Rastros sin rostro | Jorge Lara Rivera

El galimatías de infamias que el caso Javier Duarte de Ochoa brinda a oportunistas como Miguel Ángel Yunes Linares, quien por estulticia de los veracruzanos ocupa el palacio de gobierno de esa entidad, les da ocasión para pretenderse impolutos aunque su propio rastro delincuencial –según lo referido por Manú Dorbierner en páginas del POR ESTO!– incluya peculado, pederastia, tortura, despojo y represión. Asimismo deja al descubierto aristas espinosas de la corrupción que a escala mayúscula corroe al país y permite entrever el dilatado imperio de la impunidad. 

Mientras la piñata de bribones es zangoloteada por otros peores o semejantes, en el tema, por ejemplo, de los despojos de tierras para especulación en Campeche que se atribuye al exmandatario veracruzano, reaparece el apellido Mouriño (ligado a los Terrazo, Antanes y Castelazo) que se vincula a una sórdida historia de enriquecimiento tan vertiginoso como inexplicable acaecida en el lapso de la llamada ‘Docena trágica’. Se trata –tal se ventiló en diversos medios– de la triangulación de 110 millones de pesos, constituyendo lavado de dinero y delincuencia organizada, para la cual se organizaron como socios, vía prestanombres, Duarte de Ochoa y Carlos Mouriño Antanes (papá de Juan Camilo Mouriño, favorito de Felipe Calderón Hinojosa). Valido de Inmobiliaria Cartujano –creada ex profeso y administrada por Moisés Mansur Cysneiros, cercano al exgobernador a quien vía testamento heredaría todos sus bienes– Duarte adquirió mediante falsificación de firmas de ejidatarios en una asamblea del comisariado, simulaba terrenos aledaños al exclusivo desarrollo inmobiliario Campeche Country Club, cuyo dueño es Mouriño Antanes, eventual socio suyo acorde con lo documentado por la PGR a partir del testimonio del abogado fiscalista Alfonso Ortega, operador de Duarte, quien se confesó partícipe de éste y otros negocios en que adquirióse numerosos bienes y propiedades y se transfirió capitales ilícitos a varias empresas. En 2011 habría propuesto invertir 10 millones comprando tierras en el ejido Lerma, donde se construiría el desarrollo inmobiliario.

Duarte ordenó a José Juan Janeiro, entonces a cargo de su ingeniería financiera, transferir la suma a Terra Urbanizaciones Desarrollos Inmobiliarios, domiciliada en Campeche y registrada a nombre del comisario ejidal Miguel Velázquez Nieva –prófugo– para organizar la asamblea que aprobó la venta de las parcelas 724Z4P1 y 753Z4P1 y luego las 650Z4P1 y 649Z4P1; todas en efectivo.

Los campesinos afectados por tal despojo denunciaron ese año ante la PGJ de Campeche la falsificación de firmas con que se nombró integrantes del Comisariado Ejidal a Alfonso Ortega López y Moisés Mansur Cysneiro, prestanombres de Carlos Mouriño.

La empresa Terra que era capitalizada por otras compañías de testaferros de Duarte y devolvía el dinero a éstas en operaciones simuladas de compra-venta de terrenos, recibió 110 millones por instrucciones del exmandatario hoy sujeto a proceso, dinero que fue depositado a la cuenta de Vázquez Nieva, quien lo transfirió a Inmobiliaria Cartujano, propiedad de Moisés Mansur, operada por su contador Juan Nava Soria.

Cabe recordar que la llegada de Juan Camilo Mouriño se dio precisamente de la mano del ascenso de Felipe Calderón, lo mismo en BanObras que en PEMEX, cuando encabezó la Secretaría de Energía, en el foxiato. A propósito, aunque ajeno ya a Acción Nacional sobre el cual se encaramó para usurpar con financiamiento extranjero la Presidencia de la República en el 2000, el hampón Vicente Fox Quesada no quiere perder ocasión de reclamar tajada en el reparto del botín que significa el cuantioso financiamiento público a los partidos políticos con motivo de la próxima campaña presidencial 2018. De ahí que por las interpósitas e impresentables personas de Ernesto Ruffo Appel, Juan Carlos Romero Hicks y Luis Ernesto Derbez Bautista, amenace con fragmentación interna al panismo con numerosos y enconados aspirantes.

Es pertinente mencionar que igual de incongruente que Maggy Sangrienta –Margarita Ester Zavala Gómez del Campo de Calderón– cuya ‘trayectoria’ pública y partidista es fruto de ‘dedazo’ y ‘palomeo’ cupulares ,así como nepotismo (diputada local y federal, aunque jamás ha ganado ninguna elección; ha sido directora jurídica del CEN, Secretaria Naciona de Promoción Política de la Mujer y desde 1991 Consejera Nacional del PAN, al cual hoy esta “demócrata” chantajea con abandonar si no la nombra su candidata presidencial; Gran Electora de esa franquicia política como cónyuge del genocida Felipe Calderón, tal reveló la charla entre Germán Martínez Cázares y Roberto Gil Zuarth, y quien en la Docena trágica promovió a su voraz parentela: hermanos Diego Hildebrando y Juan Zavala, sobrino Juan, así como Mariana Gómez del Campo y la tía Matilde Altagracia) Derbez carece de cualquier autoridad moral para pontificar sobre el Sistema Nacional Anticorrupción, involucrado como socio de Alejandro González Muñoz y Virgilio Rincón Salas, presidente y vocal del patronato de la Fundación Mary Street Jenkins a la cual (y a la Fundación Universidad de las Américas, –de la que es rector Derbez–, la Fundación Colegio Americano de Puebla, la Fundación Club Alpha de Puebla y el fisco federal) defraudaron 720 millones ¡de dólares!, caso bajo investigación de la PGR y Hacienda.

Aunque puede que tal la improvisación arbitraria y criminal en Seguridad Pública del delincuente electoral Felipe Calderón –esposo de Maggy Sangrienta– probada por el IFE tras violar reiteradamente la Constitución y las leyes electorales con su injerencismo en 2 comicios (salvo por el repudio social que la propia Zavala Gómez del Campo cosechó en la pasada FIL Guadalajara de uno de los miles de huérfanos de los ‘daños colaterales’ causados por su marido) quede sin sanción. Rastros sin rostro, rostros con nombre, nombres del crimen, crímenes impunes.

*Artículo publicado con la autorización del autor, colaborador del periódico Por Esto!; léase también en este medio

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista del Diario Arte y Cultura en Rebeldía; en este espacio, ejercemos la Libre Expresión

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