En Venezuela no podemos apoyar a una derecha violenta patrocinada desde fuera: Marco Teruggi

Podemos no estar de acuerdo con el chavismo, pero no podemos apoyar a una derecha violenta apoyada por Estados Unidos declara el periodista Marco Teruggi en entrevista con César Valdez para el portal de noticias de Cristina Sada.

¿Qué significa para Venezuela y para América Latina el proceso de la Asamblea Nacional Constituyente convocado por el gobierno de Nicolás Maduro?

Bien, creo que para entender el momento actual que está digamos en una fase de agudización de la confrontación, hay que poner varios elementos en perspectiva para entender cómo es que se llega a esta situación y por qué el domingo se va a votar para la Asamblea Nacional Constituyente. Creo que lo primero a entender es que desde que asumió Nicolás Maduro hace cuatro años acá, ha habido un proceso permanente de desestabilización que se ha dado en todos los planos, a veces con más prioridad en uno y a veces simultáneo. Entonces, desde hace cuatro años tenemos una ataque sobre el frente económico, un ataque sobre el frente comunicacional, un ataque en términos de violencia (para decirlo en términos sencillos), un ataque en el plano diplomático, un ataque en el plano cívico, de la población. Todo eso se va combinando en permanencia, y el que es permanente es el ataque económico, es como el factor que más trabaja sobre el desgaste de la población.

Entonces, regularmente la derecha ha intentado episodios insurreccionales para sacar al gobierno de Nicolás Maduro por la fuerza. El primer episodio fue el mismo día que ganó el presidente en abril del 2013, día en que Capriles Radonski llamó a la gente a las calles y terminó con once muertos. El segundo episodio fue en 2014, de febrero a abril; esa vez lo atravesó Leopoldo López y el saldo final fueron 43 muertos. Y éste que estamos viviendo ahora sería el tercer intento de salida por la fuerza.

Ellos calculan que la situación económica más el desgaste provocado por las dificultades para conseguir medicamentos, los precios que aumentan, la presión internacional, los ataques de la prensa y los medios de comunicación nacionales y extranjeros, sobre el gobierno, hacen que haya las condiciones para convocar a la gente y por la fuerza sacar al gobierno de Nicolás Maduro.

Eso comenzó a principios de abril y el conflicto ha ido evolucionando, es decir, cuando inició había un esquema conocido para lo que es la lógica del conflicto venezolano: había trancas de calle, había ataques con bombas molotov, asesinatos de personas en manifestaciones, pero digamos, algo que en lo que es la lógica del conflicto de cómo la derecha trabaja el escenario casero. No era nuevo.

A partir de entonces y hasta la fecha, hemos tenido una evolución de ese cuadro, marcado por varias etapas muy fuertes. Lo primero es que han empezado a aparecer ataques de tipo militar, ataques a los cuarteles militares, a las comisarías, ataques armados sobre los cuerpos de Seguridad del Estado, o sea, una bomba detonada a distancia; al extremo de que hace pocos días se vio a una persona con un fusil R15 en Caracas asaltando una estación de policía. Eso es lo nuevo, una agudización de esa escalada, mezclada a su vez con intentos de mantener varios puntos del país bajo asedios de una violencia muy fuerte durante dos o tres días.

En diez o quince ciudades venezolanas han habido esos ataques que duran dos o tres días, los pueden encabezar grupos paramilitares, o los pueden encabezar grupos de choque entrenados para eso. Esas son cosas que hacia afuera no se saben mucho, pero cuando uno recorre el país se da cuenta que esa estructura armada que tiene consolidada la derecha está operando con mucha fuerza y sería, para decirlo en términos clásicos, su brazo armado, que es el que trabaja en las sombras y el que no se muestra comunicacionalmente.

Podrías precisar para la gente que no conoce el escenario venezolano: ¿Quién es la derecha?, ¿cuál es su estructura?

Hay diferentes niveles de la derecha. Tenemos a la gran burguesía agrupada en cámaras, a la oligarquía, sobre todo la Federación Nacional de Ganaderos, la cúpula eclesial, los partidos de derecha que a su vez en su interior tienen diferencias, no es lo mismo la derecha como Unidad Democrática que dirige Henry Ramos Allup, que la derecha más nueva como Unidad Popular o Primero Justicia, que son las de Leopoldo López y Henrique Capriles Radonski.

Después tenemos la base social histórica de la derecha, que es una base centralmente de clases medias, medias altas, que es la que permanentemente se ha opuesto al chavismo en todo el tiempo que ha estado el gobierno desde 1999, que son los que han acompañado al golpe de Estado en 2002, que han odiado a todo lo que se parezca al chavismo esa es su base social, y a su vez han desarrollado digamos formaciones para confrontar en la calle. Entonces, hay niveles que se ven y niveles que no se ven.

