La restauración de la dinastía | Alejandro Encinas Rodríguez

Alfredo III ha asumido la gubernatura del Estado de México. La dinastía regresa al poder tras un breve lapso de seis años, cuando en 2011 se vio obligada a ceder la gubernatura a Eruviel Ávila, quien desplazó de la candidatura al ahora flamante gobernador, debido a la división dentro de su partido, en particular en la Zona Metropolitana del Valle de México, harta del monopolio del poder por el grupo del Valle de Toluca.

Eruviel Ávila deja un estado en crisis, con los peores indicadores de inseguridad y desigualdad. El Estado de México concentra el 15 por ciento de los delitos cometidos en el país, sumando en los últimos dos sexenios más de tres millones de delitos (un millón 513 mil con Peña Nieto y un millón 540 mil con Eruviel Ávila), y con una derrota electoral a cuestas que poco tiempo tardará, la dinastía restaurada, en cobrarle la factura.

Del Mazo llega a la gubernatura con un profundo déficit de legitimidad. Pese al ilegal y oneroso operativo electoral diseñado desde Los Pinos, Morena es el partido más votado en las elecciones de gobernador con un millón 879 mil 347 votos, 66 mil 756 votos arriba de PRI, que obtuvo un millón 812 mil 597 votos.

Si bien Morena logró el mayor número de votos, el PRI alcanzó la mayoría a partir de las nueve combinaciones de alianzas que conformó, la votación que obtuvo representa apenas al 18 por ciento del electorado. El PRI ganó en 21 distritos electorales, predominantemente rurales, mientras que perdió la Zona Metropolitana del Valle de México, en tanto Morena ganó en 20, el PRD en tres y el PAN en uno.

Alfredo del Mazo Maza, nieto del ex gobernador Alfredo del Mazo Vélez (1945-1951); hijo, del también gobernador, Alfredo del Mazo González (1981-1986); primo del presidente Enrique Peña Nieto, se convertirá en el octavo gobernador emanado del mítico municipio de Atlacomulco, que ha dado nombre al grupo político que asumió el control de la entidad tras el asesinato del gobernador Alfredo Zárate Albarrán, en marzo de 1942, año, que de acuerdo con Luis Amendolla, Alfredo del Mazo Vélez, en su calidad de tesorero del estado, corrompió con tres mil pesos a los presidentes municipales y con 10 mil pesos a los diputados locales, para que aceptaran a Isidro Fabela, quien no cumplía con los requisitos de elegibilidad, quitando el fuero a siete diputados que se opusieron a tal imposición.

Con ello inició una forma de gobernar que, a lo largo de 75 años, ha implementado una visión patrimonialista del erario público para mantenerse en el poder; y en el nepotismo, mediante el cual la “familia revolucionaria” controla los negocios ligados a las obras y a la prestación de servicios públicos.

Del Mazo asume el cargo basado en una carrera construida bajo el cobijo del Grupo Atlacomulco y de los privilegios que éste le ha concedido. Desde la beca que le otorgó la Gerencia de Financiamientos y Análisis de Mercados de Pemex en el año 2000, para cursar su posgrado, sin contar con cédula profesional en ese momento, hasta los cargos que ha asumido, primero, en la gubernatura de Peña Nieto, como Director General de Fomento a la Pequeña y Mediana Empresa; Director del Instituto Mexiquense del Emprendedor, Secretario de Turismo, y Presidente Municipal de Huixquilucan, y, más adelante, durante la Presidencia de su primo, Director de Banobras, y diputado federal.

Su paso por Banobras dejó una estela de dispendio y gastos obscenos, Tan sólo en los dos primeros años de su gestión dilapidó dos mil 605 millones de pesos en publicidad, uniformes, fiestas, regalos, autos y camionetas, árboles de navidad, renta de instalaciones, tabletas electrónicas, boliche, yoga, ajedrez, clases de tenis, y renta de aeronaves a Grupo Higa. Entre 2013 y 2014, gastó 48 millones 881 mil pesos en publicidad para su promoción personal, a través de distintas empresas, entre otras, Grupo Radiofónico del Estado de México, beneficiando, además, con adjudicaciones directas, a la Universidad Autónoma del Estado de México, involucrada hoy en el escándalo de la “Estafa maestra”.

La dinastía se ha restaurado, pero el Estado de México no es el mismo que gobernaron sus predecesores. Gobernará siendo minoría, en momentos en que la indignación social crece, y en los que la elección de gobernador en 2017, representa el síntoma diáfano del profundo cáncer que ha hecho metástasis en el sistema político mexicano.

FUENTE: DIARIO POR ESTO!

ENLACE: http://bit.ly/2xc57FS

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