Las suites de Carmen ponen en pie a un pletórico Peón Contreras | Ariel Avilés Marín

Un programa de contrastes resultó el séptimo de la XXVIII temporada de la OSY. En la primera parte la plácida tranquilidad, con algunos destellos de gran emotividad, de la Sinfonía No. 1 de Beethoven sirvió como grata introducción para llevarnos, en la segunda parte, a un romanticismo desbordado y con una gran carga de emotividad agitadora del alma que conmovió profundamente al numeroso público que, ahora sí, volvió a llenar “la plaza hasta la bandera”, como se diría en el argot taurino, que bien viene al caso, ya que la Fiesta de Toros juega un papel central en la obra de Bizet. Así pues, el programa tuvo el contraste entre el equilibrado y sensual rococó de la sinfonía, con las arrebatadas suites de la inmortal obra de Bizet. Pocas veces, en la ovación final, tanto público y tan de inmediato se pone de pie y grita: ¡Bravo, bravo!, como una sola garganta, como sucedió al final de este domingo.

Repetidas veces nos hemos referido a la madurez que tiene ya nuestra orquesta, y en esta temporada se ha evidenciado en forma muy particular con los conciertos que han sido conducidos por destacados directores invitados, en los cuales los atriles que integran la planta de la orquesta han sabido responder a la exigencias y formas de los directores visitantes y se han hormado, sin mayor problema, a formas y temperamentos tan diferentes en cada caso; esta semana, el maestro José Areán supo sacar al grupo una sonoridad extraordinaria.

En el concierto de este domingo tuvimos dos ausencias de importancia: Joaquín Melo, flauta principal; y Paolo Dorio, clarinete principal; las ausencias fueron diestramente cubiertas por Raúl Garza, flauta principal de la Sinfónica de Aguascalientes; y por Ranier Pucheux, clarinete co principal nuestro. En las partes de solistas en ambas obras hay que dar un fuerte aplauso, en pie, en primerísimo lugar al concertino Christopher Collins, en especial por sus delicados pasajes en el Nocturno de la Suite No. 2 de Carmen, y a Pucheaux, a Rob Myers, a Garza y a Miguel Galván, por sus partes de solistas en el clarinete, la trompeta, la flauta y el fagot, respectivamente; los integrantes de la sección de percusiones pusieron los acentos certeros para elevar la emotividad en los pasajes que así lo requerían.

Abre programa la Sinfonía No. 1 “Haydiana”, de Ludwig van Beethoven, la segunda menos beethoveniana de sus nueve sinfonías, en ella campea el equilibrado y estético espíritu del clásico más puro, no está exenta de algunos detalles de gran fuerza sonora, como obra de Beethoven que es. El primer movimiento, Adagio molto. Allegro con brío, lo inicia calmadamente el tutti y en seguida flauta y oboe se funden en un dulce diálogo, las cuerdas atacan el tema principal de la obra y la fuerza sube con el redoble del timbal, canta el oboe y responde la flauta y las cuerdas cantan acompañando el diálogo de los solistas; el oboe canta y el tutti le responde, canta de nuevo el oboe y le responde ahora las cuerdas y desarrollan nuevo tema con la flauta; oboe y flauta dialogan de nuevo y las cuerdas acompañan y abordan nuevo pasaje, canta el fagot con las cuerdas y se reaborda el tema inicial, flauta y oboe alternan sus voces; el fagot canta y desarrolla un tema que las trompetas acompañan y el tutti toma de nuevo el tema inicial, oboe y fagot cantan con dulzura y las cuerdas dialogan con ambos, los chelos marcan fuerte y el oboe retoma la voz y desarrolla un tema para volver al diálogo con la flauta; las trompetas hacen subir la emotividad para llevar al tutti al alegre final del movimiento.

El segundo movimiento, Andante cantábile con moto, lo inician los violines segundos y responden violas y chelos y entran las cuerdas todas con los cornos para suaves compases y cantan con alegría las flautas; cornos y cuerdas nos anuncian un nuevo tema con una larga y dulce nota del oboe que acentúa la flauta y se incorporan las cuerdas, los timbales marcan un cambio y cantan los violines segundos con los chelos y los cornos marcan nuevo tema y se une la trompeta cantando con suavidad y el fagot canta con las cuerdas y la flauta con el tutti y el acento de los cornos nos llevan al plácido final del movimiento.

El tercer movimiento, Menuetto: Allegro molto e vivace, lo inicia el tutti acompasadamente y sube con fuerza con el acento de la trompeta y se retoma el tema inicial con fuerza que sube, canta el oboe con los cornos y las cuerdas y el diálogo sube fuerte y baja para subir de nuevo, las cuerdas abordan alegre pasaje que cobra fuerza y nos va llevando al alegre final del movimiento.

El cuarto movimiento, Adagio. Allegro molto e vivace, inicia con fuerte compás del tutti y las cuerdas abordan un pasaje como galopa que marcan los metales y la alegría se desborda y canta el tutti alegremente y sube la fuerza, se retoma el tema inicial y sube con más fuerza aún; la alegría campea con gran soltura y con un fuerte compás que marcan las cuerdas con gran emotividad y se aborda un pasaje rápido que acentúan las percusiones y las cuerdas retoman la galopa que sube con alegría y con un fuerte acento que los timbales remarcan, se entabla un diálogo entre flauta, oboe y fagot y entra el tutti con alegría y el acento de los cornos, la música sube con brillantez y desborda en sonoro final del movimiento y la obra. Larga y fuerte ovación y gritos de bravo hace salir varias veces al director, que va dando los créditos a los solistas a quienes va poniendo de pie.

