El Museo Nacional de la Marioneta, un valioso patrimonio nacional | Ariel Avilés Marín

El títere, un mundo de ilusión y fantasía, un mundo creado por los artistas, pero que nos dice cosas profundas de la realidad que nos rodea; el títere, acicate en la mente de los niños que enriquece su imaginación y, más profundamente, su creatividad. En la historia de México, desde la Conquista y el Virreinato, el títere ha acompañado con su presencia los sucesos de mayor trascendencia de ella, ha retratado tradiciones populares, fiestas, costumbres y todo aquello que incide en la entraña popular mexicana. A lo largo de la historia del títere en México hay nombres que están profundamente grabados en ella y que han dejado creaciones que han trascendido en el tiempo y el espacio, familias enteras que han escrito páginas brillantes en el campo de este arte maravilloso; así, es indispensable mencionar a la familia Rosette Aranda, los hermanos Cueto, Roberto Lago, Don Tito Díaz “Don Guiñol”, Patricia Ostos y, desde luego, el continuador de la labor de los Rosette Aranda, Carlos Vallejo Espinal; y aquí en el terruño, la inolvidable carpa ambulante de los “Títeres Urenda” y el genio creativo de un señor de los títeres, Wilberth Herrera.

La ciudad de Puebla, la de los ángeles, tiene una amplia variedad de museos para ofrecer al visitante, tantos que no alcanza el tiempo en una visita para conocerlos todos. Entre los más importantes y destacados podemos anotar el Museo Internacional del Barroco, el Museo del Automóvil, el Museo de los Ferrocarriles, el de Arte Religioso del Ex Convento de Santa Mónica y muchos más. Un lugar de honor en este universo de la cultura poblana lo ocupa, sin duda ninguna, el Museo Casa del Títere Marionetas Mexicanas.

Este importante acervo cultural está eficientemente resguardado en las antiguas instalaciones de una industria textil de gran tradición de la ciudad, el antiguo telar “La Constancia”, sobrio y vetusto edificio que albergó una importante industria de telares en el primer tercio del S. XIX. La Constancia funcionó ininterrumpidamente de 1835 a 1991, cuando cerró definitivamente sus puertas. El edificio fue expropiado por el gobierno del estado en 2001, se proyectó construir ahí el Centro Nacional de las Artes. Fue necesario un amplio plan de rescate, pues el viejo edificio tenía serios daños estructurales. Hoy, ya rescatado, luce espléndidamente y alberga a tres importantes museos: El de la Música, el Museo Infantil y el de la Marioneta.

En nuestra visita al lugar nos atendió con gran gentileza y diligencia su directora, la Mtra. Sara Laura Coria y Solares, nos enseñó el gran acervo de títeres, guiñoles y otros diversos tipos de marionetas que forman la importante colección, así como el rico archivo de filmes que muestran importante información sobre el funcionamiento de los grupos de titiriteros, la forma como se trasladaban los grupos y mucha información que ilustra la dimensión de este arte de profunda tradición en nuestra patria. Con gran entusiasmo Sara Laura nos informa: “Mire usted, ¡qué valiosos testimonios! La forma como las compañías completas se trasladaban en trenes por todo el territorio nacional; cómo se elaboraban los títeres, su vestuario, en fin esto nos da una idea de la actividad de los diferentes grupos desde adentro de su vida, en lo cotidiano”, señala emocionada.

El paso por la vitrinas del museo es toda una rica experiencia; en cada vuelta por los pasillos uno se va topando con las cosas más increíbles: Escenas históricas de gran importancia, como el encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma; escenas del folclore nacional, como la Danza de los Viejitos, de Michoacán, con los bellos títeres ataviados con todo detalle; una escena del ballet El Lago de los Cisnes, con los títeres luciendo vestuario y posiciones de una fidelidad asombrosa; los cuentos infantiles tradicionales de Perrolt o los hermanos Grimm tienen lugar de honor en las vitrinas; los unos con marionetas de hilos, tradicionales, los otros con hermosos y coloridos guiñoles.

Además, debajo de cada vitrina, una pantalla proyecta la información relativa de lo que se exhibe ahí, para que los visitantes tengan una idea clara de lo que ahí se representa.

Por si todo esto fuera poco, hay además una extensa colección de títeres de distintas épocas y técnicas de funcionamiento; en los pasillos encontramos hermosas muestras de los títeres accionados con hilos de los Rosette Aranda; articulados, algunos con las bocas movibles, para poder darles voz; a la par de la colección Rosette Aranda, viene la del continuador de ésta, las creaciones de Carlos Vallejo Espinal, que están al nivel de los de sus antecesores; los guiñoles de los hermanos Cueto, de Roberto Lago, de Angelina Belov y hasta de Frida Kahlo, enriquecen las vitrinas del maravilloso museo. Hay también una hermosa muestra de coloridos y bellos títeres orientales, accionados con delgadas varillas de madera; así como una hermosa muestra del teatro oriental de siluetas.

El acervo de este Museo Casa del Títere Marionetas Mexicanas, es un inconmensurable acervo de la cultura mexicana de varios siglos, que debe ser promovido como un patrimonio de nuestro México que refleja la vida y las costumbres de nuestro pueblo, que informa de sucesos en la vida e historia de la patria y que, muestra la creatividad de importantes artistas mexicanos de todos los tiempos.

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