El Día de los Trabajadores, los movimientos sociales y el partido político | Jesus Solís Alpuche

Ayer tuvimos un Día Internacional de los Trabajadores más, en el que la Clase trabajadora, se vio abiertamente dividida entre las mayorías inútiles corporativizados al PRI y los Independientes.  Muchos opinan que los movimientos sociales son antagonistas de los partidos políticos. Y esto se debe al descrédito de la representación, o de las campañas de las ONG extranjeras que desean tener dominio sobre tales movimientos, expectativa que perderían si éstos se articularan con algún partido democrático. Otros piensan que los partidos no necesitan de los movimientos sociales, sino éstos del apoyo de los partidos, como históricamente se ha impuesto en México.

Opino que los movimientos sociales sin articulación con algún partido político progresista, o de la Izquierda involucionan auto referentemente a sus fines particulares y pierden el sentido de los problemas de la sociedad. Por otra parte, el partido que no se articula con los movimientos sociales, o como el PRI, los usa como clientela, manipulada y lo mantiene sometido al control, pierde el sentido de los requerimientos incumplidos del pueblo al que dice intentar representar en el ejercicio del poder, cuya soberanía recae en el pueblo mismo cuando entra en Movimiento.

Desde los tiempos exitosos del PRD se habló de un Partido en Movimiento. Pero se impuso el partidismo. Posteriormente en 2011 nació el Movimiento de Regeneración Nacional, (Morena), que en breve tiempo arraigó miles de ciudadanos inconformes con la partidocracia y varios movimientos sociales. Al adquirir Registro como partido el 9 de julio de 2014, Morena en cada elección pierde mística, además que suplanta a sus mejores cuadros con experiencia, por advenedizos del PRIAN. El objetivo de la Regeneración y el Cambio Verdadero se empieza a diluir.

Un movimiento social sin articulación con un partido político progresista termina por encerrarse suicidamente en sus estrechos intereses gremiales. El partido sin articulación con dichos movimientos se fetichiza igualmente separándose del palpitar del pueblo oprimido, pierde presencia en la base de la sociedad. Estos dos aspectos de vinculación y desvinculación entre Partido y Movimientos, impide toda posibilidad de Regeneración Política y social en el país.

El Partido-Movimiento no inventa sus propuestas de gobierno futuro, ni excluye a sus fundadores, sino que, ejerciendo un poder obediencial, conduce en el consenso los objetivos formulados por los que luchan en los movimientos sociales. Son éstos los que planifican los componentes o la materia del proyecto. Y es hegemónico porque incluye como fines los requerimientos exigidos para el cumplimiento de las necesidades reales y sufridas por la insatisfacción de los miembros de la sociedad en general, involucrados en dichos movimientos; es decir, de la mayoría del pueblo, organizado bajo la conducción de sus líderes naturales surgidos en esas luchas por el reconocimiento de sus derechos y necesidades.

El liderazgo social nacido de las bases debe articularse, y no subordinarse, al liderazgo político, y la organización de los movimientos debe siempre guardar autonomía con respecto al partido, que debe respetar su libertad de movimiento. El que manda mandando es el movimiento social, en tanto que propone los fines requeridos por el sector del pueblo que moviliza, fines que se formulan desde la injusticia del sistema que sufren los miembros del movimiento.

El partido debe aprender a mandar obedeciendo el mandato de los movimientos en cuanto a la materia y objetivo de la acción política. Los movimientos, que generan las participaciones del pueblo, deberán por su parte vigilar al partido (y sus representantes) para verificar si cumplen con los requerimientos estipulados por consenso (de los movimientos y del partido) y señalar al partido en el caso de incumplimiento. Los movimientos proponen los fines particulares. El partido, por su parte, transformará en proyecto global del nuevo Estado de acuerdo a las necesidades propuestas por los movimientos para la satisfacción de sus requerimientos y ejercerá consecuentemente un poder obedeciendo a los movimientos, que le aportarán la fuerza o potencia viva del pueblo (esencia material del auténtico poder político). Sin esta fuerza de abajo el partido se fetichiza, se corrompe y se transforma en un instrumento corrupto de las oligarquías, o de los poderes fácticos (como sucede con el PRIAN) que se sirve del pueblo y no sirve al pueblo.

Los movimientos sociales no deben ser interpretados por el partido como masas numéricas que les aportan votos en las elecciones como hace el PRI. Mucho antes que eso y siempre, los movimientos sociales auténticos, autónomos, dignos (no charros y corruptos) aportarán entonces al partido los objetivos hegemónicos, la fuerza de la vida que requiere cumplir sus necesidades particulares, teniendo gracias al partido progresista un horizonte en todo el territorio y de la población global del Estado.

Si en algo Lázaro Cárdenas tuvo un claro sentido político es porque articuló movimientos sociales y partido (PRM- 1938-1945), aunque en 1946, Ávila Camacho y Miguel Alemán con la fundación del PRI, lograron corromper esta relación imponiendo a los charros en la CTM, la CNC y la Fstse, contra el mismo pueblo que los integraba. Desde entonces la clase trabajadora mexicana pierde movilidad en defensa de sus derechos. Los líderes al servicio del gobierno despolitizaron y paralizaron a los obreros, a los campesinos y a los empleados públicos enajenándolos tanto del valor de su trabajo, como del interés patrimonial sobre las fuentes de riqueza nacional, como son petróleo, tierras, aguas, minas y demás riquezas naturales que nos pertenecen. Enajenados de su conciencia de clase social, desaparecidos sus derechos en la Constitución, la Clase Trabajadora mexicana, es un simple instrumento humillado en partidos que ya no tienen un proyecto de nación, sino de clara dominación sobre un pueblo empobrecido, oprimido, secuestrado en su pobreza y violentado.

Pero aún es tiempo de volver a articular los numerosos movimientos sociales en lucha por sus necesidades con un partido que se ponga a su servicio, situándose también los movimientos al servicio global (sin perder su autonomía particular) de la Regeneración de la Patria ensangrentada.

Los movimientos magisteriales, electricistas; telefonistas, de jubilados y pensionados, migrantes y demás víctimas de secuestros del crimen, de la droga, de la policía; las autodefensas cuando son organizadas por las comunidades mismas, de los oprimidos por su género y su color mestizo; de los obreros; de los campesinos; de los pueblos originarios; de los marginales urbanos; de las mujeres y los hombres de la tercera edad sin pensión; de los ecologistas, y de muchos otros, en especial de los jóvenes descartados como ninis, siendo que deben ser considerados la esperanza desaprovechada del pueblo, todos ellos constituyen la inmensa mayoría, que si articularan un proyecto hegemónico de Regeneración Política Nacional, serían una fuerza incontenible que ni el fraude, ni la compra de votos nos podría vencer.

chantzacan@hotmail.com



Categorías:Jesús Solís Alpuche, OPINIÓN, POLÍTICA

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