Petita la soltera | Fernando Muñoz Castillo

Divertida obra de teatro popular regional de Yucatán, con una dramaturgia de Alicia García y Tomás Ceballos, armada con varios sketches que el público ha visto y aplaudido por separado.

La misma técnica que en muchos momentos usó Héctor Herrera, “Cholo”, para sus obras: el reciclaje. O como diría algún dramaturgo: el autofusil.

En Petita la soltera, el “reacondicionamiento” de textos resulta afortunado. Y el público ríe y se pasa un rato sano y ameno. Algo que en estos momentos que vive el país se agradece y se aplaude.

Petita es una mujer entrona, arrefaldada, como todas las mujeres del teatro popular regional, que aunque un poco mayorcita, todavía se da a desear de sus enamorados, que parece que todos solo quieren una cosa de ella: sexo. Pero ella, aunque se deja pellizcar y acariciar, quiere conservarse “intacta” para el hombre esperado. Que aunque ansiado no llega, ya ni en sueños.

Esta obra es la entrega de las dos primeras aventuras de nuestro personaje, que de seguro veremos en el escenario, armar y desarmar cualquier revoltillo que se ponga enfrente o en el que ella por sí misma se meta por andar de madre ardiente.

El pasacalle con que abre la obra, por el color del uniforme del policía, nos hace pensar que es una obra que se desarrolla décadas atrás, en una Mérida que ya no será nunca más. Pero no, ya que por la evolución de las dos aventuras, nos enteramos que todo se ubica en tiempo presente.

En momentos, el perfil del personaje de Petita nos recuerda a Petrona, y en otros a Tina Tuyub, en eso de hablar a mil por hora. Petita es como todos o casi todos los personajes femeninos cómicos del teatro, el cine o la televisión, se mete en líos y resuelve hasta lo irresoluble.

Las historias son sencillas, pero significativas en cuanto a que nuestra heroína no es una trabajadora doméstica, sino una secretaria de oficina. Vaya, eso se agradece: el que una yucateca de hipil sea secretaria de un licenciado. Bien por los escritores.

En estos pequeños detalles es donde vemos que el teatro popular regional camina despacio pero seguro hacia realidades más actuales y humanas en cuanto al respeto por el género femenino.

Petita no tiene nada de tonta, será ateperetada pero no boba ni ignorante.

Hubiera sido interesante ver en el transcurso de la segunda aventura, al policía Emeterio, el lascivo pero fiel enamorado de nuestra protagonista, aparecer en algún momento. No olvidemos que el primer personaje que habló como yucateco en un escenario fue el policía creado por don Héctor Herrera Escalante, en la segunda década del siglo pasado.

Ver un teatro lleno, que ríe y aplaude siempre es gratificante, y más cuando este teatro está preocupado por recuperar lo mejor de sus raíces, que ya casi cumplen cien años.

Esperamos con ganas de público satisfecho, la continuación de las aventuras de Petita.

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