Confirmación del desdoro | Jorge Lara Rivera

Mientras el embajador de México ante la OEA intenta desmentir acusaciones de conspiración contra Venezuela por nuestro país, la Secretaría de Relaciones Exteriores (de Luis Videgaray Caso) se ha pronunciado apoyando las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos a altos funcionarios del régimen de Nicolás Maduro relacionados con la convocatoria a la Asamblea Constituyente, de inminente realización. Consecuente, Vanessa Rubio Márquez, subsecretaria de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (entregada a José Antonio Meade Kuri-Breña, amigo del Canciller), declaró que ya se investiga el sistema bancario y financiero buscando alguna participación de aquéllos en el país para aplicarlas según permita nuestro marco legal. Tales hechos confirman la actitud inamistosa que denuncia la hermana República Bolivariana imputada a nuestro Presidente y el de Colombia, Enrique Peña Nieto y Manuel Santos, respectivamente, confabulados con Estados Unidos contra la soberanía venezolana. La añeja tradición diplomática mexicana, regida en tiempos de paz por los principios de “Autodeterminación de los pueblos” y la “No intervención”, reivindica, desde luego, el soberano derecho de México a mantener o retirar a sus representantes diplomáticos sin pronunciarse sobre la naturaleza de los conflictos internos de los países donde están destacados.

El complejo contexto internacional contemporáneo exige actualizar nuestra política exterior para su mayor margen de maniobra, así como confiabilidad de poder asumir un rol más dinámico y destacado en tanto actor del escenario mundial con propósitos geopolíticos –incluida participación de contingentes de nuestras fuerzas armadas encuadradas en las misiones de paz de la ONU. La “diplomacia” venezolana motejó de “cachorros del imperio” tanto a Vicente Fox como a Felipe Calderón –de la Internacional Democristiana (igual que la homófoba ‘observadora’ Pro-Vida, Laura Chinchilla)— que aglutina a la derecha en Iberoamérica; pero las relaciones bilaterales se normalizaron en la presente administración aunque no han faltado incidentes ni asperezas hasta el deterioro actual. (Tampoco ha de obviarse que Venezuela fue el primer país, no sólo latinoamericano, sino del mundo, en solidarizarse con México ante la insultante hostilidad mostrada por Donald Trump hacia nosotros desde la campaña electoral estadounidense y como gobierno: “Quien se mete con México, se mete con Venezuela” (N. Maduro, dixit). La eclosión del alejamiento fue la malograda anfitrionía del gobierno mexicano a la 47ª sesión plenaria de la OEA; primera realizada en nuestro país desde que ese organismo panamericano se fundó. Destinada por el gobierno a servir de marco a su declarado 5º eje –‘México, un actor con responsabilidad global’–, quedó mal parado ante las 33 naciones visitantes, crispada la atmósfera por el presunto espionaje a civiles con inadecuado uso al autorizado en la licencia del software ‘Pegasus’, denuncia –curioso– publicada coincidiendo con en esas fechas por The New York Times (propiedad del resentido magnate Carlos Slim Helú), antes que el bisoño canciller Luis Videgaray Caso encarara descalificaciones de Delcy Eloína Rodríguez Gómez, de la delegación venezolana, por su indisimulado injerencismo en dupla con Estados Unidos al proponer una resolución conjunta de condena al régimen de Nicolás Maduro; despojándole de cualquier autoridad moral para criticar, dado lo paradójico y contradictorio de predicar Democracia, Elecciones Libres y Respeto a las libertades humanas, teniendo pendientes sociales por aumento de violencia (cifras “preliminares” del INEGI reportan 117 mil muertes por homicidio en este sexenio), escándalos de corrupción, crímenes sin aclarar, comicios cuestionados y el presunto espionaje; tacharlo de pueril y reclamarle falta de garantías ante agresiones de disidentes venezolanos a quienes permitieron aproximársele. Sin recompensa se comprometió el decoro nacional en arriesgado acompañamiento a Estados Unidos, para establecer, sin consensar primero –cabildeando con los declarados y potenciales opositores el proyecto de resolución, ni admitir matizarlo por ellos– y forzar en el pleno su aprobación. El colmo: permitir a vociferantes disidentes venezolanos en la sesión (la aquiescencia de los anfitriones fue obvia).

Concluida la cita y no obstante lo poco rentable (dado nuevos desplantes de Mr. Trump y endurecimiento de sus negociadores del TLC), Luis Videgaray declaró que se mantendría “invariable” la posición mexicana respecto a Venezuela. Tal muestra de supeditación a dictados e intereses estadounidenses (el petróleo y el oro venezolanos), alcanza explicación –pero no se justifica– ante la renegociación del TLC y la subordinación de la economía nacional a la de la Unión Americana durante el neoliberalismo, presionando el alineamiento de nuestra diplomacia con Washington. La escalada estadounidense es innegable: al traspié en la OEA, arreció críticas a Maduro vía diplomáticos y su vasallo Almagro, secretario general de ésa. En preparación a lo que alista, ha autorizado la salida de los familiares de personal norteamericano de Venezuela e incluso la partida voluntaria de quienes trabajan en su Embajada. Independiente de la violencia desatada en ese país, la cual ha costado casi 120 muertes y la deprimida economía –petrolizada– donde la inflación alcanza niveles desastrosos, los opositores al gobierno de Maduro no representan la mayoría del pueblo como sesgadamente son presentados en medios. Cifras arrojadas por el plebiscito organizado por la oposición no le alcanzan para deslegitimar al gobierno; mientras que por otro lado evidencian, por su organización, el tamaño de financiamiento comprometido para ése, y con la calma, en términos generales (sólo hubo unos pocos incidentes aislados) que se realizó la existencia de otra versión de los hechos.

Festinan las sanciones económicas norteamericanas olvidados de su idéntica naturaleza injerencista a las aplicadas a Cuba, contra las cuales vota México y el mundo en la ONU. El viejo adagio aconseja “con la Patria como con los padres se está siempre, tengan o no razón”. A veces cuesta esfuerzo.

*Artículo publicado con la autorización del autor, colaborador del periódico Por Esto!; léase también en este medio

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista del Diario Arte y Cultura en Rebeldía; en este espacio, ejercemos la Libre Expresión

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