240 mil muertos, más de 34 mil desaparecidos. No hay nada que celebrar, nada que justificar, nada que argumentar. Los artífices de la estrategia actual no pueden fingir que funcionó. Los saldos están por doquier: brutalidad, futilidad, estupidez. Cada rifle disparado, cada cohete lanzado, cada ametralladora utilizada, cada soldado herido sólo muestran a la humanidad de México colgada sobre una cruz de hierro.

Ante una guerra que ha abierto las puertas de infierno, los candidatos ofrecen -algunos más, otros menos- la continuidad del fracaso. Mandos mixtos y guardias nacionales y el desmantelamiento de los cárteles y mano doblemente dura. El único que ha esbozado algo distinto es Andrés Manuel López Obrador con una oferta de amnistía, cuyo significado está en ciernes. Olga Sánchez Cordero dice que será definida por el Congreso y no por un solo hombre. Alfonso Durazo explica que será aplicable a la población más vulnerable como campesinos, pequeños productores, la población en prisión por posesión de drogas. AMLO promete que convocará a expertos a darle cuerpo a una propuesta que pareció una ocurrencia y ahora es tema central de su campaña. El puntero lanzó una idea al aire y ahora sus intérpretes se están encargando de explicar lo que en realidad quiso decir, cuando ellos tampoco lo tienen claro. La amnistía es una hoja en blanco sobre la mesa, con un montón de escribanos trabajando ahí.

Aun con sus ausencias, aun con sus contradicciones, el cambio de la narrativa es aplaudible. Bienvenidas las propuestas que impliquen un adiós a las armas, un fin al festín de la muerte. Bienvenidas las iniciativas que denuncien una guerra librrada por irresponsabilidad, o búsqueda de legitimidad, o ignorancia. Pero el cambio de ruta no puede ni debe quedar sólo en palabras aspiracionales o discursos emotivos o tuits jocosos de #AMLOVE. La amnistía tal y como la ha planteado el equipo de López Obrador hasta el momento encara algunos síntomas del problema pero no sus causas profundas. La violencia no cesará con tan sólo perdonar a quienes siembran mariguana; el tráfico de drogas no terminará con tan sólo exculpar a quienes la transportaban. La amnistía planteada es un paso en la dirección correcta, pero un pasito de bebé. Es un centímetro de avance, cuando faltan muchos kilómetros por recorrer. Como lo ha sugerido Alejandro Madrazo del CIDE, la oferta de amnistía debe formar parte de un paquete integral de reformas capaces de regular mercados, cambiar incentivos, remodelar instituciones, regresar al Ejército paulatinamente a los cuarteles, asegurar la justicia, prevenir la violencia. Acabar con el negocio de la guerra, pues.

Con una abrogación de la Ley de Seguridad Interior porque de otro modo no habría incentivos para profesionalizar a la policía o presionar a los gobernadores a que asuman su responsabilidad, como plantea el movimiento #SeguridadSinGuerra. Con una focalización en el delito de homicidio y la recuperación de la perspectiva local para combatir la inseguridad, como plantea México Evalúa. Con una procuración de justicia construida sobre fiscalías autónomas del Presidente en turno, como exige el colectivo #FiscalíaQueSirva. Con nombramientos a instituciones gubernamentales que no se rijan por la lógica de cuotas y cuates, para ir recuperando la confianza en el Inai, en el INE, en el TEPJF.

Este es el camino para andar; estas son las condiciones necesarias, pero no las condiciones suficientes. Sólo habrá un buen destino si AMLO ofrece el paquete completo: cambiar el paradigma sobre las drogas y asegurar tanto su despenalización como su regulación. De nada servirá otorgarle amnistía a alguien para que abandone un negocio lucrativo, si no se le ofrecen alternativas, y eso transita necesariamente por crear mercados de mariguana. Como dijera Benjamin Franklin, nunca hubo una buena guerra o una mala paz. A garantizar la paz entonces, pero en serio.

FUENTE: NORESTE
ENLACE: https://bit.ly/2K7vTCe



Categorías:DENISE DRESSER, OPINIÓN, SEGURIDAD, SOCIEDAD

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