El corazón del mexicano llora | Armando Pacheco

Mientras que algunas entidades federativas de nuestro país conmemorarán un aniversario más del inicio de la Independencia de México -aquel grito emblemático que culminó con la muerte de miles de nacionales en aquellos tristes años del siglo XIX y la liberación del pueblo del poder de los extranjeros españoles-, hoy en Chiapas, Oaxaca, Estado de México (por la fraudalenta toma de protesta del primo del Presidente), entre otras entidades, no tendrán nada que celebrar y/o conmemorar.

La miseria va en aumento aunque se canse el señor Enrique Peña Nieto -ese que por votos comprados llegó al poder hace cinco años- en decir que cada día vamos por buen camino; los acaudalados son más acaudalados mientras que los pobres siguen creciendo por las políticas neoliberales del régimen que, se supone, debe estar a favor del pueblo tras surgir de aquella lucha de 1910 (próxima a conmemorarse también) llamada Revoluciona Mexicana; y, para colmo, las desgracias por fenómenos naturales no ceden, dejando a miles de personas damnificadas y ya más de un centenar muertas.

A todo lo anterior hay que agregarle la falta de sensibilidad de los gobernantes en temas como la trata de personas -que afecta a mujeres, niños y adolescentes varones-, el feminicidio -nombre asignado para el crimen perpetrado contra la mujer por el simple hecho de serlo-; la intolerancia de algunos gobiernos a las libertades sociales como el derecho a la unión entre personas del mismo género, el cambio del sexo, etcétera.

Hoy el grito del mexicano no es por conmemorar el 16 de septiembre; hoy el grito del mexicano es de dolor; una dolencia que se va heredando a las nuevas generaciones por las violaciones constantes de aquella Constitución elaborada en 1917, violaciones que culminan con acuerdos entre un grupúsculo de personas que dicen representar los intereses del pueblo mexicano pero que cada día se hinchan más las panzas de tanto dinero, producto del pago de impuestos que los más pobres pagan, aunque digan que el acaudalado es el que más lo hace.

El grito del dolor mexicano se está escuchando en el mundo. Ya no somos un pequeño país en la pobreza, ya formamos parte de las naciones en estadísticas internacionales donde se destaca la miseria y el hambre, así como la falta de democracia (aunque la nuestra sea de las más caras del mundo) y las constantes violaciones a los Derechos Humanos; ya estamos en las listas mundiales donde se destacan a desaparecidos y periodistas asesinados; ya nos igualamos, no a Venezuela sino a Colombia, Argentina, Siria donde los muertos políticos van en aumento y la guerra civil es cada día notoria, una guerra creada por aquel señor de lentes llamado Felipe Calderón cuando intentó sin argumentos sólidos parar al “crimen organizado” que en venganza, tras agredir sus códigos, ha decidido formar y reclutar ejércitos de jóvenes en la miseria en tales actos criminales y todo para que estos tengan dinero qué heredarle a sus familias.

El corazón del mexicano llora, se desangra, pero con todo ello, somos el país que se une en la tragedia, somos el país que se levanta de los escombros y por eso, es menester que en 2018 salgamos a cambiar nuestro destino, expulsando del poder a quienes tanto daño le han hecho a México.

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