¿Qué es lo que se ve en la calle y se muestra en los medios de comunicación?

A los dirigentes de la derecha, a su base social histórica movilizada y poco a poco se empiezan a mostrar a los que ellos llaman “los escuderos”, que son las primeras líneas de choque y que se ve muy fuerte en las cámaras. Es esta gente que está preparada con escudos, que remiten a la edad media -no es un azar que así sea-, que ya los reivindican como si fueran héroes; esos son los primeros niveles y hasta ahí llegan las cámaras, y evidentemente siempre los presentan como siendo víctimas de las agresiones del Estado. Esos escuderos tienen un abanico de formas de confrontar: las bombas molotov, los morteros en sus diferentes expresiones, las guayas, que son alambres con los cuales trancan las carreteras, aceite para que resbalen las motos, etcétera; un abanico de capacidades para confrontar en las calles.

Y a su vez están los otros niveles que son estos hilos que nadie nombra, que son niveles que tienen capacidad, por ejemplo, de asaltar cuarteles militares, de asaltar comisarías, de someter a una población con armas largas, armas cortas, al asedio total, que son los que operan cuando la derecha se arma un paro, entonces estos grupos aparecen y obligan a los comerciantes a cerrar los negocios. Están en motos encapuchados, con armas de fuego, prenden fuego a los autobuses que circulan para obligarlos a frenar, y tienen que ver con un proceso que tiene muchos años en Venezuela, digamos, unos diez años de enraizamiento del paramilitarismo en varios ejes nacionales, en el estado Táchira, en el estado Barinas, ahí se ha ido conformando una estructura paramilitar con logística, inteligencia y ligada a los partidos de derecha, que es lo que empieza a emerger en este escenario de conflicto.

Eso es lo que nadie muestra, lo que nadie quiere nombrar y es lo que en realidad más preocupa porque es lo que está emergiendo y acompaña desde la sombra todo lo que es el proceso de movilización de la derecha.

Evidentemente la derecha no se hace responsable de eso, no asume su propia existencia, pero uno los ve actuar en los territorios y se encuentra con que efectivamente hay un brazo armado que está operando.

Lo preocupante es que hay una estructura comunicacional, internacional sobre todo, que legitima eso, digamos, que le da un carácter épico, un carácter democrático, libertario; o sea, presentan esta violencia como una violencia legítima y la bendicen. Digo, la bendicen comunicacionalmente, pero la bendicen literalmente: se ha visto a curas bendiciendo en la calle a estos sectores de choque antes de que asalten un cuartel militar, se los ha visto bendiciendo guarimbas.

Ahora bien, nunca se van a hacer responsables de los hechos que provocan. Por ejemplo, algo que ha sucedido desde el principio del conflicto hasta hoy, es que han adoptado la metodología de quemar gente en la calle; van más de 20 casos donde todos son o pobres o negros o chavistas, que para ellos básicamente es lo mismo. Para la mirada clasista de la derecha es lo mismo un negro que un pobre que un chavista. Todo eso, para la derecha, es un error histórico que debe ser eliminado, y han empezado a aplicar esa metodología de incendio de personas.

Entonces esa es la estructura real de la protesta de la derecha que hacia afuera se sigue presentando como democrática y no asume ninguno de sus actos, o sea, nunca va a reconocer qué es lo que hace. Si uno le pregunta si hizo, por ejemplo, el golpe de Estado de 2002, que es algo que ha sido filmado, estudiado, demostrado, ninguno de los dirigentes que son los que hicieron ese golpe han asumido que fueron parte de ese proceso de fuerza de haber sacado a Hugo Chávez y se presentan a sí mismos como demócratas y pacifistas.

¿Cómo está la correlación de fuerzas en las calles, en la base social del chavismo y de la derecha? 

El bloque de la derecha, como lo describí anteriormente, tiene dos falencias principales para su estrategia de hacer un golpe de Estado: la primera es que no tiene el apoyo de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas, o sea, no cuenta con el ejército para hacer un golpe de Estado; y la segunda es la que tiene que ver con los sectores populares, con los barrios. Ahí hay varios fenómenos juntos.

Evidentemente por la situación económica muy compleja que atraviesa Venezuela, hay en los barrios populares gente que se ha alejado del chavismo, gente que está desencantada, gente que simplemente está inmersa en la resolución de sus problemas diarios que tienen que ver con conseguir alimento, con conseguir medicamentos, productos de higiene; gente que está más preocupada y envuelta en resolver la vida cotidiana que en estar pensando en la batalla política. Y también en los barrios hay gente opositora como siempre la ha habido.

