Las divas de México al desnudo | Ariel Avilés Marín

Hace muchos años, Pepe Gordillo, pintor mexicano discípulo de Siqueiros, presentó una exposición de pinturas a las que puso el título común de “Tal como Somos”, y en ellas, jugaba a mostrar el alma y no el físico de los personajes retratados. El resultado fue maravilloso, y la exposición alcanzó un éxito sin precedentes. Ahora, muchos años después, en nuestra ciudad, el dramaturgo Fernando Muñoz nos obsequia con una comedia de humor fuerte, en algunos instantes, hasta procaz, mas no ofensiva. La “Minihisteria”, como la llama Fernando, resulta deliciosa ,y el numeroso público que se dio cita a la primera presentación en el Teatro-Casa Tanicho ha salido con las mandíbulas adoloridas de tanto reír –y reír con ganas–, pues la afortunada comedia arrancó risas a lo largo de toda la humorística e ingeniosa trama, durante la cual van desfilando las figuras femeninas que fueron el alma y símbolo del movimiento nacionalista en sus más diversos órdenes.

Después de consumada la independencia nacional, el siglo XIX transcurre en una sucesiva convulsión de luchas armadas; el porfiriato viene a poner un paréntesis de paz, pero al nacer el siglo XX, la Revolución Social Mexicana vuelve a tomar el hilo agitado y convulsivo. Terminada la lucha armada, se empieza a forjar lo que ha de llegar a ser la “identidad nacional”; el arte, en todas sus formas, contribuye profundamente a ello. Azuela o Guzmán, en la narrativa; Orozco o Diego, en la plástica; Chávez, Revueltas y Moncayo, en la música; Urueta o “El Indio” Fernández, en el cine, todos y cada uno de ellos pusieron una pieza en el majestuoso rompecabezas del México contemporáneo. En este panorama, un grupo de mujeres llegó, cada una al ámbito de su acción, para poner su parte en la elaboración del panorama del México del siglo XX. De ahí toma Fernando Muñoz a sus divas y urde con ellas una ingeniosa y genial trama para reírse de todos, de todas, y regalarnos con una obra que todos debemos ver: “El hastío es pavo real que se aburre de sol por la tarde”, pero en la pieza de Fernando no hay cabida para el aburrimiento; es una cascada de situaciones, chuscas las unas, desternillantes las otras y hasta grotescas algunas.

El Pavo Real narrador, Alicia Lizarraga; Pita Amor, Fernando de Regil; Andrea Palma, Gabriel Arroyo; Rosario Castellanos, Carlos Caballero; Frida Kahlo, Raúl Uranga; Tina Modotti, Luis Osés; María Conesa, Carlos Caballero; María Félix, Alberto Torres; Sara García, Raúl Uranga; el Arcángel Miguel, Gabriel Arroyo, y Luzbel, Alberto Torres, concurrentes todos en un limbo que, genialmente, sitúa el autor bajo la estatua de El Caballito, a las puertas del Museo Nacional de Arte, en la calle de Tacuba, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México. Interactúan en una verdadera sinfonía concertante de la cultura mexicana del siglo XX. Como cada una de ellas es, o se considera, única e insustituible, es totalmente lógico y hasta natural que surja entre ellas una serie de enfrentamientos que transcurren entre la más delicada pero falsa cordialidad, hasta las ofensas más hirientes, profundas y sangrientas.

Estas llegan a momentos cumbres, como cuando Andrea, ofendida, le dice a Pita: “Sucia filicida”; las otras, las hilarantes, navegan en la graciosa alusión, como cuando Pita llama a Frida: “Mi trenzuda nahuatlaca”, o bien cuando Tina dice: “Como dijera la camarada Pita”, a lo que Pita, abriendo desmesuradamente los ojos y llevando la mano al pecho responde: “¡¿Camarada, yo?!!!!”. Sin ambages de ninguna clase, unas a las otras se sacan los trapos sucios a la luz. “De veras que estás jodida mi chulés, alrededor de tu cama, puros jotos y manfloras”, le dice Pita a Frida; a Sara, Tina le llama con sorna: “Anuncciatori di chocolate abuelita”, o le dice a María Conesa: “Cantante porno del porfiriato”; Pita y Tina gozan burlándose de María Félix, por como aparece vestida: “Pareces guajolotita desplumada”. La gracia hilarante corre como agua cristalina por toda la trama y mantiene al respetable en una risa continua y saludable.

Hay momentos de la representación que evidencian qué tan cautivo está el público, como cuando Pita canta “Los Amores de Ana” y la concurrencia, espontáneamente, canta con ella; o cuando Tina canta con tono operístico “Eres Bello”, de Alejandra Guzmán, y estalla la ovación. Hay escenas genialmente logradas, como el cálido baile de Charito Castellanos y Andrea Palma, para hacer mutis, en el que la intervención de la hirviente plancha en las manos de Charito arranca la carcajada del multicéfalo.

El Pavo Real es una obra de personajes femeninos, representados por hombres, pero no es una obra travesti, no; los actores están elegantemente vestidos de esmoquin y llevan algún atributo que permite poner el rasgo de la diva a la que representan, lo cual pone una nota extra de gracia a la representación.

Pita, es la columna vertebral de la acción y la caracterización que de ella hace el gran actor Fernando de Regil no deja lugar a duda de que hoy es uno de los mejores actores de Yucatán. Alberto Torres nos llena del espíritu de “La Doña” con su precisa caracterización en actitudes, poses y modales. Raúl Uranga nos regala con una Frida precisa, como era en carne y hueso, insegura, medrosa; y como Sara García nos presenta a la Sara mandona y fuerte, la de “Los Tres García”, hasta le vimos, imaginariamente, el habano en la mano. Andrea Palma es de suyo parsimoniosa y distante, soberbia, cosa que Gabriel Arroyo nos transmitió con fuerza. Carlos Caballero pone en la fría Charito Castellanos un toque de gracia que le sienta de maravilla; y como María Conesa, desparrama la gracia y salero que selló la imagen de “La Gatita Blanca”. Luis Osés, con su gracioso manejo del italiano, nos pone en suerte a la Tinísima, la que nos retrató Elena Poniatowzka, y su hermosa voz de tenor pone un punto de “bel canto” a la puesta. Sin lugar a duda, el Pavo Real es el hilo que hilvana el complicado rompecabezas de la trama; Alicia Lizarraga se mostró precisa y oportuna en sus intervenciones para lograr esta coherencia. La mano de Frenando Muñoz se deja sentir en la certera dirección que logra tan buena puesta. Un gran aplauso de pie para todo el grupo.

Mención aparte nos merece el precioso documental histórico que ilustra y sirve de fondo a la obra. Sus aportaciones históricas en imagen, ambiente, y hasta karaoke, ponen un insustituible elemento para el buen logro de la puesta.

También gran aplauso y un fuerte bravo para Alejandra Said por su soberbio trabajo en él. La iluminación pone los ambientes necesarios según la tesitura de las escenas; no podemos dar el crédito a su autor por no tener la información, pero se lleva también un gran aplauso.

El esfuerzo que Teatro-Casa Tanicho lleva a cabo por la cultura de nuestra ciudad es un ejemplo meritorio que deberían seguir quienes tienen la obligación y responsabilidad de impulsar estas acciones que caen en la esfera de sus encomiendas; poner al alcance de los más diversos grupos este espacio, es un indiscutible mérito y una labor encomiable.

Si usted quiere pasar una agradable noche de risa vaya a ver “El Pavo Real”, no se arrepentirá, se lo aseguro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s