Para despedir la “Noche Vieja” | Jorge Lara Rivera

Olvidado que la medida del Tiempo, dimensión que tanto intrigara a nuestros ancestros mayas, es, quizá, sólo el registro de sus estragos que demasiado hemos creído preocupación exclusiva de los seres pensantes, larga y penosa ha sido para México la senda del 2017, según los agoreros del desastre; vibrante y esperanzado camino, al parecer, de los entusiastas y animosos incorregibles. Sin negar las luces ni omitir las sombras que el año en el adiós trajo para nuestra sociedad, hay tantos amargos recordatorios de la fragilidad de la condición humana, mas cabe calibrar que junto a ellos vino también el deslumbrante destello de la solidaridad y con él la posibilidad de la recuperación de la caridad en la convivencia común.

Frente al innegable récord –histórico– de la mayor cantidad de empleos formales creados en un solo sexenio (y eso que no ha concluido), así como la espectacular recuperación del agro mexicano, consolidando ya al nuestro como uno de los 10 países mayores productores y exportadores de alimentos, aparece también la desazón ciudadana por el aumento de la violencia (que incluye ser considerado entre los 3 peores lugares donde ejercer el periodismo, la persistencia de irregularidades en el respeto a los derechos humanos, y la impunidad del delito).

No obstante, las duras pruebas de los desastres naturales combinados –grandes huracanes y sismos de intensidad mayor– con su secuela de daños catastróficos padecidos por el pueblo, paradójicamente han permitido aflorar la grandeza de México y su gente, siempre dispuesta a ayudar, a luchar contra la adversidad y a reconstruir. (Por cierto, debido tal vez a lo desacostumbrado que se está a saber de gestos solidarios en el menos democrático de los Poderes de la Unión –el Judicial–, ha pasado desapercibido para los titulares de los medios que también allí, menos mal, se hizo ‘una vaquita’ para apoyar a los damnificados por los sismos de septiembre).

En el plano financiero, ahora que se ha ido, por fin, del Banco de México el baquetón Agustín Carstens Carstens escurrido hacia un puesto de mejor nivel con sus amos, gracias a que se colgó los galones por logros que en realidad corresponden a sus antecesores en el gobierno del Banco Central, aparece su fracaso en el control de la inflación y su cinismo para decir que empeorará el próximo; el dólar atraviesa la conocida coyuntura alcista debida a viajes y balances financieros de fin de año y la usual migración de capitales golondrinos.

De cara al horizonte, se torna impostergable aceptar el sádico juego de ‘reality show’ de la Era Trump que prima en las negociaciones para la actualización del TLC (que incluyó una ominosa ausencia de México en la votación de la ONU condenando la provocación estadounidense de reconocer unilateralmente a Jerusalén como capital del Estado judío, desdeñando la resolución de ese organismo que le concede un estatus de ‘ciudad internacional’) y tiene que tomarse en cuenta el dato del nuevo régimen fiscal norteamericano, destinado –para dolor de nuestra ávida clase empresarial– a alentar la repatriación de sus empresas y capitales.

Sí, el cruce de años es sólo un constructo cultural, una ficción. Pero hay que apurar el cáliz y brindar por lo bueno y lo que se desea real, pues sólo si se tiene convicción será plausible transformar las cosas, volverlas realidad.

Así en la tierra como en el sueño, la buena voluntad es insustituible.
Afuera hay alaridos de dolor y matanzas por odio. No nos dejemos perder por el desánimo.

Toda noche termina. Y siempre, siempre, da paso incluso si frío, nublado o lluvioso, a un nuevo amanecer. Nuestro privilegio es saludarlo.

*Artículo publicado con la autorización del autor, colaborador del periódico Por Esto!; léase también en este medio

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista del Diario Arte y Cultura en Rebeldía; en este espacio, ejercemos la Libre Expresión

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