Renán Guillermo, sus años en la cultura y su presea hoy | Víctor Salas

Cuando Renán Guillermo tuvo sus primeros contactos con la actividad cultural de Mérida, ella era una muy diferente a la presente. Iluminación, sillería, audio y todo lo referente a una presentación artística era casi manual.

A él le tocó montar y desmontar mucha infraestructura del siglo pasado. Su disciplina y actitud le permitieron saltar de la calle a la oficina de administración cultural y de ahí a las relaciones con personas importantes que le fueron forjando el carácter y la adicción al desarrollo cultural.

En los momentos difíciles de su vida oficial tuvo la fortaleza necesaria para aguantar y rebasar escollos.

De todos sus cargos, el más importante fue el de secretario de la Cultura y las Artes de Yucatán. En esa posición tuvo oportunidad de demostrar sus virtudes para dirigir la difícil actividad cultural del estado.

En esa oportunidad demostró que aún con limitantes económicas se podían hacer grandes cosas, cosas irrepetibles hasta hoy y no rebasadas por ningún promotor cultural.

Sus ruedas de prensa para anunciar eventos culturales rayaron en el desbordamiento de la imaginación y en la reunión y comunión de todos los artistas y el arte.

La suya fue una etapa de felicidad. Nunca olvidaré las palabras de Sergio Esquivel diciéndome que “es la primera vez que no pido cita para hablar con un secretario, sino que me mandaron a buscar para preguntarme qué necesitaba para una actividad”. O a don Adolfo Patrón Luján, quien después de caminar sobre la calle 60 escuchando música y viendo representaciones teatrales, me comentó que “indudablemente todo eso es producto de Renán”.

Tuve el privilegio de presenciar álgidas reuniones con teatreros que llegaron a los vituperios al secretario y éste, con una calma búdica y sabiduría hindú, se sobrepuso, calmó todos los ánimos, salió delante de la fiereza y logró un aplauso final memorable.

Conste que he estado casi en todas las reuniones que ha habido entre artistas y secretarios, y créanme que nadie como Renán para lograr consensos.

Cuando abandonó la Secretaría de Cultura muchos lo lamentamos, extrañamos su presencia y le pedíamos que regresara a ese puesto. Nunca quiso interferir con las designaciones gubernamentales, a pesar de los nefastos responsables de la cultura de ese momento.

Hoy vive una nueva etapa política, en donde su experiencia cultural prevalece y es un arma eficaz para sus diálogos populares. Ha declarado no tener ninguna aspiración que no sea cultural y eso es formidable, porque habla de su verticalidad con una comunidad artística y cultural, estropeada en muchos momentos de su devenir.

El domingo 26 de noviembre, en el teatro Peón Contreras, le fue otorgada la Medalla Ricardo Palmerín por su actividad en la promoción cultural. Objetivamente es el mejor recipiendario de esa presea en los últimos cincuenta años, por su respeto, tolerancia, desarrollo y diversidad en pro de la cultura de la entidad.

Él nunca lo dirá, pero la primera Compañía Estatal de Danza Clásica fue producto de su amplia visión y comprensión de las necesidades de esa comunidad.

Igualmente, el primer ballet histórico creado en Yucatán, Canek, fue su iniciativa e idea. Por todo ello, ¡Bravo, Renán!, se te quiere y se te extraña en la responsabilidad cultural, donde espero verte de nuevo por el bien de Yucatán.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista del Diario Arte y Cultura en Rebeldía; en este espacio, ejercemos la Libre Expresión

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