Ahora bien, los barrios, los sectores populares, igual con este cuadro de complejidad en el que uno no puede decir “los barrios son chavistas” como algo monolítico, sino que adentro hay diferentes miradas, los barrios no se han sumado a las protestas de la derecha. Los epicentros del conflicto siguen estando en las zonas de clase media, media alta de las principales ciudades, ahí es donde se desarrollan las trancas, los escenarios de violencia, las quemas, etcétera. Para graficarlo: Caracas está dividida centralmente en el Oeste y el Este, el Oeste vendría a ser la zona de clase popular y el Este la zona de clase media y media alta, aunque en el Este también hay unos barrios importantes, pero toda la zona de conflicto está centralmente en el Este de Caracas. Yo vivo en el Oeste de la ciudad, todos los días salgo, hago mis compras, camino, me tomo el autobús, el metro, y no transcurre absolutamente ningún episodio de violencia, todo pasa de aquel lado donde está la base social de la derecha.

Ahora bien, ellos saben que eso es un problema porque no se puede sacar a un gobierno sin las fuerzas armadas, ni tampoco sin el apoyo de las clases populares. ¿Qué es lo que han intentado hacer y han venido ejecutando?, son incursiones nocturnas en los barrios populares. Ahí tienen una alianza con algunos sectores de la delincuencia organizada a los que hacen actuar generalmente cerca de las ocho, nueve, diez de la noche en esos barrios para generar confrontaciones con la policía, poner un cuadro de ataque a los comerciantes, etcétera, etcétera, e intentar mostrar que en esa zona efectivamente hay suertes de rebeliones populares. Lo que hay es un plan orquestado que se va moviendo por la ciudad como si fuera un mapa, y dicen, “esta noche vamos a tal lugar, a tal lugar y a tal lugar”, y en simultáneo que ocurren esas confrontaciones organizadas, en las redes sociales se montan las tendencias, sobre todo en el Twitter, que intentan mostrar que ahí hay un ensayo de violencia genuina y espontánea de la gente.

Ahora bien, esa es una arquitectura del conflicto, es una estrategia para intentar construir una realidad que no es.

En los hechos entonces, este es un país que funciona con muchos tiempos a la vez. Está el tiempo que ellos tienen en sus zonas donde plantean el conflicto, y después el resto del país que transcurre con normalidad. Hoy (25 de julio de 2017) por ejemplo, que estamos a un día antes de que inicie su nuevo “paro cívico” -que no va a ser un paro cívico sino un ejercicio de violencia y apoyo empresarial- la ciudad está en absoluta tranquilidad, uno la transcurre de arriba para abajo y no sucede nada. Sólo sucede cuando ellos sacan sus sectores radicalizados a las calles, y su base social.

Ahora, también es bueno notarlo: tienen una cantidad de apoyo considerable, pero ese apoyo no ha aumentado en estos más de cien días de violencia, y ese es un tema que también a ellos los pone en un escenario complejo, porque significa que han logrado sí legitimar su violencia en sectores convencidos, sobre todo también en el plano internacional, pero adentro de la sociedad venezolana, por la dimensión de esos focos de violencia que han hecho, que eso lo está llevando adelante la derecha y la oposición, y eso les crea un desgaste; digamos, no es gratis prender fuego a veinte personas en un país como Venezuela, se ve, es difícil decir que fue el gobierno, aunque ellos nieguen todos los episodios. Por ejemplo, se vio hace unas semanas que un agente del servicio de inteligencia ligado a ese universo realizó un ataque con un helicóptero sobre el Tribunal Supremo de Justicia, la derecha dice que fue un autoatentado del gobierno; bien, así hace con cada hecho, no se hace responsable de ninguno y acusa al gobierno de hacer cada uno de eso actos. Pero eso tiene un límite, después de cien días de conflicto la gente evidencia evidentemente que es insostenible la hipótesis de una oposición pacífica y democrática.

Entonces hay una tensión: la violencia hay que legitimarla, hay que hacer verla como justa, eso quieren hacer con su base social que está convencida de que es necesario matar a los chavistas, y lo dicen, que si ven a un chavista en la calle lo linchan, y que creen que el chavismo es un gran error histórico que hay que destruir de la faz de Venezuela. Pero para el resto del país es difícil pensar que bajo el llamado de la derecha a sacar el régimen, como ellos dicen, de Nicolás Maduro, haya realmente un proyecto democrático, una solución posible para Venezuela. Entonces están en una trampa, porque quieren sacar a Maduro por la fuerza pero no tienen la correlación suficiente.

