El silencio | Jorge Volpi

De lo que no quieren hablar es de la causa que está detrás de la violencia.

Los oímos hablar mañana, tarde y noche. En precampaña, en intercampaña y muy pronto en campaña, sean lo que fueren estas denominaciones. En cada estado y en cada municipio que visitan. En cada entrevista en prensa, radio y televisión. En cada discurso, en cada arenga, en cada mitin. Los oímos hablar sin tregua, como si en realidad no hicieran otra cosa. Para acusarse mutuamente, para increparse, para denostarse. Para soliviantar a sus incondicionales y para amedrentar a sus adversarios. Para prometer que resolverán todos los problemas del país, para prometer que serán intachables, para prometer que sólo ellos podrán salvarnos. Palabras y palabras y palabras. Un blablablá continuo, ininterrumpido: el ruido de fondo en nuestra vida cotidiana.

Y, detrás, el silencio.

Un silencio ominoso, grotesco, salaz. Porque ellos, nuestros verborreicos candidatos a la Presidencia, hablan y hablan para impedir que ese silencio los exhiba. Para tratar de que ese silencio no los ponga en evidencia o en ridículo. Para hacer como si ese silencio no existiera. Enfrascados en sus inagotables soliloquios, hacen hasta lo imposible por no referirse a uno de los temas cruciales de nuestro aciago tiempo mexicano: la guerra contra el narco, desatada en 2006 y continuada de manera ininterrumpida hasta nuestros días.

Se refieren si acaso, oblicuamente, a la violencia; prometen, como tantas cosas, acabar con ella, pero ninguno cuenta con un plan concreto, con una alternativa a lo hecho hasta ahora -nuestro fracaso continuado-, con alguna idea refrescante o profunda. Todos prefieren evadir las causas del conflicto de puntitas, pasar rápidamente por el tema o apuntalarlo con ocurrencias de último momento antes que enfrentarse directamente, cara a cara, al mayor de nuestros desafíos. Sí, al mayor, porque ningún otro -la desigualdad o la corrupción en primer término- ha provocado decenas de miles de muertos, de desaparecidos, de desplazados.

Es entonces, al recordar estas cifras, que su silencio se hace aún más incómodo, más irritante, más obsceno.

Porque de lo que no hablan, de lo que no quieren hablar, es de la causa que está detrás de la violencia y sus incontables víctimas. Porque de lo que ninguno quiere hablar es de las drogas, de nuestra absurda política de drogas, y de la necesidad de alterarla radicalmente.

PAN y PRI se ven atados de manos: el primero como responsable de lanzar la guerra contra el narco y el segundo de continuarla y reforzarla. Por más que Anaya esté peleado a muerte con los calderonistas -aunque Margarita Zavala haya dejado el partido muchos de sus simpatizantes continúan en sus filas- y que se esfuerce por sugerir una posibilidad más abierta, en realidad no ha fijado una postura sobre la legalización de las drogas, empezando con la mariguana. Con el nuevo conservadurismo que lo impregna con la llegada de Meade y Arriola, el PRI es aún más reacio a siquiera discutir el tema. Hace seis años todavía podría haberlo intentado como respuesta al desastre dejado por el PAN, pero ahora, tras demostrar que siguió su misma estrategia -solo con menos énfasis mediático-, no se atreve a tocar el asunto.

Más penosos son los casos del PRD y de Morena. Quienes en teoría deberían representar las posiciones más abiertas, también prefieren ese silencio. En ambas agrupaciones hay unos cuantos activistas que insisten en discutir el tema de la legalización, pero son voces aisladas, casi perdidas frente a la indiferencia de sus dirigentes. Convertido en comparsa del PAN, el PRD no parece interesado en poner este tema en la agenda central del Frente. En Morena, mientras tanto, López Obrador mantiene el mismo conservadurismo social al que nos ha acostumbrado y, dueño absoluto de su discurso, no se plantea abordar el debate.

¿Cómo es posible, me pregunto, que ninguno de los tres candidatos punteros se atreva a entrar en el asunto más urgente para el país? ¿Cómo es posible que su silencio no nos parezca vergonzoso y ultrajante? ¿Cómo es posible que, con su silencio, les permitamos seguir siendo cómplices de las miles de muertes inútiles que nos asedian desde hace doce años?

FUENTE: GRUPO REFORMA

VÍA: TWITTER

ENLACE: http://bit.ly/2p303yp



Categorías:Jorge Volpi, OPINIÓN, POLÍTICA

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