Las pensiones en riesgo | Araceli Damián

Al igual que la determinación del nivel salarial y la extensión de la jornada laboral, el monto de los beneficios otorgados por los sistemas de seguridad social y las reglas para acceder a ellos están en el centro de la lucha de clases. La disputa se da en tres esferas:

  1. En la determinación del “tiempo de vida laboral” y “no laboral”, es decir, hasta que edad el trabajador “debe” y puede laborar.
  2. En la fijación de los montos de aportación y a quién le corresponde aportar(empleador, trabajador y gobierno).
  3. Cuál es la tasa de reemplazo a la que el trabajador tiene derecho, es decir, cuál será el porcentaje de su salario que recibirá un trabajador por pensión, pago por enfermedad temporal o permanente y maternidad.

Todo ello altera la distribución de la riqueza entre capital-trabajo, por lo que el capital (es decir, los empresarios) intentará reducir el monto de sus aportaciones y el de los beneficios recibidos por los trabajadores. Asimismo, buscará alargar el tiempo de “vida laboral”. El trabajador, por su parte, pugnará por garantizar las condiciones que le permitan un retiro digno y reducir el tiempo de vida laboral.

Los sistemas de seguridad social tienen como objetivo mantener el flujo constante de los ingresos monetarios de los trabajadores y sus familias, en caso de enfermedad, desempleo, invalidez, vejez, viudez y orfandad. En el capitalismo neoliberal globalizado, los acuerdos cupulares han llevado a una reducción de las prestaciones ligadas a la seguridad social. Esta reforma se hizo posible debido a que, por un lado, en el capitalismo nunca ha sido claro hasta qué edad las personas deben seguir trabajando.

La línea que divide la vida activa e inactiva del trabajador se ha movido a favor del capital en las últimas décadas, en la medida en que la ciencia y la medicina alargan la esperanza de vida de las personas, que pasó, por ejemplo, de alrededor de los 60 años a mediados del siglo pasado a cerca de los 80 años en los últimos años en países latinoamericanos. Este cambio ha favorecido el discurso de la derecha para alargar la vida activa de los trabajadores. Por otro, la globalización y la libre movilidad del capital, debilitaron los sindicatos y se acrecentó la inestabilidad laboral, lo que desmovilizó a la fuerza de trabajo, permitiendo cambios regresivos a sus condiciones laborales y de jubilaciones.

En los inicios de este sistema de producción, en caso de enfermedad o invalidez del trabajador, o bien de orfandad o viudez, la familia o la iglesia se hacían cargo. Sin embargo, ello dejó de ser posible con la generalizaron de las relaciones capitalistas de producción, por lo que surgen esquemas de ahorro colectivo que buscan solucionar esta problemática. Por ejemplo, en 1744, a iniciativa de los clérigos Alexander Webster y Robert Wallace, se funda el primer fondo de pensiones para protección de viudas y huérfanos de clérigos en Escocia. Asimismo, los gremios de trabajadores artesanales crearon cajas de ahorro mutualistas para protegerse ante eventualidades. Algunas de ellas aún continúan funcionando hoy en día.

El desarrollo de estos esquemas derivó, posteriormente, en sistemas estatales de protección para los trabajadores y sus familias. El primer sistema de seguridad social formal en el capitalismo data de 1871, cuando Otto Bismarck unificó las cajas de ahorro de los trabajadores en Prusia, estableciendo un sistema “único y centralizado que protegiera económicamente a todos los grupos vulnerables de riesgos mayores, incluyendo trabajadores agrícolas” (1). Bismarck también estableció que dichos sistemas deben ser financiados de forma tripartita: trabajadores, empleadores, y gobierno.

El adecuado funcionamiento de los sistemas de seguridad social requería la “formalización” de toda la fuerza de trabajo, algo que no sucedió en América Latina, siendo México uno de los países con mayor informalidad en la región. Por tanto, la manutención de los que quedan fuera de la relación formal de trabajo, que no pueden continuar laborando y que no tienen seguridad social, continúa en manos de la familia y de la asistencia privada o pública. Esta última generalmente otorga esquemas de pensiones precarios y focalizados a los más pobres.

Con las recurrentes crisis económicas observadas desde los años setenta se imponen una serie de reformas regresivas a la seguridad social. Asimismo, la creciente globalización de los procesos productivos provocó que la organización sindical y los estados nacionales se debilitaran, permitiendo que se impusieran más fácilmente los recortes a los beneficios de la seguridad social.

Como consecuencia, el proyecto de lograr un retiro digno de la clase trabajadora enfrenta fuertes restricciones. La política neoliberal impone recortes a los beneficios sociales,permite la reducción de las contribuciones patronales y favorece la administración de los sistemas de ahorro de los trabajadores por empresas con fines de lucro.

En México aproximadamente la mitad de la fuerza de trabajo, básicamente la más joven, está afiliada a cuentas individuales, debido a que las reformas de 1997 y 2007 a los sistemas pensionarios del IMSS (Instituto Mexicano de Seguridad Social) y del ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado) obligan a los de nueva incorporación a inscribirse en los sistemas de cuentas de ahorro individual, eliminando la posibilidad de que opten por los sistemas de jubilaciones anteriores,conocidos como de “reparto”.

En 2015, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) publicó un estudio sobre las pensiones en México, en el que reconoce que la tasa de remplazo (porcentaje del salario que se recibe de pensión) en el sistema de cuentas individuales será entre 26% y 33%, frente a 60% que se recibe en los sistemas de “reparto”. Entre las propuestas de la OCDE para “mejorar” la situación de las pensiones en México está la de trasladar a los trabajadores que pueden optar por el sistema de jubilación anterior a cuentas individuales, lo que significará una mayor precarización de la condición de vida en la vejez.

No obstante, existen formas alternativas de garantizar mejores pensiones, como diseñar un programa de rescate de las pensiones, similar al que rescató a los bancos de la quiebra en los años noventa. Pero para ello, será necesario que en 2018 el Congreso de la Unióntenga una composición favorable a los intereses de los trabajadores.

1) Sigerist, Henry (1999), “From Bismarck to Beveridge: Developments and Trends in Social Security Legislation”, Journal of Public Health Policy, 20(4), pp. 474–496.

FUENTE: ARISTEGUI NOTICIAS

ENLACE: http://bit.ly/2yCQ3lK

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