Después del breve intermedio reanuda el programa con la Suite No. 1 de “Carmen” del francés Georges Bizet, que está compuesta por seis arias y escenas de la ópera del mismo nombre. Inicia la suite con Preludio, que inicia seseante y en el que las voces de trompeta y trombón ponen la fuerza y los golpes, muy marcados, de las percusiones los acentos emotivos. En seguida, se cambia a la alegre Aragonesa en la que pandereta y triángulo hacen entrada para que oboe cante con flauta y responda alegre el tutti en ricos giros de gran alegría y ritmo, las cuerdas marcan un emotivo pasaje con el ritmo de la pandereta y el oboe, la flauta retoma el tema que termina con suavidad, para dar paso al Intermezzo, inicia el arpa con delicadeza y canta la flauta con gran dulzura y suavidad el tema conocido como “Aria de la Rosa”, y el clarinete canta con ella en un delicado contrapunto con remate del corno inglés y las cuerdas entran con pasión, un concertante entre oboe, flauta y clarinete nos lleva suavemente al final del pasaje, para dar paso a las Seguidillas que canta la flauta cálidamente con los chelos en pizzicato, el oboe vuelve a cantar el tema con chelos y bajos en pizzicato y entra trompeta y le responden las cuerdas, canta el tema el clarinete, luego el oboe y la flauta y por último el fagot, el tema se desarrolla y termina con fuerza, para dar paso a la Marcha de los Dragones de Alcalá, que cantan los fagotes a tiempo de marcha y repiten flauta y cuerdas, canta el tema el clarinete con los fagotes y entran flauta y oboe y una suave marcha pone el final del pasaje, para dar paso a la Marcha de los Toreadores, que inicia el tutti con gran fuerza, con los acentos de bombo y platillos y se desarrolla el tema con fuerza y alegría y sobre él la voz aguda del pícolo; cantan las cuerdas el tema tan conocido y lo repite el tutti con alegría y se vuelva al tema del preludio de la obra, que nos lleva al desbordado y alegre final de la suite. El respetable estalla en sonora ovación y gritos de bravo.

En seguida viene la Suite No. 2 del propio Bizet. Inicia con la Marcha de los Contrabandistas, pasaje profundamente descriptivo en el que la dulce voz de la flauta inicia la narración de la escena, en la que se puede ver la caravana de mulas por las laderas de la montaña, las cuerdas entran repitiendo el pasaje y lo retoman la flauta y el clarinete y también las cuerdas y la melodía juega pasando de las maderas a las cuerdas de ida y vuelta en un armónico juego que va tomando cada vez más velocidad y lo canta la trompeta y acentúa la pandereta para rápido y brillante final que da paso a la Habanera, el tema más popular y cantado de la obra, arrancan los chelos con el conocido y gustado tema y lo cantan también los violines y lo retoma la flauta y lo canta asimismo la trompeta y acentúa la pandereta, sigue cantando la trompeta y responde el tutti sonoro y aborda el tema que se repite para fuerte final que da paso al Nocturno, que inician los cornos suavemente y el concertino ataca con gran dulzura y delicadeza y el tutti lo acompaña con suavidad y el concertino canta alegre y delicado, con gran pasión, materialmente gime dulce y sutil y entran flautas y oboe, canta el corno y las cuerdas lo acompañan y la flauta acentúa, el concertino, con gran delicadeza, y los cornos, nos llevan al delicadísimo final del pasaje que da paso a la conocidísima y muy gustada Canción del Toreador, que inicia el tutti con gran fuerza cantando con gran alegría con el fuerte acento de la tuba y canta la trompeta repitiendo el tema varias veces y lo abordan las cuerdas y el tutti, lo retoman las cuerdas y responden los metales y de nuevo canta la trompeta con las cuerdas en pizzicato y de nuevo entra el tutti con gran fuerza y lo retoma la trompeta con la flauta y el oboe se retoma con suavidad y luego con gran brillo para llevarnos al final del pasaje que pasa a La Guardia Montada, que inicia la trompeta con sordina y la flauta y el pícolo cantan a dúo con acentos de la trompeta y las cuerdas marcan en pizzicato con acentos del triángulo y el tema pasa de sección a sección con gran alegría y lo remata el tutti, la trompeta retoma el tema y flauta y fagot dialogan para llevarnos a suave final del pasaje que da paso a la danza Bohemia, que inician los chelos en pizzicato y las flautas toman en alegre dúo, muy marcado en stacatto y se desarrolla y vuelven las flautas co acentos del oboe y entran clarinete y fagotes; oboe y clarinete toman nuevo tema que retoman flauta y oboe y la velocidad y fuerza va subiendo hasta desbordarse incontenible y llevarnos a brillantísimo final que arranca al público de sus butacas y estalla una verdadera locura de palmas y gritos de bravo. El teatro está lleno hasta el último nivel y la totalidad de la multitud, en pie, ovaciona y grita. El director sale varias veces, va dando el crédito a los solistas y la ovación no decae. El director entra y la ovación de público y orquesta sonando los pies en el escenario le hacen salir de nuevo varias veces.

Salimos del Peón Contreras con el pecho todavía agitado por la emotividad del concierto.

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