¿Y los gobiernos de continuidad?

Todavía recuerdo aquellas batallas campales de legisladores de uno y otro partido político en el Congreso de la Unión donde se discutía la posibilidad de reelegir a diputados, alcaldes e incluso senadores por dos períodos seguidos, esto, con el argumento de darle continuidad a sus proyectos en sus municipios y estados; nunca se quiso tocar el caso de la segunda vuelta electoral, mucho menos los desafueros y la decisión popular de poder sacar a un mal funcionario, elegido popularmente, de su cargo.

Hoy vemos con gran descontento que muchos de aquellos políticos que apoyaron las iniciativas a la más reciente Ley Electoral, sencillamente no fueron congruentes; no hay muchos intentos de reelección, otros van por las curules sin hacer el esfuerzo siquiera de ganar la simpatía de los votantes, y, lo que es peor, muchos alcaldes de ciudades importantes, como el caso de Mérida, optaron por olvidarse de su compromiso y buscar un puesto más grandes, o sea, la gubernatura de su estado.

Entonces, es cuando surge la pregunta ¿por qué tanto show mediático? ¿por qué tanta simulación?

Mientras tanto, el pueblo, ese que se despoja de su fin de semana cercano al día de la elección, tendrá que asumir que, una vez más, jugaron con él; tendrá que ir a las urnas cumpliendo con su obligación cívica y en, muchos casos, los pobladores de comunidades marginadas, deberán ser abordados por las aves de rapiñas de sus colonias para someterse a la voluntad del más fuerte.

Esa es la estrategia de cada seis años en el caso de la Presidencia de México gubernaturas y senaduría, y cada tres años en el caso de la conformación de la Cámara de Diputados, las alcaldías y los “honorables” Congresos de los estados.

Lo último que quieren, nuestros “queridos políticos” es darle continuidad a los proyectos que iniciaron; lo que hacen, es dejarle la responsabilidad a otros mientras hacen del período electoral, una fiesta para sus bolsillos en conjunto con sus colaboradores más cercanos, mientras engañan a los jóvenes, que, entusiastas apoyan a uno u otro candidato creyendo que serán tomados en cuenta si su candidato logra el triunfo.

Pero la esperanza, ya lo han dicho hasta el cansancio, aún persiste.



Categorías:Editorial, IDEAS DEL DIRECTOR, OPINIÓN, POLÍTICA

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