La Coparmex y los salarios mínimos | La Jornada

El presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), Gustavo de Hoyos Walther, fijó la postura que ese organismo de la cúpula empresarial llevará a la sesión de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) prevista para mañana: proponer que ese ingreso se aumente de 80.04 pesos diarios a 95.24, mediante el mecanismo conocido como monto independiente de recuperación (MIR), que no se aplica en porcentaje sino en pesos, con la finalidad de evitar alzas salariales que pudieran incidir en un aumento de la inflación anual.

Independientemente de la manera en que se aplicara, en caso de que el incremento fuera aprobado, es claro que tal medida tendría un efecto benéfico para los asalariados en su conjunto y para el resto de la economía, en la medida en que contribuiría a fortalecer el mercado interno y representaría un paso –insuficiente, pero un paso al fin– hacia el objetivo de hacer valer el precepto contenido en el artículo 123 de la Constitución: Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos.

Debe considerarse que en fechas recientes, en el contexto de las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, han tenido lugar presiones hacia México para que incremente los salarios –no sólo los mínimos– que son, en nuestro país, grotescamente inferiores a los que se pagan en Canadá y Estados Unidos. El aumento referido, por tanto, daría elementos a los representantes mexicanos en las pláticas. Pero incluso si el tratado comercial terminara por abortar en la mesa de negociaciones, resultaría imprescindible aumentar los ingresos de los trabajadores nacionales a fin de contar con un mercado nacional fortalecido para hacer frente a tal escenario.

En una perspectiva más amplia, cabe recordar que la política de congelación salarial, aún vigente en el país, se inició en coincidencia con el proceso de apertura de la economía nacional, en los años 80 del siglo pasado, y con el telón de fondo de esa conjunción ocurrieron la destrucción de la industria nacional y la devastación del campo, lo que se tradujo, a su vez, en un flujo migratorio tanto interno como externo y en una catástrofe social que no ha sido plenamente relatada.

A más de tres décadas de la implantación de aquellas políticas, no hay razón para mantener el congelamiento salarial. Si en años recientes no se ha invocado el temor a la inflación para evitar incrementos impositivos y aumentos en los precios de los combustibles, no tendría sentido, ahora, apelar a ese argumento clásico con el que las percepciones de los trabajadores han sido mantenidas en niveles ínfimos.

Es tiempo, pues, de emprender una política sostenida de recuperación salarial, y la propuesta de la Coparmex es un paso en la dirección correcta. Habrá que dar muchos más.

FUENTE: LA JORNADA

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