El arte de la resistencia y la ruptura en Yucatán | Jesús Peraza Menéndez

Los ciclos de los florecimientos estéticos regionales han sido puntalmente específicos y son poco estudiados, confundidos con otras producciones plásticas yucataenses. Se registran con las expresiones imaginativo-existenciales tangibles en construcciones singulares desde tiempos precolombinos, en esta época plenamente maya hay una sola historia del arte, quizá el más estudiado, conocido y difundido es del preclásico, el clásico y posclásico hasta antes de la invasión española.

Después en los siglos XVI, XVII y XVIII, en la Colonia, los mayas con los frailes españoles dominaban la técnica europea en pleno manierismo renacentista en Europa, con el perfeccionismo anatómico con geometría y cálculo matemático aplicados a la pintura y escultura que no floreció en Yucatán, sino que le impusieron un sesgo religioso restringiéndolas, aunque en Yucatán la geometría y las matemáticas eran de aplicación común, sabían más del sistema solar y del movimiento eterno con los ciclos y dominaban las expresiones plásticas con materiales, técnicas e imaginarios propios.

Con la Colonia, en el aislamiento provinciano en condiciones de ínsula de tráfico difícil continente adentro, ya que surcaban algunos ríos en Campeche que vertían sus aguas a lagunas marinas, en su conjunto conforman un gran sistema de ciénagas en Yucatán y el Gran Arrecife en Quintana Roo, se volvió coto reducido a los mandatos canónicos. Las artes plásticas fueron destinadas a la decoración en la urbano-religiosa con la visión agustiniana “La Ciudad de Dios”, la imposiciones de temas marianos con la virgen Madre de Dios y crucifijos por el martirio y sacrificio que poco dejaron a la imaginación. en los cuadros la oscuridad de fondo para resaltar detalles teatrales o rostros de santos, mártires o personajes distinguidos (el retrato es hasta ahora toda una escuela). Todo lo demás producido es decorativo sin mayor esfuerzo de imaginación.

Esta conducta trasciende y se le adjudica el título de “lo yucateco”, la colectividad de reducida de élite urbana que no soporta las reminiscencias de expresiones consideradas “populares o indias-mayas”.

“Lo yucateco”, comprendido en esta apropiación de privilegio racial es urbano-criollo y la élite mestiza con aspiraciones señoriales con esa negación traumática del aporte maya-cultural-consanguíneo, tal como lo explica Octavio Paz en el Laberinto de la Soledad y su largo prólogo a su obra Juana de Asbaje.

Lo maya-yucateco no deja de existir sino se “invisibilizada” se le coloca con la implícita condición de “ser yucateco”, con el rasgo superior de la nobleza cortesana como fundamento del modo de vida. Eduardo Urzaiz lo capta con objetiva mirada: “En esa vida de aldea grande con pretensiones y nombre de ciudad… Este desprecio por el arte maya y por los restos que de él han sobrevivido a la acción del tiempo y a la indiferencia de los conquistadores misioneros, ha persistido por los siglos en los yucatecos.” (Urzaiz. 1974, ob. cit., p.564). Así, las artes plásticas con sus creadores mayas fueron sometidas a una función “subordinada”, destinada principalmente a la decoración y el homenaje de personajes y sobre todo, con la escultura estratégica para la inducción teológica y luego la cívica que se conformó en una matriz nacional católica, además implantada visualmente (Franco,2003, pp. 22-45 ). Lejos de todo placer inteligente recreador.

La energía creativa de la estética maya permanece y resurge de tiempo en tiempo. Es una corriente orgánica autopoética – se crea a sí misma- del arte en el mundo antes de la conquista, lo he apuntado antes, y con la globalización, con el mar Atlántico como vía de comunicación, aparece apenas derrota los prejuicios, hilvanando su originalidad regional con el aporte europeo. Es a la vez intercambio de técnicas que de imaginarios. Surge un arte original que no había existido con expresiones singulares que llevan su tradición, en concreciones pictóricas y escultóricas ricas, lo denominaron los frailes de “realismo fantástico” (Guadalupe Victoria, 1986). Para los mayas el arte es una expresión en sus tradiciones comunitarias espirituales. De este arte original hay reminiscencias gráficas en Valladolid, en la pintura mural católica con pigmentos orgánicos de la región. Existen reminiscencias de la biología del conocimiento son los magníficos dibujantes, pintores y escultores que renacen con el resurgimiento de la revolución con las reformas socialistas de Felipe Carrillo Puerto y Salvador Alvarado.

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