¿En sus cabales? | Rafael Loret de Mola

Dudo mucho que varios de los líderes mundiales estén en sus cabales, es decir sin ser presas de enfermedades mentales severas contraídas por el también enfermo proceder de sus asesores, consejeros y colaboradores dispuestos a arrastrarse, venerando al “patrón” –como en las peores mafias de narcotráfico-, por encima incluso de la propia dignidad. Quien nunca recibe un no como respuesta, dentro de la cúpula del poder, acaba creyéndose una divinidad intocable, más temprano que tarde, hasta exponer el porvenir de sus gobernados. 
Igual podríamos alegar de los mafiosos.

Los incidentes del anaranjado “pato” Donald Trump Macleod, el segundo apellido lo suscribo porque tiene madre pero muy poca, en Puerto Rico o en cualquier lugar donde se pare no sólo exhibe la intensa prepotencia del personaje, quien de verdad cree que los estadounidenses son la “raza superior” tan buscada por Hitler junto a la defensa incomprensible de los animales –mientras mandaba a los hornos crematorios a miles y miles de judíos y polacos-, en una desproporcionada visión de la humanidad y cuando alega que la búsqueda de la democracia en el mundo comienza con el aval de la Casa Blanca –la de Washington, no la posesión de “la gaviota” en las Lomas de Chapultepec-.

Si no se es amigo de Trump, como de su predecesor Bush junios, debe observarse como enemigo peligroso, entre ellos los cubanos y la Venezuela de Nicolás Maduro Moro quien, como Fidel en los primeros años tras el triunfo de la Revolución, busca el calor de Rusia, a la que se observa como un peligro latente por el solo hecho de tener cómo responder a las bravatas incesantes de los mandantes de nuestro peculiar vecino del norte.

Y no se diga cuanto sucede en México donde nuestro mandatario divaga entre los nombres de las entidades –explicable no por fallas académica en la primaria sino por efecto de una enfermedad cuyo tratamiento suele ser bastante difícil aun cuando se apliquen técnicas de avanzada para evitar la caída del cabello, como me han filtrado desde el Hospital Militar-, equivoca los tiempos, no sólo los gramaticales, y constantemente toma decisiones al vapor cuyos resultados son peores a los males que supuestamente intenta atajar y superar.

Desde luego, México es más pobre y está más abandonado que en diciembre de 2012 cuando la “guerra de calderón” se había sumado a las catástrofes fraguadas por el hombre y no por la furia de la tierra y los vientos huracanados. El señor Peña ganó la Presidencia mintiendo, sobre su propio perfil, y ofreciendo cuanto no podía hacer, entre ello evitar la superioridad de los “intocables” que nunca fueron más fuertes y tremendamente raptores como en el presente.

Yo no sé, a estas alturas, si están en sus cabales los dirigentes mundiales –por ejemplo Ángela Merkel o el impresentable gallego Mariano Rajoy Brey que dividió a su país y la escindió-, o si nos faltan tornillos a quienes conformamos las naciones, todos nosotros, para resistir el oprobio de estar mandados –no gobernados-, por ellos. Nos falta organización, dicen, y con ello, como sedientos de liderazgos, preferimos optar por el “menos malo” haciendo el papel de comparsas en los recurrentes fraudes electorales –los que fueron y cuantos serán-, con las mismas reglas y los mismos árbitros.

En el pecado de tolerar llevamos la penitencia de los yugos políticos.

FUENTE: ZÓCALO

ENLACE: http://bit.ly/2xF4XDm

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