Estos cien días de violencia tienen como destino el proceso de la Asamblea Nacional Constituyente. ¿Cómo encaja todo esto en la propuesta de la Constituyente?

La propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente aparece el primero de mayo, cuando iba menos de un mes del conflicto, pero ya el conflicto iba tomando proporciones novedosas. Cuando se hace la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente yo creo que hay dos escenarios. El primero es de alguna manera traccionar (sic) a la derecha para que regrese al terreno electoral democrático y de diálogo, o sea, plantea un escenario que es ni más ni menos la discusión de las bases de una constitución nacional, y con esa apertura hacer que la derecha se encuentre en apuro, por así decirlo, entre mantener una agenda violenta o sumarse a un proceso abierto de inscripción de candidatos y candidatas para la Asamblea Nacional Constituyente. Ese era un plan que tiene que ver con crear ese espacio posible en un plano de disputa común ante la elevación de la violencia, y por otro lado tenía que ver con abrir nuevamente las compuertas al interior del proceso revolucionario, porque se sabe que el proceso viene con dificultades ligadas a la crisis económica, donde hay ataques de los grande empresarios pero también hay falencias por parte de la misma dirección del chavismo; hay gente que está desencantada por lógicas de la dirección política, en fin, hay una serie de problemas que en la Constituyente se planteaba como abrir las puertas al interior del país para que todo el mundo pudiera entrar, anotarse como candidato y volver de alguna manera a reavivar el debate interno en Venezuela, y volver a sumar mayorías al proyecto político.

¿Cuál es el problema que pasó que era una posibilidad? Es que la derecha se negó de plano a participar de la Asamblea Nacional Constituyente, y no solamente se negó -que esa era una posibilidad, la de no anotar a sus candidatos-, sino que planteó que iba a impedir que esa asamblea tuviera lugar; y ahí empieza a aparecer un escenario de confrontación mucho mayor, porque lo que la derecha empieza a construir como discurso, que la apoyan los Estados Unidos, la Unión Europea, los presidentes de derecha de América Latina, los expresidentes, y todo ese bloque político, todo eso embona en oponerse a esa Asamblea Nacional Constituyente.

Entonces todo se centra en la disputa en torno a la fecha del 30, donde la derecha dice “No hagan convocatoria”, y el gobierno dice “vamos a hacer la convocatoria democrática, abierta para todo el país”.

Hay más de seis mil candidatos y candidatas inscritos para el 30 de julio.

Entonces ahí es donde empieza a generarse esta expectativa de confrontación alrededor de la Asamblea Nacional Constituyente, que a su vez se ve alimentada por nuevos elementos que aparecen: el principal es este plan de la derecha de ir conformando un Estado paralelo que comenzó con nombrar nuevos magistrados al Tribunal Supremo de Justicia y anunciar que van a elegir un nuevo presidente por elecciones primarias, lo que de alguna manera es un escenario de gobierno paralelo que se ha visto en varios conflictos como en algunos países de Medio Oriente. ¿Ese gobierno paralelo tiene sentido? A nivel de Venezuela ninguno, porque no van a poner un gobierno real sino que va a ser una suerte de nombramiento mediático, pero tiene sentido a nivel internacional.

¿Cuál es la hipótesis posible? Que una vez hechas las elecciones el domingo, que están antecedidas por oleajes de violencia muy fuertes, la oposición venezolana y la comunidad internacional ya no reconozca, por ejemplo, al gobierno del presidente Nicolás Maduro ni a la Asamblea Nacional Constituyente y pase a reconocer a este gobierno paralelo y otorgarle financiamiento, diplomacia, armas, etcétera, etcétera. Esa es una posibilidad que se está manejando. Eso implica un conflicto de carácter prolongado, ellos se están preparando para eso.

Ahora. si bien en Venezuela el día viernes se eligieron los magistrados al Tribunal Supremo de Justicia, eso no tiene ningún efecto en Venezuela. Es decir, no basta con auto proclamarse algo para que efectivamente suceda. El poder hay que poder ejercerlo y la derecha no tiene fuerza para ejercer ese poder. Esa es su trampa, digamos: nombran cosas que después no pueden sostener pero sí pueden trabajarlas a nivel internacional.

Lo que se ve en estos cien días de conflicto es que la única manera que tiene la derecha para lograr quebrar la correlación de fuerza es a través de una acción mayor proveniente de comunidad internacional, es decir, de los Estados Unidos. Hoy a nivel nacional no tienen fuerza para su plan.

¿Qué piensas del plebiscito realizado por la derecha hace unos días y que ha tenido un fuerte impacto mediático a nivel internacional?

