María Alicia Martínez Medrano, Un ser humano excepcional | Ariel Avilés Marín

A fines del año de 1975 asistí al Teatro del Seguro Social a un ensayo de una obra que prometía ser sumamente novedosa. Era teatro por y para niños. En el escenario había montada una gran estructura de madera, compuesta por muchos nichos en los que había, en cada uno, un niño; eran muchos niños, de diferentes edades que fluctuaban entre los tres y los catorce años y todos ellos se movían al influjo de una voz poderosa que inspiraba respeto y autoridad, aquella voz fuerte y sonora correspondía a una dama de alta estatura, enérgica, recia, que parecía un coronel del ejército, pero con una ternura hacia los niños que irradiaba luz de su persona; ella era María Alicia Martínez Medrano, una gente de teatro de calidad sobresaliente, y una persona de niveles de sensibilidad que hicieron de ella un ser humano excepcional.

María Alicia llega a Yucatán en circunstancias adversas en su vida, siendo una de las activistas del Movimiento Estudiantil del 68, las puertas de casi todos lados se habían cerrado para ella. En México, había logrado librar la cárcel en Lecumberri, y mantuvo contacto con los compañeros, presos políticos del Comité de Huelga, a quienes visitaba los domingos con sus entrañables amigas Paz y Pilar Fernández. Muchas tardes, en casa de Pilar, nos reímos mucho con los cuentos de sus audaces hazañas de esos días, entre sorbo y sorbo de café, en los legendarios potes de leprosario, en los que Pilar nos servía la aromática bebida. “Llegábamos y había que pasar la revisión de la guardia <¿qué traen ahí?>, nos preguntaban. Una gelatina de manzana – respondíamos, y nos dejaban pasar. ¡El detalle era que, la gelatina traía una botella de ron en su composición!”, y soltaba una sonora carcajada. “Era para que los compañeros disfrutaran de una copita los domingos”.

A su llegada a nuestra tierra, amante como era del teatro, entra en contacto con el gran director Virgilio Mariel, de quien se declaraba discípula y a quien rindió homenaje con sus primeros trabajos de dirección en nuestra tierra, al frente del Taller de Teatro “Virgilio Mariel”. Estas puestas, de una gran calidad, están casi olvidadas en la historia del teatro en Yucatán, lo cual es lamentable, pues son de calidad superior.

Muestra de ello fue “El Silencio de Dios”, maravilloso collage de textos poéticos de autores como León Felipe, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz o Pita Amor. En este montaje participaron inolvidables actores como Joaquín Cortes, Graciela Buchanan,María Teresa Sansores y Eduardo Vichil. La temporada de estreno de esta puesta se llevó a cabo en el traspatio de casa de Pilar Fernández y se inicia la temporada el 15 de diciembre de 1975. A unos días del estreno, asiste a una función el gobernador Dr. Francisco Luna Kan. Hombre sensible y progresista como es el Dr. Luna, después de ver la obra expresó: “Esto debe de verlo mucha más gente” y le autoriza al grupo el uso del exconvento de La Mejorada, y la calidad de la puesta sube notablemente. Una noche de función, al final de la obra, la música de fondo era el Aleluya de El Mesías de Handel; falla el sonido y a María Alicia se le ocurre un genial recurso, le dice a Eduardo Vichil: “No hay sonido, cántalo”. La voz de Eduardo, con la presión del momento, resonó con una emoción muy profunda. Al día siguiente, las crónicas de prensa consignaban: “El final, con el Aleluya de Handel, hizo romper en llanto a muchos de los asistentes a la función”.

Otra memorable puesta del Taller de Teatro “Virgilio Mariel”, bajo la dirección de María Alicia, lo fue “Más allá del amor” de Federico García Lorca. Esta excelente puesta en escena, se llevó a efecto en la capilla de la Hacienda Chichén Itzá propiedad de la familia Barbachano, quien cedió el espacio para ello. La obra estuvo en escena los fines de semana de febrero, marzo y abril de 1976. El elenco de la obra estuvo encabezado nada menos que por María Rojo, quien compartió protagónico con Adalberto Parra y Carlos Aguilar; la puesta hizo concurrir a este lugar a un número muy considerable de espectadores y fue muy aplaudida por la crítica.

Es digno de mencionar también, el montaje en escena de “Una edad feliz”, obra inspirada en el texto de “Lilus Kikus” de Elena Poniatowzka, y también una excelente producción por y para niños, donde, los hermanos De la O nos dieron el campanillazo de los excelentes actores que serían en el futuro.

María Alicia, junto con su profundo amor al teatro, mantuvo siempre su postura de luchadora social, esto quedará evidenciado en los proyectos que inscriben su nombre entre los más grandes de México. La labor desarrollada en el Centro Cultural de Cordemex y el proyecto que creó e hizo realidad los Laboratorios de Teatro Campesino e Indígena, dará cuenta de ello. En estas labores, María Alicia asume un papel toral en el acercamiento a la cultura y las artes de las clases marginadas, y estos proyectos rinden frutos que están vivos hoy en día y que han tenido como producto de calidad incomparable, gente pensante, con conciencia de sus raíces, con una visión clara y certera de quiénes son y hacia dónde deben marchar.
La labor desarrollada en estos proyectos, es muy amplia, y un artículo no es el espacio suficiente para dar, aunque sea, una ligera noticia de lo que son y sus más trascendentes logros, por lo que nos avocaremos a publicar otros más que den cuenta de ello.
María Alicia Martínez Medrano, fue una mujer valiente, una gran luchadora social, una activista siempre congruente, antes que nada, consigo misma, cualidades que hacen de ella un ser humano excepcional.



Categorías:ARIEL AVILÉS MARÍN, ARTE

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