Una Sonata, un Schubert y un Vivaldi en el Museo de la Canción Yucateca | Víctor Salas

El Museo de la Canción Yucateca ha diversificado sus actividades y ampliado sus horarios, al proponer a los melómanos de la ciudad, una temporada de conciertos ajenos a nuestra música vernácula.
En este contexto se presentó la Orquesta de Cámara Fritz Kreisler bajo la batuta del maestro José Luis Chan Sabido.

Me parecería impropio escribir parrafadas acerca de la Misa de Schubert y del Gloria de Vivaldi. O establecer un anecdotario sobre la composición de dichas obras, tan conocidas que casi resultan del dominio público.

Centraré mi comentario en la tarea divulgativa del maestro Chan Sabido que en aras de la música lo mismo anda en la policía, en el Escudo Yucatán, en el Centro Cultural de Motul, que en su escuela musical. El maestro no se detiene. Pacta, une actividades, busca por dònde entrar y poner a la música a sonar. Esa tarea me parece invaluable y lo determinante de Chan.

En esta ocasión unió su esfuerzo a otro indoblegable ser, que es la maestra Nidia Góngora, que tuvo bajo su responsabilidad la dirección de las partes corales. A ambos los unen características semejantes en la música. La divulgación parece ser un objetivo fundamental en la vida de estos dos personajes maravillosos.

Hay logros muy claros en la tarea de estos andantes musicales y es, el público que asiste a sus eventos compuesto por gente muy joven. Claro, hay también adultos y entre esta diversidad, el patio de butacas se vio bastante ocupado, tomando en cuenta que era sábado de carnaval.

Entre obras corales se interpretó la Sonata para contrabajo y orquesta en la menor, de Henry Eccles. El contrabajista recibió muchos aplausos en cada uno de los cuatro movimientos de la obra. Y al finalizar, ni se diga.

Evidentemente el trabajo desplegado por José Luis y la Maestra Nidia está impregnado de cualidades, de una voluntad por encima de todas las cosas, de un esfuerzo enorme que hacen llegar a cada uno de los atrilistas y coralistas convirtiéndolos, entonces, en parte esencial del engrane necesario para mover la maquinaria de unas obras como la Misa de Schubert y el Gloria de Vivaldi.

Quizá a José Luis Chan solamente le hace falta hacer lo que Víctor Argáez ha hecho, que es tomar la calle consuetudinariamente.

Elevar sus notas al alto cielo para ver si de ahí baja la voz que le permita llegar a donde él quiere o tal vez, aparezca un viandante con voluntad de mecenas y entonces… se milagrisen las cosas de Chan.
La calidad musical y coral está confirmadísima. La aprobación del público lo comprueba.

No hay más ruta que la música en la vida de José Luis Chan Sabido y en la de Nidia Góngora.

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