Primero que nada, en Venezuela la derecha ha optado por salirse de la legalidad y eso es lo que vamos a ver de aquí en adelante. Entonces, el plebiscito evidentemente legal no era, pero eso ya no es el debate en Venezuela, el debate era que ellos necesitaban construir una jornada para darle legitimidad a lo que iba a venir después. Lo que iba a venir después, llámese la violencia y llámese el gobierno paralelo, para eso fue el plebiscito, para decir luego: “Miren, nosotros tenemos tantos votos, tantos millones de personas que están de acuerdo con lo que estamos haciendo”. Nadie sabe cuántos votos fueron realmente, hay un desacuerdo sobre los números, tienen fallas gigantescas para justificar la cantidad que han presentado; eso no importa, lo que importa es que internacionalmente tienen la razón.

Además, si uno ve, ese día había un proceso electoral para la Asamblea Nacional Constituyente, y nivel internacional sólo existió el plebiscito, o sea, los millones de personas que ese día hicieron un ensayo electoral para las elecciones que tendrán lugar este domingo, fueron absolutamente invisibilizadas del mapa y en Venezuela sólo existió un plebiscito. Cualquier persona que haya estado en Venezuela ese día, era evidente que iba a haber las dos cosas, así como también es evidente que los medios de comunicación han optado por contar la mitad del país, y esa mitad del país, decirla de manera falsa.

Entonces ese plebiscito lo van a utilizar como una carta de legitimidad de las acciones que van a llevar adelante, para decir: “Nosotros ya hicimos un ejercicio de democracia inmenso, con una participación gigantesca”, no importa que nadie sepa cuáles números tienen porque la mediática internacional los apoya, y a partir de eso van a ir desarrollando sus pasos. En ese plebiscito ya estaba el punto de nuevos poderes públicos y un gobierno paralelo. Eso lo dice el plebiscito. Entonces ellos van a usar eso para darse una suerte de prestigio democrático a partir de esa consulta.

Comentaste que  la derecha   para  lograr sus propósitos requiere el apoyo externo.  Vemos  ya la mano de Estados Unidos y el papel que están desempeñando los gobiernos de México y Colombia. ¿Hasta dónde consideras que pueden llegar?

Es llamativo que el día después del plebiscito el mismo presidente Donald Trump haya amenazado a Venezuela con sanciones económicas en caso de darse la Asamblea Nacional Constituyente. Es llamativo porque puede interpretarse también como una señal de que el plan no está desarrollándose tan claramente como ellos lo quieren; y yo creo que ese es un mensaje que emergió del día 16 cuando se vio que hubo mucha gente que votó en las filas del chavismo. Es decir, después de tantos años de estar golpeándolo el chavismo sigue en pie y se manifestó el domingo.

Ellos ya están anunciando que van a ir sobre las sanciones económicas, ese es un plano del ataque, y es el que diplomáticamente pueden incluso ir justificando, así como justifican un bloqueo económico a Cuba desde hace cincuenta años. Y ahí el objetivo es asfixiar a la población, hacer que la economía nacional no tenga capacidad de solucionar los problemas más graves del momento.

Yo creo que lo primero es quitarnos la idea de la intervención es algo que un día aparece desde el aire y aterrizan en el país una cantidad de marines diciendo “somos marines y venimos a invadir a Venezuela”. Ese esquema yo creo que no va a pasar y si uno mira los conflictos recientes, tomemos el caso de Siria, se da cuenta que en realidad, los Estados Unidos, salvo la bomba que lanzó el gobierno de Trump hace pocos meses, los Estados Unidos nunca ingresaron como tal al país, sino que fue una guerra conducida desde afuera con grupos financiados adentro.

¿Cuál es la ventaja que tiene Estados Unidos en este cuadro venezolano?, que nuestro vecino es Colombia. Esto significa que hay bases militares, siete, que hay un ejército colombiano dispuesto a apoyar a los Estados Unidos, que hay un desarrollo inmenso del paramilitarismo en Colombia, que ha tomado más fuerza en las zonas de frontera luego de la desmovilización de las FARC y que está ocupando esos espacios fronterizos a Venezuela, y que de ahí se puede pensar un escenario de conformación de una fuerza militar capaz de plantear un enfrentamiento mayor con el Estado venezolano.

Yo creo que la intervención en realidad ya ha comenzado, lo que pasa es que es suficiente para desestabilizar al país, es suficiente para sellar ciudades, asesinar gente y todo este cuadro que vemos ahora, pero no es suficiente para quebrar la correlación de fuerza.

