En Jalisco, los wixárikas recuperan tierras y avanzan en la defensa de sus territorios

La comunidad wixárika de San Sebastián Teponahuaxtlán reclama como suyas 10 mil hectáreas ocupadas por caciques nayaritas. De ellas, apenas les han sido restituídas 182 el año pasado y 63 en esta ocasión, ambas por resoluciones favorables del Tribunal Unitario Agrario.

El pasado viernes 20 de octubre, comuneras y comuneros del pueblo wixárika San Sebastián Teponahuaxtlán y de su anexo, Tuxpan de Bolaños, Jalisco, recuperaron poco más de 63 hectáreas de su territorio, cerca del poblado de Huajimic, Nayarit. Los comuneros y comuneras descendieron a pie desde el poblado de Ocota de la Sierra, hasta el predio conocido como Piedra Bola, invadido desde mediados del siglo pasado por ganaderos de la región.

Mientras descendíamos la pendiente, un comunero nos contó un fragmento de su visión de la historia:

Mi papá me cuenta que nos fueron echando pa’ la sierra cuando la guerra, pero todo eso que se ve ahí abajo es nuestro. Tenemos nuestra resolución presidencial. Son más de 10,000 hectáreas las que están en pleito.

En efecto, la comunidad wixárika de San Sebastián Teponahuaxtlán reclama como suyas 10 mil hectáreas ocupadas por caciques nayaritas. De ellas, apenas les han sido restituídas 182 el año pasado y 63 en esta ocasión, ambas por resoluciones favorables del Tribunal Unitario Agrario distrito 56 con sede en Tepic, Nayarit. Aunque las autoridades han intentado hacer pasar ambas resoluciones como un signo de buena fe del Estado, es necesario resaltar que fue sólo tras años de lucha y organización comunal que los resultados comenzaron a verse.

Las sentencias, por otro lado, no son otra cosa que la restitución del derecho histórico del pueblo wixárika sobre su territorio. El reconocimiento y titulación de sus bienes comunales data de una resolución presidencial emitida el 15 de julio de 1953, y la propiedad colectiva sobre las poco más de 240 mil 447 hectáreas que los constituyen les fueron reconocidas mediante un título virreinal fechado en 1718.

Días antes de la recuperación, se temía que pudiera desatarse un conflicto mayor, pues el 22 de septiembre pasado, los ganaderos bloquearon los caminos que dan acceso al terreno, por lo que el magistrado Aldo Saúl Muñoz López, encargado de ejecutar la sentencia, argumentó que no podía llegar y suspendió la entrega, lo que enojó a la comunidad wixárika. Pero esta vez la historia fue diferente.

Extraoficialmente corrió el rumor de que la titular del predio fue «indemnizada» con poco más de un millón de pesos por el gobierno de Jalisco, por lo que aceptó entregar la tierra. Antes que ofrecer otra muestra de «buena voluntad», este hecho indicaría que los tres niveles de gobierno pretenden neutralizar el conflicto pasando por encima de la organización del pueblo de San Sebastián Teponahuaxtlán.

Una opción, que ya se está aplicando, es mantenerse ciegos y sordos ante las agresiones que los ganaderos e, incluso, el crimen organizado —que opera a sus anchas en la región—, ejercen en contra de las y los wixárikas. Apenas en mayo pasado fueron asesinados los hermanos Miguel y Agustín Vázquez Torres en Tuxpan de Bolaños. El primero fue presidente del comisariado de bienes comunales de San Sebastián Teponahuaxtlán y miembro del Consejo Regional Wixárika por la defensa de Wirikuta. En varios espacios se ha señalado públicamente a miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación como los autores de dichos atentados.

Aunque el camino de Huajimic lucía despejado desde el día anterior, las primeras comuneras y comuneros en arribar al predio escucharon una serie de detonaciones de cuerno de chivo lanzadas desde dicho poblado con el propósito de intimidar a la gente que iba llegando. Sin embargo, salvo este incidente, todo se desarrolló conforme lo planeado. La mayor parte del tiempo se ocupó en esperar al magistrado Aldo Saúl Muñoz López y a su comitiva, quienes no encontraban el camino para entrar al terreno y se veían ir y venir, a lo lejos, en sus camionetas.

Una vez que llegaron, alrededor de 300 comuneras y comuneros wixárikas formaron un círculo alrededor de sus autoridades comunales: el presidente del comisariado Santos Hernández Bautista, la secretaria Tuli Wenima Marisela Serio Carrillo y el tesorero Leopoldo Ramos de la Cruz; quienes recibieron el predio a nombre de la comunidad. Por su parte, el abogado de la misma, Carlos González, comentó que:

Ha sido la organización de la comunidad, la presión que la comunidad indígena de San Sebastián Teponahuaxtlán y su anexo Tuxpan de Bolaños, han sabido ejercer de manera legal y respetuosa, la que ha propiciado que se esté dando este cumplimiento parcial de la justicia.

También informó que para el 16 de enero próximo se tienen programadas diez audiencias de ejecución, que existen 30 juicios en trámite y que aún falta que inicien otros 20. Por ello, exigió a los gobiernos federal, al de Nayarit y al de Jalisco, que den una solución pronta a las demandas de restitución de tierras wixárikas. Además de hacer un llamado a continuar unidos y «no bajar la guardia».

Casi para terminar, se le preguntó a las y los presentes si perdonaban al magistrado por no haber llegado a ejecutar la sentencia el 22 de septiembre pasado, a lo que un coro de voces respondió que sí, explicándole al funcionario que los comuneros y comuneras tienen que reaccionar cuando las autoridades son omisas.

Luego de esta breve ceremonia se procedió a redactar a mano una acta provisional de la entrega, misma que en la semana que empieza será transcrita en una computadora y firmada tanto por las autoridades del tribunal como las de la comunidad. Mientras eso sucede, en el lugar se instalará una familia, acompañada por una guardia comunitaria de 30 personas cuya función es proteger a la misma de posibles acosos y agresiones.

Mucho más que una simple ejecución legal, lo sucedido el 22 de octubre es un paso más en el duro camino cuesta arriba del pueblo wixárika por reconstituir integralmente su territorio y, con él, su forma de vida. Para Marisela —la primera mujer en ostentar un cargo comunal— los abuelos y abuelas que iniciaron y mantuvieron la lucha, aún les acompañan:

Desde niña a mí me ha gustado, me ha interesado y siempre he escuchado cómo van estas tierras, cómo han luchado mis abuelos, mis tíos, mi papá. Ya se fueron, ya no están aquí, pero ellos también lucharon. Y ahorita me siento muy orgullosa de que yo también estoy en esto, pues.

Recuperar y poblar ese espacio implica, por tanto, revertir un despojo territorial y cultural ejercido durante siglos para habitar, de nuevo, la tierra que les pertenece.

AUTORES: Dante A. Saucedo, Regina López, Romeo LopCam y Xilonen Pérez

FUENTE: SUBVERSIONES.ORG

ENLACE: http://bit.ly/2zkvPgX

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