La filosofía de José Martí, una filosofía universal | Ariel Avilés Marín

En días pasados se ha llevado a cabo una serie de actos y eventos con el objeto de conmemorar un aniversario más del natalicio de José Martí, el apóstol cubano, el recogedor de la esencia del espíritu de Simón Bolívar y su visión de unión entre los pueblos de América. Efectivamente, Martí es para el pueblo cubano la figura señera del espíritu libertario, es el Padre de la Patria; Martí es a Cuba, lo que Hidalgo a México. Pero Martí es mucho más que sólo eso. Martí es un profundo filósofo cuyas ideas son aplicables prácticamente en forma universal, y eso se debe a que llevan implícitos valores de orden general, de esos que no conocen fronteras ni límites.

Año con año, en el Parque de las Américas de nuestra ciudad, un numeroso grupo de personas se da cita para hacer ofrendas florales ante el busto del apóstol. Además, desde hace ya algunos años, y a iniciativa del Dr. Armando Hart Dávalos, el natalicio de Martí ha sido declarado como “Día de la Identidad Latinoamericana”. Todas estas actividades llaman la atención de mucha gente, muchas veces en la calle me preguntan: -¿Por qué tanta celebración aquí en Mérida por Martí? Si Martí es un héroe cubano. Hay que entender que Martí es mucho más que sólo un héroe cubano, Martí es el filósofo más profundo y trascendente de América, sus principios, su filosofía, su pensamiento en sí, deben ser tomados como la más profunda entraña de los pueblos de la que él llamó: Nuestra América.

A través de la historia, al producirse a lo largo de nuestro continente la fusión de las múltiples culturas que integran el ser latinoamericano, se va forjando una personalidad común entre nuestros pueblos. El primer prócer en advertir esta naturaleza fue Simón Bolívar, El Libertador. Bolívar soñó y planteó la necesidad de unión entre todos los pueblos de América que compartían un pasado común, es decir que, como posteriormente dijera Martí, se incluyera en esta unión a todos los pueblos que “hablan español y le rezan a Jesucristo”. Así pues, Bolívar es el antecedente sin el cual la filosofía de Martí no tendría sentido.

Cuba sufrió la calidad de colonia española hasta fines del S. XIX, fue la última nación de América Latina en alcanzar su independencia; los fallidos intentos de libertad contra la dominación española obligaron a Martí a vivir muchos años de exilio. Vivió en los Estados Unidos, en México, en Uruguay; ese peregrinar de una nación a otra le dio a Martí una imagen extensa y plural de la naturaleza de nuestro continente y, con ello, sus principios filosóficos sufrieron la percepción de un espectro multicultural de nuestros pueblos y le dieron una visión amplia y profunda de nuestras realidades.

Los años de estancia en Nueva York, capital económica y social de la Unión Americana, le acercaron a percibir las ambiciones del imperio y su afán expansionista y explotador. Esta experiencia lleva a Martí a exclamar: “Conozco al monstruo, puesto que he vivido en sus entrañas”. En sus cartas a Manuel Mercado, su gran amigo mexicano, su hermano, como el apóstol lo llamó, le advierte al pueblo de México el latente peligro que la vecindad y colindancia con el país más poderoso del orbe le significaba. La visión de Martí, en vivo y objetivamente, la estamos viviendo aquí y ahora, al estar el imperio en manos de un verdadero desarbolado.

Los homenajes locales a la memoria de Martí están perfectamente fundamentados; lo están en la validez de sus principios, comunes a todos los pueblos de América Latina, lo están en la esencia del pensamiento libertario que compartimos día a día estos pueblos que luchamos por una vida más justa para todos los que integramos estas naciones, lo están en el futuro mejor y promisorio que puede alcanzarse si tomamos conciencia de quiénes somos y hacia dónde vamos, lo están en la doctrina común que puede lograr, en un futuro no lejano, una comunidad de pueblos unidos, fuertes y libres, con poder de autodeterminación sin condiciones impuestas por los poderosos.

La filosofía de Martí, sus obras completas, integran la friolera de veinte tomos, en los que encontramos poesía, teatro, periodismo, filosofía y muchísimas cosas más. En una plática con un joven universitario de la Universidad de La Habana, me dijo: “Oiga ‘usté’ caballero, Martí escribió de todo, absolutamente de todo; si ‘uste’ dice: pajarito volando, y revisa la obra de Martí, seguro encontrará que escribió algo sobre pajarito volando”.

En el amplio panorama de la obra martiana, hay que destacar esencialmente dos obras: el ensayo “Nuestra América” y la obra dirigida a la niñez de América y el mundo, “La Edad de Oro”.

En sus estancias en Yucatán, Martí entró en contacto con la cultura maya; queda impactado al conocer, aún en ruinas no restauradas, la emblemática ciudad de Chichén Itzá. En su visita del año de 1877, sucede un acontecimiento trascendente en el estudio de los mayas, el aventurero francés Augusto Le Plongeon, descubre entre las ruinas de Chichén Itzá el mítico Chac Mool. Martí queda impactado ante este personaje de profunda raigambre de nuestra cultura maya, tanto que, se hace un autorretrato, poniendo su rostro al cuerpo del Chac Mool. Como era de esperarse, Martí también dedica una importante parte de su obra a la cultura maya, y en especial al Chac Mool.

El proyecto original contemplaba que, La Edad de Oro, fuera una revista periódica compuesta por muchos números; el proyecto total no pudo llevarse a cabo, únicamente cuatro números salieron a la luz. Estos cuadernillos han sido agrupados y publicados con el título común que habría de tener la colección, y es lo que hoy conocemos como La Edad de Oro, obra fundamental para la niñez de América y el mundo. Es muy loable que como fruto del convenio firmado el pasado mes de octubre entre la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de Yucatán y el Centro de Estudios Martianos, de La Habana, Cuba; ahora, aquí en Mérida, haya visto la luz una magnífica edición de esta obra, cuya portada es un facsímil del original publicado en el S. XIX. La edición de la obra se está distribuyendo a todas las escuelas del nivel medio de nuestro estado, para que los niños de Yucatán conozcan el pensamiento de José Martí.

Hay que destacar el empeño puesto por la Lic. Verónica García Rodríguez, directora de la Unidad Editorial de la Secretaría de Educación, para hacer realidad este importante proyecto. Llevar a nuestros niños y jóvenes la filosofía martiana, es un deber ineludible de la educación en todos los pueblos de Nuestra América.

Aún hay una gran tarea pendiente: reeditar el ensayo Nuestra América, es un reto que, seguramente, Verónica emprenderá en un futuro no muy lejano.

Martí es una figura latinoamericana, pero también es universal. Basta una sola frase que redondea la profundidad humana del pensamiento martiano, y que le da nombre a la Conferencia Internacional que se lleva a cabo cada cuatro años en La Habana, y que define el ser y sentir de esta filosofía: “Con todos y para el bien de todos”.



Categorías:ARIEL AVILÉS MARÍN, CULTURA

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