La pregunta es: ¿Los Estados Unidos estarían dispuestos a exponerse más y lanzar una ofensiva para generar un enfrentamiento armado directo en la frontera con Colombia, de ofensivas militares en el sur de la Amazonía donde se juntan Brasil con Perú y Colombia?, digamos que hay un cuadro de pinza sobre Venezuela, con la Exxon Mobil que está operando en la zona de la Guyana, que está en disputa con Venezuela. ¿Darán un paso más?, ¿cómo será ese paso?, ¿lo financiarán de manera abierta los sectores paramilitares internos?, ¿esos sectores tomarán una identidad?

Eso, por ejemplo, es interesante porque se ha dado en las últimas semanas una tensión, donde existe la dirigencia de la derecha que es la MUD, Mesa de Unidad Democrática, y algo que se llama “La resistencia”, que han trabajado su identidad, que sería como los sectores que ya no responden a la derecha, que se ven como una fuerza autónoma. ¿Esa fuerza autónoma pueden desarrollarla como un brazo armado militar, que tuvo un nombre, como fue en Medio Oriente; una suerte de fuerza rebelde operando en territorio venezolano con el objetivo de liberar algunas zonas? Bueno, eso hay que ir viéndolo. En los hechos, hoy, lo se sabe es que la derecha puede tener una ventaja en la batalla de los sentidos, la batalla comunicacional, pero hoy no tiene capacidad para sostener sus posiciones, es decir: hoy, hasta donde sabemos, la derecha no puede por ejemplo, agarrar una cabecera de un estado o municipio, ocuparlo por la fuerza y decir: “A partir de hoy esto es un territorio liberado”, y por ejemplo, mudar un gobierno paralelo a esa zona. Eso no parece posible hoy por el desarrollo de su fuerza territorial, material.

Es decir, es una guerra de nuevo tipo, una guerra de los sentidos, pero que en un punto sigue teniendo un elemento clásico de la guerra, que es que hace falta fuerza como tal. En Siria tenían al ejército del Estado que se volteó y se quebró, tenían brazos organizados con un gran poder militar; en Venezuela no tienen a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, eso es bueno aclararlo, y lo que tienen hasta ahora son unos grupos paramilitares que no parecen tener la suficiente fuerza. Por eso insisto: sin los Estados Unidos en una escala mayor, es difícil que se salga de este pantano.

De cara al 30 de julio, por lo que dices, la derecha no tiene manera de detener este proceso. Entonces, ¿cuál es el escenario que ves para la consolidación de la Asamblea Nacional Constituyente?

El escenario más probable de los próximos días es que haya una escalada de violencia muy fuerte. No deberían sorprendernos acciones militares de otro tipo y de otra envergadura, pero a menos que tengan una carta debajo de la manga que todos desconozcamos, esas acciones no van a ser capaces de impedir las elecciones del domingo.

Ahora bien, esas elecciones seguramente se darán en un cuadro de conflicto muy grande. Una vez que eso se dé, van a darse varios elementos a analizar: primero es cuánta gente habrá votado para la Asamblea Nacional Constituyente, eso va a ser clave de cara a la legitimidad de la Asamblea Nacional Constituyente. Cuanta más gente, más legitimidad y más difícil para la derecha decir que es una Asamblea Nacional Constituyente que no cuenta con ningún respaldo popular. Ahí entonces hay un desafío vital para para el chavismo, para el gobierno.

Hasta hora no me animo a ningún pronóstico porque es una situación compleja.

Hay que ver las repercusiones internacionales, es decir, si efectivamente esta hipótesis de que los gobiernos pasen a no reconocer a la Asamblea Nacional Constituyente y por ende al presidente, y reconozcan al naciente gobierno paralelo. Si esto se da vamos a tener un paso muy cercano que será la semana del 9 al 12 de agosto -si no me equivoco en los días-, que es cuando se anotan los candidatos a gobernadores para el mes de diciembre. Ahí vamos a ver si la derecha anota sus candidatos, lo que significaría que están barajando una posibilidad de resolución electoral del conflicto, aún manteniendo niveles de violencia muy altos, o si la derecha renuncia a inscribir sus candidatos en el mes de agosto, es decir, renuncia y se desentiende de la confrontación democrática para estar totalmente centrada en un plano de confrontación violenta y salida por la fuerza del gobierno de Maduro. Ese yo creo que va a ser un elemento clave. Insisto, si no anota a sus candidatos, significa que estamos en un punto efectivamente de no retorno, porque esto no se podrá dirimir según ellos, sino a través de una salida violenta del gobierno. Si anota a sus candidatos significa que la puerta está abierta para que se logre mantener esta suerte de empate, se aguanten los ataques que lance la derecha recurrentemente, y se termine yendo a elecciones a gobernadores y luego a elecciones presidenciales como está previsto por el Consejo Nacional Electoral.

