En Ixtaltepec, el suelo se sacudió “como si la tierra hirviera” | Arturo Rodríguez García

Una dentadura. Hace dos meses, un hombre mayor de esta comunidad debió aceptar renovar su sonrisa. Tardó, hasta que hace unos días terminó acostumbrado al implemento sólo para perderlo el 8 de septiembre.

Daños por el sismo en Juchitán, Oaxaca. Foto: Eduardo Miranda (Proceso)

Don Jorge es cuidadoso. Levanta con fuerza los grandes trozos de concreto y los arroja hacia uno de los muchos cúmulos que por toda la Sección Tercera de esa localidad istmeña se encuentran a cada paso y que, visto a la distancia, parece como una franja de unas cinco cuadras de ancho por donde pasó la fuerza destructora del sismo.

El hombre intenta abrir un camino hacia el fondo de su casa, el lugar donde se ubican las dos piezas habitables que a él, con suerte, le quedaron en pie y un baño que en estos días es el de todo el vecindario.

Cuando ha quitado suficientes piezas grandes de su ya inexistente vivienda, usa sus manos y la pala para retirar el escombro despacio abriendo camino para que sus vecinos, que pasan el día rebuscando entre sus propios escombros y preparando las viandas bajo la sombra de un árbol adulto que los aloja.

Don Jorge es cuidadoso con esos escombros. Busca la dentadura de su cuñado mientras cuenta alegre que ya encontró la parte de arriba, pero explica que “le molesta, le duele”, necesita la de abajo también.

–¿Sabe cuánto cuesta? –pregunta en una pausa– Siete mil pesos –se responde mientras su cuñado, silencioso, afirma con la cabeza.

Esta familia de hombres y mujeres de edad, apenas logró salir con vida el día del temblor, cuando lo perdieron casi todo en este barrio de casa grandes y jardines amplios, de dos aguas con teja, muy orgullosas viviendas istmeñas que son nada.

***

En este lugar es común encontrar parentelas avecindadas. Sobre el morro troncal de lo que fue un árbol enorme y ya fue retirado, pasa la mañana Evangelina Solórzano, adelantada apenas unos metros de su madre imperturbable en una silla.

En la esquina de enfrente hay una hilera de truenos que oculta lo que de casa le quedó a Evangelina. La casa de a lado, fue de su hermana y ahí sólo se mantienen rectos y formados un conjunto de refrigeradores y lavadoras, casero el taller, junto a un cartel que ofreció hasta hace días servicios de reparación, pero que ya no es desde el día en que el suelo se sacudió, polvareda volátil, como un gas, como dice Evangelina, “como si la tierra hirviera”.

A tres cuadras de distancia, la noche del jueves 8, la familia acudió a una cena familiar. No alcanzaron a salir. El techo caía encima de todos los que intentaban guarecerse en un muro grande. Cuello, brazos, manos son testimonio al rojo vivo de la pedacería pétrea que se le vino encima. Su marido yace en un hospital de Oaxaca capital, tratándose las piernas fracturadas.

Aquella noche fatal, Evangelina corrió y corrió. Dejó a su marido en el jardín de sus anfitriones, a salvo, y corrió porque pensaba en su anciana madre, sola y en la casa más antigua. La encontró asustada y bien, su casa afectada, pero sin colapsar –“parece que antes hacían mejor las cosas”, dice– y ahora, es ahí, con su madre, donde tres familias, toda una multitud de padres, hijos y nietos, pasan las noches en el patio.

***

Trascabos y camiones de volteo recorren el sector, en aparatosa recolección de escombros. Hay casas de dos pisos cuyas partes superiores quedaron en pie, convertidas sus terrazas en pórticos de planta baja, y sólo prestando atención, se advierten pedazos de cochera y áreas sociales como cimiento.

Colapso frecuente. Uno de los dos campanarios de la capilla de San Antonio en este sector, está fracturado. Al lado, una casa dejó de existir pero, efectos de la gravedad, la sala luce perfectamente acomodada, como lista para recibir visitas que jamás llegarán.

El clamor es que destruyan todas las viviendas para empezar de nuevo, pero ingenieros y burócratas rechazan. Están ahí para retirar escombros y nada más pueden hacer hasta que transcurra el censo.

El gobernador Alejandro Murat anunció ayer que ese censo para cuantificar daño había iniciado y se desarrollaría durante cuatro días. Ayer, con Aurelio Nuño recorrió Murat un barrio de Juchitán; hoy, con Peña Nieto, Osorio Chong, otra vez Nuño y otros, recorrió Santa María Xadani. Y aunque el gobernador asegura que están en todos los municipios, hay localidades a las que no llegan, pero sobre eso pide Peña Nieto que no se hable.

Así que, mientras empieza el censo, todos esperan en esta localidad y casi frente a la iglesia colapsada, un hombre joven se alza sobre el montón de escombros que fue su hogar. Busca, rebusca por largos minutos y al fin encuentra algo. Leve gesto de agitación, saca en su funda de piel una vieja guitarra. Es inútil: el cuerpo está abollado; el brazo es una piltrafa que abraza como en despedida, la deja a un lado y se va, sin ánimos de buscar ya nada.

FUENTE: AGENCIA PROCESO

ENLACE: http://bit.ly/2h5HHrA

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