3 perversas P’s | Denise Dresser

Aquí razones por las cuales eliminar por completo el financiamiento público a los partidos es un error. Una regresión. Una trampa. Un ejemplo de populismo postsismos que todos los partidos han aplaudido para congraciarse con una población enardecida, pero un propuesta equívoca, basada en tres P’s perversas: la priización, la privatización y la plutocratización de la política.

1) Eliminar totalmente el presupuesto público a los partidos beneficia al PRI. El tricolor cuenta con mayor capacidad para acceder a fuentes alternativas de financiamiento: el presupuesto federal, las partidas para los gobernadores priistas, fondos ilegales provenientes de Odebrecht, OHL, los Duartes y dinero en efectivo que fluye a lo largo del sistema político y electoral.

2) Eliminar totalmente el presupuesto público a los partidos elimina el principio de equidad y favorece al PRI. Las reformas fundacionales de la transición democrática se basaron en el imperativo de asegurar un terreno nivelado de juego entre los partidos, debido al predominio político y electoral del PRI. Había que romper el binomio PRI-gobierno que le permitía al partido hegemónico acceder a fondos gubernamentales y así imponerse sobre la oposición. Además el PRI históricamente contaba con el respaldo de la oligarquía empresarial, evidenciado por aquella cena en la cual Carlos Salinas exigió donativos por 25 millones de dólares a un manojo de empresarios para la campaña de Colosio. Las reformas electorales de 1994 y 1996 optaron por el financiamiento público como la única forma para asegurar la competencia real. Si esa decisión es revertida, implicaría regresar a los tiempos de predominio priista, por secula seculorum.

3) Eliminar totalmente el presupuesto público a los partidos equivale a institucionalizar la plutocracia y beneficia al PRI. Si no hay financiamiento público y los partidos se ven obligados a recurrir al financiamiento privado, como quieren los priistas, el tricolor arranca con ventaja dada su relación estrecha con empresarios a los cuales ha beneficiado. Como señala Gerardo Esquivel en su estudio sobre la desigualdad en México, en los cuatro primeros lugares de la lista Forbes de multimillonarios mexicanos están hombres que han hecho sus fortunas a partir de sectores privados, concesionados y/o regulados por el sector público. Son “criaturas del Estado” al cual capturan, ya sea por falta de regulación o por exceso de privilegios fiscales. La economía política del priismo -basada en monopolios y extracción de rentas- ha generado ganadores empresariales en deuda con gobernantes priistas. Donarán generosamente al PRI para preservar los privilegios que han adquirido, y evitar perderlos ante el triunfo de la oposición. Eliminar totalmente el financiamiento público a los partidos fortalecería la captura del sistema político por intereses privados. Sería equivalente a institucionalizar la cuatitud y entregarle el gobierno al Grupo Higa o a los cárteles.

4) Eliminar totalmente el financiamiento público a los partidos debilitaría a instituciones sin las cuales la democracia no puede funcionar y eso favorece al PRI. Sí, los partidos mexicanos son poco representativos, impunes, irresponsables y desvinculados de la población. Pero la propuesta priista solo exacerbaría lo peor en ellos, debilitándolos ante intereses privados y alejándolos aun más del interés público.

5) Eliminar totalmente el financiamiento público a los partidos es una propuesta demagógica impulsada por el PRI porque beneficia al PRI. Habrá que evitar la tentación y llamar a la ciudadanía y a la oposición a abrir lo ojos, actuar con responsabilidad, no colocarse -y colocarnos- la soga al cuello. A no avalar una regresión. A no permitir una privatización más profunda de la política. Y por ello la urgencia de un debate nacional inteligente sobre opciones mejores a las que el PRI y otros autoengañados empujan. Reducir en 50 por ciento el financiamiento público en vez de eliminarlo. Vincular el financiamiento al voto efectivo y no al padrón. Limitar el financiamiento privado a las aportaciones de militantes. Recortar de manera dramática el dispendio gubernamental en publicidad para promocionar “logros” presidenciales. Recortar de forma significativa los tiempos de campaña. México necesita una política austera y fiscalizada, no una política priizada, privatizada o plutocrática.

FUENTE: EL SIGLO DE DURANGO

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