Entonces, estos elementos vamos a ver cómo se van desarrollando. Pero es seguro que la derecha va a hacer el viernes, sábado y domingo, todo lo que tenga en sus manos para intentar generar un escenario de conmoción absoluta en Venezuela para que la gente no vaya a votar, para que la gente tenga miedo de ejercer su voto, para que estén entrancadas las calles. Ahí va a haber un ejercicio de fuerza. El gobierno anunció por ejemplo que donde saboteen un centro electoral, van a abrir otro centro electoral para que la gente pueda votar. Habrá un despliegue de seguridad para garantizar la circulación en las vías. Será un ejercicio entre las dos fuerzas para, por un lado garantizar las elecciones y por otro lado para impedir que tengan lugar, o si tienen lugar hacer que sean bajo un estado de conmoción nacional.

Y por último, como un observador directo de lo que está pasando en Venezuela, ¿qué le dirías a quienes lean esta conversación?, ¿qué mensaje le darías a la población de un país como México, que ha sido puesto por una organización inglesa como el segundo país más violento del planeta después de Siria, un país en el que hay fosas clandestinas en todo el territorio nacional, donde hay más de 30 mil desaparecidos, un país como éste cuyo gobierno se atreve a llamar a cuentas al gobierno Venezolano?, ¿qué mensaje le darías a la gente que acá está expuesta solamente a la versión de Miami, a la versión de los medios de Estados Unidos, salvo algunas excepciones?

Lo primero es desconfiar sistemáticamente de lo que sale en las noticias y que busquen informarse por otras vías porque los medios de comunicación son parte activa de lo que está pasando en Venezuela. Sin el apoyo de los medios de comunicación no estaría pasando esto. Entonces lo primero es desconfiar sistemáticamente. Desconfiar por ejemplo cuando la derecha dice livianamente que hay más de cien muertos en Venezuela en los conflictos y que los mató el gobierno, esto es mentira. De los más de cien, por las investigaciones sabemos que aproximadamente diez han sido asesinados por fuerzas de seguridad del Estado, hay detenidos por ello, acusados, gente encarcelada. Y los otros noventa, es decir, la mayoría, fueron muertos porque manipularon mal morteros, por ejemplo, porque murieron en una barricada de la derecha, etcétera. De esos muertos, diez, que ya es demasiado pero es bueno aclararlo, pero sólo diez fueron responsabilidad de las fuerzas de seguridad del Estado. Entonces, cuando la derecha dice livianamente que hay cien muertos por el conflicto, bueno, hay que analizar cada uno de los casos y ver que hay ahí una mentira, una matriz que se construye para decir que el gobierno ha asesinado a manifestantes.

Acá hay dos grandes bloques: un bloque que es el del chavismo, que tiene muchos elementos en su interior. Tiene el gobierno, tiene los barrios, tiene una organización popular, tiene un partido, tiene los poderes estatales. Es el bloque que de alguna manera podemos llamar de la revolución. Ese bloque tiene sectores absolutamente genuinos, combativos, que están construyendo un proyecto de izquierda, sectores de gente que está corrupta, hay gente que sigue el legado a rajatabla, hay gente que quiere hacer acuerdos con los empresarios; es decir, hay una complejidad ahí, pero es un bloque que ha llegado al poder por los votos desde 1999 hasta la fecha y que está ahí por mandato del pueblo que lo ha votado y que ha aceptado, cuando ha perdido una elección, que no la había ganado y no ha hecho ningún problema con eso. Pasó cuando Chávez no ganó el cambio constitucional en 2007, y pasó en las elecciones de 2015 cuando el gobierno reconoció haber perdido las elecciones.

Entonces, uno puede estar o no de acuerdo con el proyecto del chavismo, le puede parecer que el proyecto es bueno, es malo, es descabellado, es el acertado, es el correcto o no, pero es un proyecto político que está ahí por los votos y como tal debe gobernar. Y enfrente hay una derecha que desde que ese bloque chavista está en el gobierno, intentó un golpe de Estado en 2002, intentó hacer insurrecciones en los últimos cuatro años, se dedica a desabastecer a la gente, a esconder los medicamentos, tiene el apoyo directo, el financiamiento de los Estados Unidos. El presidente Donald Trump no tiene ningún interés en que este conflicto se resuelva por los votos. Entonces, uno puede o no apoyar al gobierno de Nicolás Maduro, pero lo que uno no puede es apoyar a lo que hay enfrente. Entonces en todo caso, bueno, yo no estoy de acuerdo en lo que plantea Nicolás Maduro, pero no puedo estar de acuerdo con una derecha que está planteando que la única forma de cambiar el gobierno en Venezuela es mediante una insurrección armada que nos lleva a esta cantidad de muertos, que quema gente en la calle, que ataca hospitales, que ataca instituciones, que ataca cuarteles militares, que la defiende Estados Unidos, que mete paramilitares. Uno no puede coincidir con eso.

