Turbulencia | Jorge Lara Rivera

“Temblé una vez/ –en la reja. A la entrada de la viña,–/ cuando la bárbara abeja/ picó en su frente a mi niña.”
‘Versos sencillos’,
de José Martí.

Es increíble pero las bondades de la miel de abeja son tantas que no sólo posee un dulce delicado sabor y cualidades curativas que agilizan la digestión y alivian el dolor de garganta, sino que es un alimento rico que puede conservar sus nutrientes por miles de años. Lo prueba la que cristalizada, hallada entre las ofrendas de antiguos entierros egipcios, al calentarse recobra su viscosa consistencia y puede ser ingerida otra vez apta para el consumo humano. 

Algo tan formidable sólo podría corresponder a la laboriosidad tenaz de un pequeño insecto cuyo prodigio está directamente relacionado con la ingente tarea que asume en pro de todas las creaturas del mundo –el hombre entre ellas– como es la polinización. Es decir, juega un papel crucial en la foresta y reforestación de la Tierra, o lo que es lo mismo, en la proveeduría de alimento para la mayor parte de los seres vivos. Y es tal su compromiso, que aunque deba hacer por sí en su defensa, tras clavar su aguijón muere (o solía hacerlo, hasta antes de conocerse las variantes africana y africanizada).

Presente antes de saberse su valor, en el imaginario de todas las grandes culturas del mundo, ha sido idealizada en fábulas y teleseries, fue conocida y aprovechada por los mayas e incluso alcanzó notoriedad política cuando el corso Napoleón Bonaparte la tomó como emblema de su proyecto imperial para Francia.

Tal vez por eso angustia enterarse de que los plaguicidas creados por la ciencia y la tecnología humanas están diezmando a sus variedades por todo el planeta (4 mil millones en México sólo entre 2015 y 2016 según el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco AC, por irresponsabilidad de incuria de la COFEPRIS, órgano descentralizado de la Secretaría de Salud (tal ha informado preocupante POR ESTO! en su edición dominical). Así, la soberanía alimentaria, energética y económica han sido desde su fundación divisas constantes del proyecto nacionalista mexicano.

Todo ello parece estar ahora en riesgo. Luego del criminal descuido del agro por regímenes panistas (y gobiernos neoliberales ansiosos de ganancias cortoplacistas) encandilados con el espejismo de la urbanización y los desarrollos inmobiliarios (como si quienes habitarán esas casas no requerirán comer) innegables creadores de empleos; en el gobierno de Enrique Peña Nieto se ha ‘redireccionado’ el apoyo de recursos públicos al campo con notables resultados, aumentando la producción de alimentos, los cuales son incluso exportados con gran éxito conquistando los mercados internacionales.

Sólo que la amenaza de exterminio que pende sobre las abejas plantea un reto grave en el que sin exagerar nos va la vida. Y es que ni siquiera con nuestras poderosas máquinas podemos ni remotamente acercarnos al cumplimiento de la tarea que las abejitas realizan. Si aunamos a eso que existe un acre debate en cuanto a los riesgos que para esos altos objetivos representa la Reforma Energética cuyas ’rondas’ consiguen inversiones y socios que festinamos para poder explotar una riqueza que consideramos nuestra –de todos–, pero que ha sido derrochada sin reparo (y aun así ha costeado por décadas la estabilidad sociopolítica del país) por una poca de gente sin escrúpulo que, despreciable, pontifica sobre valores y la cual incluso enganchó la suerte de la economía nacional a extraños con tratos subordinantes (que hoy les echan en cara, mientras sobajan la dignidad y el decoro nacionales) se comprenderá que vivimos días turbulentos.

*Artículo publicado con la autorización del autor, colaborador del periódico Por Esto!; léase también en este medio

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista del Diario Arte y Cultura en Rebeldía; en este espacio, ejercemos la Libre Expresión



Categorías:OPINIÓN

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