Danza, el lenguaje del cuerpo que interpreta, transmite y seduce

En México, el arte dancístico ha tenido grandes exponentes tanto en el ámbito clásico como en el moderno, donde destacan figuras de la talla de José Limón y Guillermina Bravo, por mencionar solo algunos. Fue en la década de 1980 que la modernidad o más bien la posmodernidad, llegó a la danza mexicana, con el movimiento denominado danza contemporánea independiente.

Ciudad de México.- En 1982 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró el 29 de abril como el Día Internacional de la Danza; en la actualidad se celebra en más de 150 países y México se suma a la celebración con diversas actividades, entre festivales, presentaciones gratuitas, coloquios y homenajes.

Cada año se emite un mensaje internacional para celebrar el arte en movimiento, en esta ocasión se realizó un texto integrado con testimonios de Trisha Brown (1936-1917), bailarina y coreógrafa estadounidense, cofundadora del Judson Dance Theater y del movimiento de danza postmoderna, quien murió el pasado 18 de marzo.

“Me convertí en bailarina por mi deseo de volar. Trascender la gravedad siempre me motivó. No hay ningún significado secreto en mis piezas. Son un ejercicio de espiritualidad que adopta una forma física. La danza transmite y expande el lenguaje universal de la comunicación, dando lugar al nacimiento de la alegría y de la belleza, y al progreso del conocimiento humano”, señala el texto.

“La danza es la capacidad de crear una y otra vez, en el pensamiento, en el proceder, en el quehacer y en la interpretación. Nuestros cuerpos son una herramienta para la expresión y no un medio para la representación. Este concepto libera nuestra creatividad, que es la lección fundamental y el don de la creación artística”, continúa el mensaje.

Finalmente, destaca que “la vida de un artista no concluye con la edad, como sostienen algunos críticos. La danza está hecha de gente, de gente y de ideas. El público puede llevarse a casa el impulso creativo y ponerlo en práctica en su vida diaria”.

En México, el arte dancístico ha tenido grandes exponentes tanto en el ámbito clásico como en el moderno, donde destacan figuras de la talla de José Limón y Guillermina Bravo, por mencionar solo algunos. Fue en la década de 1980 que la modernidad o más bien la posmodernidad, llegó a la danza mexicana, con el movimiento denominado danza contemporánea independiente.

En su libro “Cuerpos en vilo”, publicado en la colección de Periodismo Cultural de la Secretaría de Cultura, Carlos Ocampo analiza este fenómeno que dio un giro a la fábrica dancística nacional, a través de la creación colectiva en agrupaciones como Antares, Contradanza, Barro Rojo, Teatro del Cuerpo, Tándem, U, X. Onodanza, Púrpura, El Cuerpo Mutable o Contempodanza, algunas de las cuales aún están activas.

Estas agrupaciones revaloraron el clásico pero pugnaron por un nuevo virtuosismo en el que todo lo aprendido se confundiera en una vía inmediata para formar la corporalidad, donde los cuerpos se asumieron como entidades atravesadas por la historia.

FUENTE: NOTIMEX

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