Ante esto yo creo que, en la lectura general del escenario del conflicto debemos saber que el imperialismo no es un mito. Opera, actúa. México claramente está bajo esa influencia. Y ahí tenemos que tener un ejercicio, digamos, un reflejo incluso, de cuando uno ve a Donald Trump asumiendo la responsabilidad y anunciando que va a castigar al pueblo venezolano, porque aplicar unas sanciones económicas no es castigar al gobierno, es castigar a la gente, a los más humildes.

¿Qué es lo que uno puede apoyar en ese sentido? Reconocer lo democrático del gobierno, que está ahí por los votos, que va a hacer una Asamblea Nacional Constituyente, que me imagino yo que muchos países de América Latina, como Argentina, desearían una oportunidad como esta, de poder sentarse a debatir con sus vecinos cómo quiere que sea la constitución. O sea, las constituciones de los demás países han sido elegidas en pequeños grupos de personas encerradas en habitaciones que dijeron “bueno, éstas son las reglas de este país”. Acá se debate por segunda vez, tercera vez en los últimos 18 años, cómo es la constitución de un país, y eso está abierto para cualquier venezolano o venezolana de a pie, el que quiso anotarse como candidato se anotó. Me gustaría a mí que en Argentina tuviéramos la posibilidad de poder debatir la constitución de nuestro país.

Entonces no nos dejemos engañar y sepamos -lo digo como argentino, que hemos vivido una dictadura que nos dejó 30 mil desaparecidos, que fue un genocidio- que en Venezuela no hay una dictadura. Y si queremos ponernos en términos crueles con los números, acá los muertos, la gran mayoría los ha producido la derecha, y son cien en cien días de conflicto; en Argentina hubo 30 mil desaparecidos por el aparato del Estado, en México hay un proceso de desaparición, de fosas comunes, los 43 estudiantes de Ayotzinapa, digamos una estructura de un Estado que avala esas muertes, esas desapariciones en masa, y acá estamos en otro escenario. Y si no es así, preguntémonos por qué en Venezuela hay más de cinco millones y medio de colombianos registrados y con cédula de identidad viviendo en este país. Si tan mal están las cosas, ¿por qué viene migrando la gente de Colombia a Venezuela? ¿Por qué hoy, por ejemplo, se entrega la vivienda un millón 700 mil en seis años de gestión de la vivienda en Venezuela?

Es decir, no nos dejemos engañar y en todo caso, si uno no está de acuerdo con el gobierno de Nicolás Maduro, bajo ningún punto de vista puede estar de acuerdo y apoyar al intento de un golpe de estado que lo único que trae es más violencia, pobreza y un escenario catastrófico para Venezuela. Nada bueno se espera de un gobierno que asuma luego del chavismo en Venezuela, y lo digo con toda la responsabilidad, acá lo que se viene es una revancha, un intento de castigar a la gente por haber osado soñar otro tipo de proyecto político, haber participado en un plan de país soberano, independiente, socialista. Lo que se viene es un proceso de revancha de las clases dominantes venezolanas: la oligarquía, la burguesía, el sector financiero, los partidos políticos, sobre el pueblo porque cometió el pecado histórico de haber dicho que no a un modelo de desarrollo desigual, de reparto desigual, donde siempre se ocupaba un rol de pobreza. Eso es lo que vendría en caso de ganar la derecha. Nosotros bajo ningún punto de vista podemos aceptar eso.

NOTA DE DESINFORMÉMONOS:

MARCO TERUGGI

Periodista, cronista y sociólogo licenciado en la Universidad Nacional de La Plata. Argentino nacido el 27 de febrero de 1984 en la ciudad de París, Francia. Hijo de exiliados en tiempos de la dictadura. Vive en Venezuela desde enero de 2013. Colabora con TeleSur, Resumen Latinoamericano,www.notasperiodismopopular.com.ar, Revista Anfibia, www.latabla.com, entre otros medios. Recoge gran parte de su trabajo en su blog personal: www.hastaelnocau.wordpress.com

Esta entrevista fue publicada originalmente otorgada al portal de Cristina Sada Salinas la cual se reproduce con su autorización. 

FUENTE: DESINFORMÉMONOS

ENLACE: http://bit.ly/2tR5YHk

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