La victoria del 5 de Mayo persiste en la memoria | Jorge Lara Rivera

“El 5 de Mayo/ nos preste su Sol/…” reza el Himno Patriótico Yucateco que celebra la gesta que hace 155 años enseñó una lección de patriotismo al mundo. “Ellos son los primeros soldados del mundo, pero ustedes son los primeros hijos de México, y nos quieren arrebatar nuestra Patria… Leo en sus frentes la gloria de la victoria”, dijo esa mañana de 1862 arengando a sus tropas el hijo de Bahía del Espíritu Santo, Texas –cuando ese solar mexicano no era aún territorio ocupado–, el Gral. Ignacio Zaragoza, a la hora buena de poner cara a la invasión de las fuerzas francesas (y de algunas británicas y de Argelia) que se contaban en 5 mil.

Perdido el millar de soldados veteranos de la Guerra de Reforma, flor y crema del Batallón Oaxaca por la explosión de un polvorín –acaso sabotaje de los conservadores–, México sólo podía oponer los 2 mil restantes del Ejército de Oriente y otros 2 mil combatientes provenientes del patriotismo y la leva, entre ellos los nahuas de los pueblos de Tetela de Ocampo, Xochiapulca, Zacapoaxtla, Cuetzalan y la Sierra del Norte de Puebla, “el batallón de los soldados sin nombre y sin miedo” (Carlos Fuentes, dixit) con los que se integró el 6º Batallón de la Guardia Nacional del Estado de Puebla. Al caer el Sol además del decoro trocado en desdoro por la infamia de su palabra rota, Francia había perdido mil hombres y México 400. Napoleón debe haber recordado con amargura las palabras de nuestro Embajador al retirarse de Francia: “Os advierto que no debéis luchar contra mi Patria, porque mi Patria es invencible”. La memoria del conservador Miguel Negrete Novoa quien puso su espada al servicio de la defensa nacional (“yo tengo Patria antes que partido”) y la del denuedo de Porfirio Díaz entrarían también y para siempre en la historia en esa fecha gloriosa en la cual igual que ocurriría muchas veces y varios años después en Veracruz, Pueblo y Ejército del Pueblo combatirían juntos, codo a codo, a nuestros enemigos.

Don Ignacio Zaragoza reportaría escueto y ecuánime desde la altura del triunfo al Presidente Juárez: “Los soldados franceses se han batido con bizarría, las armas mexicanas se han cubierto de gloria”. La trascendencia social de tan contundente hazaña para la forja de la identidad nacional con autoconfianza (crucial contra el trauma de la mutilación por la guerra ‘gringa’ de 1846-1848) y para la voluntad mexicana de ser en la Independencia y en la Libertad que todavía constituyen nuestra constelación de la esperanza está fuera de duda. Pero la resonancia internacional y el alcance geopolítico de la Batalla de Puebla –como se la conoce popularmente– apenas empieza a aquilatarse, más de siglo y medio después. La arrogancia de los galos iba a exigir luego 29 mil soldados para su felonía imperial en América y no serían dueños más que del terreno que pisaban, una sangría que a la postre iba a costarle a Francia (tan cercana a los estados sureños esclavistas de la Unión Americana) su sitio como potencia continental en Europa ante Alemania.

No es casual que Estados Unidos también lo celebre oficialmente (la suerte de su Guerra de Secesión pudo decidirse de otro modo si el resultado nos hubiera sido adverso) y su dimensión se refleja por recibir allí el nombre de ‘Día de la Hispanidad’ esa raza mestiza a la cual por ignorancia Donald Trump insulta. Más allá de la pura formalidad de aquel “Viva México” de Obama quien en retirada ya del poder, en realidad no contribuyó gran cosa a paliar la suerte de nuestros migrantes indocumentados en Estados Unidos, sino lo contrario (en sentido estricto sus 2 gobiernos ostentan el récord de la mayor cantidad de deportaciones padecidas por nuestros paisanos), y de la ordinariez mercantil de míster Trump (con todo y los sabrosos tacos de su Torre), es el péndulo de la Historia oscilando hacia el extremo reaccionario, conservador (cuya filial en México pretende sin fundamento escamotear méritos al General Zaragoza –culpándolo por enfermar de tifoidea y morir– para enaltecer a Díaz), segregacionista, pendenciero y retardatario en el mundo, lo que nos recuerda la actualidad del heroísmo en América y qué significa la unidad nacional para México en horas de prueba.

*Artículo publicado con la autorización del autor, colaborador del periódico Por Esto!; léase también en este medio

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista del Diario Arte y Cultura en Rebeldía; en este espacio, ejercemos la Libre Expresión

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